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Hace una semana —mientras estaba en una boda—, los rumores lo habían enviado al hospital víctima de un atentado con guardaespaldas muerto y futuro incierto. ¿No oyes ladrar los perros? le habría dicho el mismísimo Ignacio, personaje del cuento de Juan Rulfo así titulado. Los ladridos anunciaban la cercanía de un pueblo y por consecuencia la salvación de un moribundo.
—¿Pero estos perros a quién le ladran?
Como contraste de la irrealidad de los rumores y la estampida de los “borregos”, la mañana del viernes fue toda completa para Enrique Peña Nieto en su Tercer Informe de Gobierno, rendido ante el Congreso estatal y con el testimonio no sólo de la “clase política” sino de aquello denominado en las crónicas de sociales de hace muchos años, el “tout mexique”.
Gobernadores, deportistas, personajes populares, medallistas olímpicos, advenedizos y pícaros de toda laya; “sacaplanas”, “acridios”, cronistas de menguada inspiración y menor vocabulario; políticos en declive y meritorios en ascenso; fotógrafos de a peseta; señoritas de escote desbordado y menguada pantorrilla; guaruras con negra página pasada por agua; cadetes del Colegio Militar, motociclistas por la carretera; concesionarios y artistas de paleta pálida y en general todo quien en este país signifique o quiera significar algo (de JC Mouriño, Angélica Rivera, Beatriz Paredes; los “conagos”; Diego Fernández de Cevallos, Marcelo Ebrard a Tatiana Ortiz) estaba ahí, en una ciudad de Toluca barrida por el fresco viento del mediodía. Teatro Morelos, Congreso del Estado…
Todos miraban a Peña, menos uno: Manlio Fabio Beltrones. El no veía, escrutaba.
“La desigualdad —decía Peña—, es un riesgo latente para la gobernabilidad y la estabilidad social… es el enemigo a vencer, porque mientras perduren las causas que la producen se limitan las posibilidades para que los mexiquenses trasciendan…
“…Hoy la nación vive un momento peligroso por la inseguridad y la violencia que amenazan la tranquilidad de los mexicanos, sin distinción de origen o posición social… es reprobable que este clima de temor, sea utilizado para promover intereses personales, minar las instituciones o fomentar el odio entre los mexicanos… Tampoco es ocasión para señalar culpables, cuando a lo que estamos llamados, es a lograr una mayor coordinación entre los Poderes y órdenes de gobierno”.
Reparto de sacos, y a quien le venga la prenda, santo y bueno… Voy derecho y no me quito.
Pero además del tiempo de las exhibiciones y las definiciones; de la convocatoria atendida, de la carroza de los invitados de todos los colores y tendencias; la carreta alegórica de paja de la popularidad extrema, era necesario expresar algo en torno de aquello por lo cual a Enrique Peña lo enferman, atacan, mandan al hospital y muerden con los colmillos implacables de la rumorología (alimentada desde fuera y desde dentro del sistema; del PRI; del PAN): el futuro cercano, pues ya en el tercer año, todo lo demás viene de bajada, el punto cenital ya fue alcanzado y contra el dicho de John Lennon cuando terminó la grabación del Sargento Pimienta —después de la cumbre ya no hay nada—, siempre queda subir otra cumbre, de preferencia más alta.
“Que quede claro: aquí no hay espacio para las distracciones o especulaciones futuristas; tenemos clara nuestra misión con los mexiquenses y a ella dedicamos toda nuestra responsabilidad”. Allá queda el Monte de las Cruces, acá el Nevado de Toluca, por allá el Popocatépetl, conozca usted a la orografía del altiplano…
Peña organizó un informe similar a aquellos de antaño con amplio despliegue, vallas, banderitas, señoras con niños prestos a recibir la palmada en la mejilla de mano del hombre del momento; dispuestos a ser por un instante hijos predilectos, tocados por la benefactora mirada del Señor Gobernador…
Con participación de los partidos representados en el Congreso y sus oradores y con invitados y anuncios por televisión. ¿Rendición de cuentas? Sí, un poco. Pero esa es a fin de cuentas materia de auditores. No, en este caso, apogeo de la política. Fundamentalmente definición de estrategias, señalización del momento político, evaluación unilateral, exposición, definición. Arsenal de conceptos, casamata de ideas.
Líneas generales de pensamiento y expectativa, apuntes para un ideario, como por ejemplo: se concibe la responsabilidad social del Estado “como la obligación de procurar el bienestar de las personas, con la misma intensidad y compromiso con los que impulsa el desarrollo económico”, en un modelo de desarrollo compartido “en el que nadie quede fuera y en el que nadie se quede atrás”.
—“No podemos caer en la posición simplista de que el Estado sólo tiene un papel supletorio y que las fuerzas del libre mercado resolverán todo, como tampoco es aceptable caer en las fórmulas populistas que sólo posponen las soluciones de fondo a los problemas y desequilibrios sociales”.
—Son esos detalles y definiciones propios de un informe o son contenidos programáticos para ocasión posterior. Quizá ambas cosas, pero Peña expuso no sólo resultados de un ejercicio de gobierno —compromisos cumplidos, caminos, escuelas, hospitales, infraestructura hidráulica; las cosas de la vida, pues—, sino también definiciones con alcance mayor.
Ahora más fuerte ladrarán los perros…
“Primero se tiene que acabar con el gobierno de Calderón, luego tiene que surgir un gobierno interino, si es después de diciembre va a durar cuatro años, si hubiera sido antes duraría 18 meses y este gobierno puede dividirse en jefatura de Estado y de gobierno, eso es lo que estoy proponiendo.
“Yo te pido que reacciones conforme a mis ideas, porque hay un movimiento social indiscutible”: Porfirio Muñoz Ledo. (Entrevista, jueves 21 de agosto).
“De lo que estoy hablando es de una solución constitucional al drama del país, que es inmenso; es un gobierno de dudosa legitimidad, por decir lo menos, absolutamente incompetente. Que quede claro: no estoy proponiendo un derrocamiento, estoy pidiendo que México se comporte como cualquier democracia moderna, nada más”: Porfirio Muñoz Ledo (Entrevista, jueves 4 de septiembre).
Oscilante entre la bravata golpista y el apego a una inexistente legalidad de formas jurídicas aún no resueltas en la legislación mexicana, Porfirio Muñoz Ledo nuevamente enciende las ramas secas en la árida pradera de la política mexicana siempre en peligro de arder con la primera chispa.
—¿De veras cree Porfirio en estas sus palabras? No me lo parece.
Esta cuestión de impulsar la democracia directa en estos momentos; el plebiscito, la consulta para remover al Presidente y todos sus demás encantamientos verbales en torno de su vehemente obsesión por la Reforma del Estado, son entre otras cosas sus credenciales para escaparse de la cesantía política.
Hoy cuando se comienza a agotar la reivindicación petrolera como causa perfecta e irrefutable de oposición política al gobierno por la inclusión de una reforma propuesta por los mismos del inmovilismo nacionalista; es decir, la implícita decisión de jugar en los terrenos institucionales del Congreso y abandonar la barricada al menos temporalmente, hacen falta nuevos argumentos, nuevas causas a las cuales adherirse y esta propuesta (de consecuencia anticipada) para lograr la revocación de los poderes mediante un referéndum, es suculento bocado para los cardenales de la legitimidad irreal.
¿Tiene en verdad fuerza el movimiento “lopista-porfirista” para lograr en los actuales momentos una modificación constitucional en este sentido? Obviamente no. Tiene antecedentes de remoción de gobiernos estatales, pero eso se logró con la complacencia y la conveniencia del sistema mismo. Eran los tiempos de la simulación democrática del salinismo y convenía un perfecto prestidigitador. Ahora eso es impensable.
“Cabe recordar —ha dicho PML—, aquel 1991 antecedente de la alianza entre los partidos de oposición en 1997 cuando logramos que cayera el primer gobernador impuesto desde el poder presidencial… todavía no estábamos democratizando al país, pero sí probando que era posible frenar juntos los excesos del autoritarismo… algo semejante ocurrió con otras elecciones locales en tiempos del salinismo, con la participación del ingeniero Cárdenas en Michoacán: del doctor Nava en San Luis Potosí y la movilización en Tabasco con Andrés Manuel López Obrador…”
Porfirio vio en estos días recientes, con la ausencia presidencial de San Lázaro, la culminación de uno de sus esfuerzos mayores: derribar la ceremonia del Informe Presidencial (cambiar el formato, predicaba). Paradójicamente quiso disminuir la figura del Ejecutivo y no hizo sino dotarlo de un grado mayor en el camino de la autarquía.
Ya no queda ni siquiera el recurso de la interpelación. El Gran Solitario se ha escondido tras las almenas de Los Pinos y el Congreso se ha quedado hablando solo, cuando habla...
—¿Vamos a hablar, Porfirio, de Ortiz Rubio? ¡Cuidado! Quien habla de este ex presidente —también michoacano—, defenestrado por Calles, también habla, si sabe la historia entera, de Daniel Flores González.
No está el horno para bollos.
racarsa@hotmail.com
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