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Si no te agrado, mira mi vice

Luciano Pascoe Rippey | Opinión
Domingo 7 de Sep., 2008 | Hora de creación: 00:00| Ultima modificación: 22:34

El viernes fue el primer día de campaña formal para la presidencia de los Estados Unidos. Ya con candidatos legalmente electos y con sus correspondientes fórmulas a la vicepresidencia, el proceso para sustituir a George Bush tomará muchos giros y dará noticias antes de llegar a la jornada electoral de noviembre.
Barack Obama ha demostrado que puede conmover conciencias, ha demostrado que la forma de hacer política en el Partido Demócrata y probablemente en todo Washington puede cambiar y él la ha cambiado.
Hoy, contra todo pronóstico, no ganó la nominación la candidata natural, la mujer que tenía probada capacidad entre la clase política de ese país. Por el contrario, ganó el diferente, con un nombre curioso, con una imagen distinta. Esta será una elección como ninguna otra en los Estados Unidos. Su respeto a la diferencia y su reconocimiento pleno de los otros estará más que nunca a prueba.
La selección de Obama llevó a McCain, un conservador poco tradicional, pero conservador al fin, a tener que tomar un gran riesgo en su fórmula a la vicepresidencia. Y así eligió a la controversial, atractiva y emotiva Sarah Palin, gobernadora de Alaska, de formación ultraconservadora, pero fuera de esa clase política que hoy no parece ser la primera opción electoral en su país.
La realidad es que si Obama no fuese el candidato demócrata, Palin nunca hubiese sido seleccionada por McCain, pero los tiempos cambian y los conservadores tuvieron que tomar algunos riesgos en busca de lo que parece estar lejos: mantener la Casa Blanca.
Barack, por su parte, nombró a Joseph Biden como su vicepresidente. Un hombre mayor, con una formación política liberal y que refrendará lo más entusiasta de las propuestas de Obama y no lo dejará moverse al centro fácilmente.
Si Hillary Clinton hubiese sido la fórmula, los demócratas habrían garantizado su victoria, pero es imposible pensar que esos dos puedan gobernar juntos, su rivalidad sólo se matiza por su disciplina partidista, pero Clinton ya lo dijo: “todo con Obama, pero aquí sigo” y estará preparada en cuatro años si el proyecto Obama se desploma.
Lo interesante es que ambos candidatos seleccionaron a complementos socioculturales, pero al mismo tiempo, a personas que programática e ideológicamente están más radicalizados que ellos. Ambos están tratando de lograr el doble arrastre que se necesita de una vicepresidencia: un mensaje de reconocimiento a todos los que tienen diferencias socioculturales con el candidato a la presidencia y un mensaje de convicción política a sus votantes duros.
Palin es una mujer joven, nueva y diferente. Representa a un sector que había estado olvidado hasta que apareció Hillary, la estadunidense promedio que lucha por su supervivencia y que no se siente apelada en los procesos políticos. Palin también es integrante de la NRA (Asociación de Rifles de EU), organización de ultraderecha que promueve el uso y negocio de las armas de fuego. Es también una rabiosa antiabortista y tiene, para cualquier efecto, la mejor arma discursiva: madre de un bebé con síndrome de Down y que ella se negó a abortar.
Frente a McCain, Palin atrae a sectores distintos a los que verían en el septuagenario candidato una opción y da tranquilidad a la ultraderecha con sus posturas irreductibles, pero sobre todo no es parte de la clase política de Washington, lo cual le permite —increíblemente— golpear al gobierno actual.
Biden, por su parte, apela a un sector de clases medias, que socialmente necesitaban sentirse parte de la candidatura, pero no lo habían logrado y que, en el fondo, tienen preocupaciones sobre un candidato afro-americano. Biden representa la posibilidad de darle solidez y consistencia a la intensidad carismática de Obama. Biden estabiliza la imagen, aplaca las ansiedades, y equilibra una fórmula que sería —consideran algunos— demasiado radical para los estadunidenses promedio.
Pero además, Biden es un liberal convencido, más radical en algunas cosas que el propio Obama y que da tranquilidad al electorado que confió en la vehemencia de cambio que el candidato demócrata promueve. Biden es visto como una pequeña garantía para esa gente de que no se volverá un pragmático absoluto.
Así pues, lo que se desprende de estas nominaciones es que lo que buscan ambos partidos es equilibrar su imagen y atar su voto ideológico con fuerza. La apuesta de Barack y de McCain es que, si ellos no terminan de convencer al electorado, sus vicepresidencias, sí.
Y ambas fórmulas tiene una aire, mínimo pero real, de cambio.

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