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La Serie Mundial atrajo la atención de particular manera por la presencia de los Yankees de Nueva York. Si usted no es gran aficionado al béisbol y menos a los deportes americanos, le diría que los Yankees son como el América pero en grandote. Admirados, amados a rabiar, pero también odiados a fondo. Ser Yankee no admite puntos intermedios, se es o no se es, y George Steinbrenner se ha encargado de que su equipo no sólo sea la franquicia más ganadora del béisbol en los Estados Unidos, sino de todo el deporte en el país. Claro que muchos millones de dólares le ha costado.
En los cuatro primeros días de la Serie Mundial, los ratings de televisión en este país, subieron de manera escalofriante, es más, el cambio de calendario, obligado por la forma en que dejaba la gente de ver la TV el fin de semana, quedará en el olvido, pues con todo y el famoso Halloween, la audiencia alcanzó niveles históricos para ver, por un lado a los Bombarderos del Bronx que regresaban al Clásico de Otoño por vez primera desde que cayeron ante los Marlines de Florida en la búsqueda de su título 27 de las mayores y por otra, en extraña combinación, al campeón defensor, el primer equipo en la Liga Nacional en lograr dos títulos espalda con espalda.
Encima de todo, el cuarto juego fue una belleza. Para los que aman el pitcheo y para los que nos gustan los batazos. Y las genialidades.
Ese robo doble de la segunda y la tercera por parte de Johnny Damon va a pasar a la historia, sobretodo por haber sido a medio Clásico y con los Yankees rompiendo el empate y peleando con sobriedad por dominar un partido en el que Chase Utley volvió a conectarle un cuadrangular al pitcher de los 161 millones de dólares, el estelar CC Sabathia.
Ya para estas alturas de la Serie Mundial lo que menos podría importar era el ganador, porque tanto los Filis como los Yankees añadieron un capítulo más a la seria rivalidad que existe entre los estados de Nueva York y Pensylvania, y que por cierto, como si el Clásico de Otoño no hubiera sido suficiente, todavía el domingo, allá mismo en Filadelfia, las Águilas le dieron una paliza a los Gigantes de Nueva York dentro de ese impresionante complejo deportivo que en unas cuantas manzanas agrupa el Lincoln Financial Field, que es donde juega el equipo de la NFL, el Citizens Bank Park, que es la casa de los Filis, el Spectrum para conciertos y el Wachovia Center donde se juega basquetbol de la NBA, con, algo así como 15 mil lugares de estacionamiento, como para que nadie se queje.
Y como siempre sucede, uno se pregunta como para cuando el deporte mexicano podrá evolucionar de esta manera, realmente pasar a ser deporte profesional, con un nivel de organización envidiable, tan envidiable como saber que hasta en cuestiones de prensa las cosas son más simples, y mire que ya le daba cuenta de que no apareció mi lugar en Yankee Stadium, pero al final del día resolvieron el problema y ese no se repitió en Filadelfia. Por cierto me llamó la atención que varios medios mexicanos tenían acreditaciones aprobadas pero no llegaron nunca a ninguno de los dos escenarios, lo cual ratifica que somos un desorden.
La Serie Mundial ya cumplió con su objetivo de trascender sin importar el ganador, aunque eso sí, la presencia de los Yankees le ha dado una vida impresionante, un interés descomunal que se reflejó en ratings, asistencias record en los dos estadios y sobretodo, que el público sabe que un Clásico de Otoño sin los Yankees, la verdad, no sabe igual…
evalerob@aol.com |