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| Ofrendas. El panteón de la zona lacustre se llena de colorido y rezos.
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A pesar de la crisis económica sobrevive la Noche de Muertos en la zona del Lago de Pátzcuaro, donde ni la pobreza ni el intenso frío impidieron a los indígenas purépechas venerar a sus fieles difuntos en una ceremonia de reencuentro con los que ya no están.
Rezando y fieles a sus tradiciones y costumbres, centenares de nativos de la zona lacustre revivieron con devoción y fe la velación pagano-religioso de la tradicional Noche de Muertos, cuyo ritual sigue vigente, pues ha perdurado dentro del marco de su genuina naturaleza e identidad desde que surgió hace casi 500 años.
La singular e impresionante Animecha Kejtzitakua se llevó a cabo en los cementerios de Pátzcuaro, Cuanajo, Tupataro, Tzintzuntzan, Jarácuaro, Huecorio, Tzurumútaro, San Pedro Cucuchucho, Ihuatzio, Arócutin, Santa Fe de la Laguna y Erongaricuaro, así como en las islas de Janitzio, Yunuén, La Pacanda y Urandén.
Respetuosamente, el ritual de velación fue presenciado por los turistas extranjeros, quienes en su mayoría vinieron procedentes de Inglaterra, Estados Unidos, Noruega, Italia, Suiza, Alemania, Francia, Canadá y Cuba, entre otros países.
También provenientes de distintas entidades de la nación, bien abrigados, familias y grupos de personas asistieron a la celebración en la zona lacustre.
Así pues, con el aroma de las flores de las ofrendas, la espectacularidad de las celebraciones pagano-religiosas de la Noche de Muertos en Michoacán ha cobrado ya renombre internacional.
En esta ocasión las autoridades aplicaron un dispositivo de seguridad y orientación en las carreteras para auxiliar a los turistas con la participación de más de mil elementos, entre ellos miembros del Ejército mexicano, la Policía Federal, la Policía Ministerial del Estado, la Policía Estatal Preventiva, el Grupo de Operaciones Especiales, la capitanía de puerto en Pátzcuaro, e incluso pusieron en operación a la Policía Lacustre.
Los lugareños observaron que se incrementó la afluencia de visitantes a la zona del Lago de Pátzcuaro, lo cual se reflejó en el aumento de las ventas en restaurantes y comercios.
REPICAN LAS CAMPANAS. El ambiente de Janitzio y de las demás islas y poblados en la víspera del Día de Muertos es de gran fiesta, hasta que empieza el lúgubre tañer de las campanas.
Al conjuro mágico de los sonoros bronces, las almas de ultratumba se presentan y los vivos, mujeres y niños, como fantasmagóricas figuras, van llegando silenciosas al panteón para buscar las tumbas de sus deudos.
Negras siluetas van apareciendo por doquier. Llenas de amor van llegando almas piadosas con las ofrendas, cortan flores, llevan dulces, consagran alimentos, como panes y frutos, que tanto deleite causaron en vida al difunto.
Con las ofrendas, erigen un altar sobre la tumba y se sientan resignadas y llorosas a contemplar las llamas de los cirios y hacen oraciones por sus muertos.
Las velas y cirios van encendiéndose y de pronto el camposanto iluminado parece un ascua de luces misteriosas.
A intervalos, los suplicantes se arrodillan ante la cruz, que indefectiblemente preside el rito, y quedan pensativos, como evocando a los difuntos, añorando su presencia.
Una campana colgante del arco que da acceso al cementerio, discreta y tristemente tañe toda la noche llamando a las ánimas a que se presenten a la gran ceremonia.
El cementerio se inunda con el eco de los cantos en purépecha, llenos de suaves cadencias que imploran el descanso para las almas de los ausentes y la felicidad de los que quedan en la Tierra. Los hombres, desde las afueras del camposanto, contemplan atentos lo que ocurre dentro del panteón.
UN DEBER SAGRADO. Para los indígenas de la isla, participar en este tradicional ritual es un deber sagrado para con los difuntos.
Janitzio es una de las bellas islas del Lago de Pátzcuaro que impresiona por la forma y belleza de sus construcciones, donde sobresalen las blancas paredes con techos de madera y teja, diseminadas en forma disímbola por la isla.
Tiene además Janitzio un nombre y celebridad debidamente conquistados por la celebración de la Noche de Muertos, el día 1 y 2 de noviembre.
Aunque las celebraciones son las mismas en toda la región lacustre, se le han otorgado a esta isla como ejemplo. Toda la vida de la isla vibra en torno a la ceremonia de velación, en la que hay un ambiente de tristeza y de alegría discreta.
OCUPACIóN al 100%. Por su parte, el secretario de Turismo del gobierno michoacano, Jaime Genovevo Figueroa Zamudio, subrayó que la ocupación hotelera en Pátzcuaro fue de 100 por ciento. |