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Los repentinos y profundos cambios en el talante presidencial no fueron el único dato inquietante que arrojó la discusión de la Ley de Ingresos, también sobresalió la imperiosa necesidad de que el diseño institucional de las negociaciones fiscales se optimice pues demostró, más allá de toda duda, que corresponde a un modelo de país que ya no existe. No ayuda, estorba. Es una calamidad.
Modelo descontinuado
Las sesiones interminables, las votaciones en la madrugada, los parches colocados sobre las rodillas, las ocurrencias de última hora, las comparecencias extraordinarias de funcionarios de Hacienda, la peregrinación de empresarios, y otros espectáculos igualmente deplorables conforman un revoltijo que confunde y agravia a la ciudadanía. Después de un alud de declaraciones, y de que varios personajes se rasgaran las vestiduras y derramaran lágrimas de cocodrilo, regresamos al principio: IVA al 16 por ciento. ¿Por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo? Porque nadie quería asumir el costo político, por eso.
El problema de fondo no se ha solucionado, persiste. Durante las últimas semanas circuló en el país información valiosa sobre debilidades del sistema impositivo y conocimos sugerencias atendibles para remontarlas. Hay que tener claro que la aprobación de la Ley de Ingresos no corrigió el rumbo, atendió lo urgente, esto es, proporcionó al gobierno una forma de captar dinero para el año que entra. Nada más. Debemos aprovechar la inercia para que, sin el apremio de lo urgente, la clase política se aboque a lo importante: diseñar con tiempo una reforma fiscal de fondo para corregir errores y hasta perversiones, una reforma que combata la informalidad, que no aliente la inflación sino el crecimiento económico sano, y que incluya una nueva manera de informar a la ciudadanía sobre lo manera en que se ejerce el gasto. Después de todo, el dinero no cae del cielo, se extrae de los bolsillos de la gente común y corriente que merece ser tratada con mayor respeto.
Derechos de autor
El comportamiento presidencial presenta una especie de bipolaridad política, con drásticos cambios de humor y rumbo. Así como dejó, de pronto, de hablar sobre la guerra del Estado contra las bandas del crimen organizado; de manera igualmente imprevista, Calderón pasó a decir que para su gobierno lo primero son los pobres y a reprochar, en tono por demás severo, que los grandes empresarios no paguen impuestos, frases que tienen en el país derechos de autor, escriturados a favor de Andrés Manuel López Obrador. Incluso, Felipe fue más lejos: deslizó que los empresarios usan la filantropía como coartada para no cumplir con Hacienda. Unas horas después se le bajó el berrinche, cambió de tono y trató de darle vuelta a la página. El daño está hecho. Los empresarios, por cierto, tienen memoria de elefante, no olvidarán la acometida presidencial.
Mala imagen
La imagen pública de la clase política sufrió un nuevo revés. Si la opinión de los ciudadanos sobre las instancias gubernamentales ya era mala, ahora está por los suelos. La discusión del presupuesto les ha salido muy cara a las principales fuerzas políticas del país y, aunque en las filas del PRI y del PAN algunos perdieron más que otros puede decirse, sin ánimo de ensañarse con los afectados, que los señores Calderón y Nava salieron trasquilados. Nava por haber descarrilado el acuerdo inicial (recomponerlo tuvo un costo altísimo) y Calderón por emprender un desconcertante pleito con los empresarios, un pleito que no venía al caso y que perdió por abandono cuando comenzaba a ponerse bueno.
El único que salió ganando, casi sin decir palabra, fue López Obrador, quien apareció como gurú del gobierno panista. El prietito en el arroz para el tabasqueño fue el asunto de los tenis extravagantes que usa uno de sus hijos, que por cierto tiene amigas bonitas. Fue una tontería. Aunque todos conocemos hijos de políticos que podrían, en un arranque, comprar no un par de tenis sino la fábrica completa, lo cierto es que Andrés Manuel júnior incurrió en una frivolidad que lo puso de pechito ante los adversarios de su padre.
jasaicamacho@yahoo.com |