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Opinión de
(Luis Miguel Martínez Anzures* | )

El reino de la ultraderecha

Luis Miguel Martínez Anzures* | Opinión
Martes 3 de Nov., 2009 | Hora de modificación: 02:04

Para Andrés Manuel... el de los tenis.


Todos recordamos lo difícil que era desentrañar los misterios que planteaba el estudio de la política internacional durante la época del mundo multipolar, la era de los equilibrios geoestratégicos.

Qué difícil era interpretar las señales e intríngulis de lo que sucedía en los cinco continentes durante el periodo de la guerra fría o en el intervalo entre la firma del Tratado de Versalles para la rendición de Alemania y el inicio de la invasión de Polonia, que detonó la Segunda Guerra Mundial.

Si recorremos nuestro análisis un poco hacia atrás, qué complicado resultaba el estudio de la política internacional en el periodo que se comprende desde la firma del Tratado de Berlín de 1885, que repartió las zonas de influencia de los imperios europeos sobre las colonias africanas y asiáticas, hasta el magnicidio de Francisco Fernando de Habsburgo, ejecutado en Sarajevo, por el serbio Gavrilo Prinzip, que detonó la Primera Guerra.

Era muy complicado desmadejar las redes de intereses que precipitaron el desmoronamiento de los imperios europeos en América Latina y la consolidación de las zonas de influencia norteamericanas, holandesas e inglesas sobre los países recién independizados en sectores productivos bien diferenciados y sin una conexión lógica entre sí.

Ocupó toda la vida de estudio y meditación para los teóricos del liberalismo y la fisiocracia plantear la igualdad humana, al mismo tiempo que el mercado libre para que después la teoría del pleno empleo remediara el desbarajuste de tal planteamiento. Eran monstruos de la abstracción, conocedores enciclopédicos, viajeros incansables, estudiosos que se sometían a la prueba de lo empírico.

Sin temor a equivocarme, creo que el estudio y la comprensión cabal de las motivaciones, desenlaces y motores íntimos de la política internacional, era materia propia de nigromantes, demiurgos o gabinetes de doctores Caligari que tenían la sangre fría y el tiempo suficiente para reflexionar toda una vida sobre los delicados equilibrios del mundo y las viscerales reacciones de sus gobernantes.

Quienes dominaban ese tema eran considerados las mentes más lúcidas de la humanidad. En efecto, hubo pocos conocedores de las estrategias internacionales de los imperios absolutos o de los estados-nación que pudieran ser ubicados en el mismo casillero que Mazarino, Metternich, Talleyrand, Malraux o Galbraith.

Un mal día, las cúpulas decretaron la muerte de las ideologías, dividieron al mundo entre oligarcas y menesterosos, entronizaron el cinismo como estrategia única para la penetración económica y el dominio sin atenuantes y, sin más, señalaron a los que se oponían como enemigos de la humanidad y carne de cañón de los aparatos represivos al servicio de dictaduras militares y civiles, instaladas en cada territorio con la ayuda incondicional de merolicos electrónicos que siguen contaminando los espacios radioeléctricos propiedad de los pueblos.

Una vez que esta primera parte del libreto ha sido ejecutada, frente a las narices del respetable público internacional, sin que nadie haya hecho nada para impedirlo, es fácil interpretar todos los signos y movimientos agresivos, hipócritas y bélicos que emanan de las cúpulas, enfebrecidas de poder, con apetito insaciable.

La antes desentrañable política internacional, es hoy un simple tablero de Nintendo, al que tiene acceso cualquier aficionado con dos dedos de frente y con la misma facilidad se interpretan orígenes y objetivos. Por ejemplo, a través de los medios, dos grandes monopolios farmacéuticos desatan el terror sanitario acerca de una extraña gripe y, con la ayuda de la OMS que manipula, vende tres mil millones de dosis, con vacunas con base en aguas mineralizadas, y se embolsan 30 mil millones de dólares al año.

Con el uso del mismo procedimiento, dos o tres caciques norteamericanos pueden ordenarle una madrugada a las fuerzas armadas de un país centroamericano, desalojar en paños menores a cualquier presidente que haya osado amenazarlos y exiliarlo en cualquier parte del istmo e instalar “constitucionalmente” cualquier camarilla golpista que ni sea ni parezca.

Lo mismo sucede cuando se cambia la sede de la olimpiada 2016, pedida para Chicago por la familia Obama. No hay problema. Las cúpulas deciden cambiar ese fracaso por la imposición al impotente mandatario del premio Nobel de la Paz, aunque esto constituya una afrenta tan grande como la errática política exterior del incompetente demócrata afrohawaiano.

En México, el golpe de Estado que muchos tenían, ya se ejecutó hace varios años a favor de la ultraderecha. Con la valiosa ayuda de los monopolios comunicativos, se entregó el poder a los narcotraficantes y se soltó al ejército a la calle para justificar la permanencia de un gobierno clerical, ilegítimo, incapaz y entreguista.

La oligarquía criolla colabora creyéndose protagonista y socia en el despojo. No sabe que en las prioridades del imperio, sus intereses locales están en la lista de la nueva generación del atraco y así, hasta que no quede nada por engullir. Primera velocidad, materias primas y desmantelamiento del aparato estatal. Segunda, recursos no renovables, agua, bosques, uranio, petróleo, litio. Tercera, medios de comunicación. Cuarta velocidad, apropiación de franjas de territorio.

El proceso es muy parecido al que sucede un poco antes de la muerte. A medida que avanza la enfermedad, el cerebro engulle extremidades, músculos, vísceras y todo lo que le proporcione sobrevivencia. Cuando ya no queda nada aprovechable del cadáver, el cerebro muere por falta de nutrientes. Por eso, el reino de la derecha es el de la muerte. Así se le ha definido desde Beaumarchais hasta Gore Vidal; desde Chateaubriand hasta Bertrand Russell.

Se necesita más que un tiro de gracia para vencer a la derecha. Sería ridículo pensar lo contrario. Lo que sí se puede hacer es arrebatarle permanentemente posiciones, a través de habilidades competitivas, oficio y capacidad de negociación, como le hicieron las economías asiáticas y latinoamericanas emergentes. Cualquier otra receta que no implique vencer sus odios y miedos es improcedente.


* Doctor en Administración Pública

Profesor de posgrado de la FCPS-UNAM


lmmtz@prodigy.net.mx

 
 
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