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La política nacional pasa por un mal momento. Actores interesados han tratado de encasillarla como el mal de todos los males. Y humanamente pudiera haber razón. Me refiero a aquellos competidores que quieren desnaturalizar la actividad más noble que puede existir. Ellos están en lo suyo. Lo malo es que algunos de los principales dirigentes dan pretextos a esos maledicentes, que encuentran argumentos para seguir haciendo vulnerable tal tarea. Veamos algunos hechos.
El PRD publicó en algunos diarios de circulación nacional una inserción pagada para acusar al PRI y al PAN de “…unirse para incrementar los impuestos”, en general. Visto así, sin una observación mediana, como siempre el PRD denunciaría la “irresponsabilidad” de cualquier color, excepto el del amarillo (siempre patriota, siempre atento a las demandas de las masas populares), en contra del interés general. El martes, en conferencia de prensa, el dirigente nacional y los coordinadores parlamentarios acusaron “…de traición al PAN y al PRI por aprobar […] una cascada de impuestos…”. Y que “…estos partidos no se podrán decir sorprendidos por la irritación social que estas medidas generarán” (¿por qué no le echan una mirada al 5 de julio?). ¡Ah, qué flaca memoria de los perredistas! ¿Qué ya no recuerdan que más de 50 diputados del sol azteca votaron a favor de las propuestas del Ejecutivo, sin que la “patriota dirigencia nacional” moviera un dedo? ¿Ya olvidó Jesús Ortega que los votos no fueron de gratis? ¿Que el trato, con Acción Nacional, fue que votarían el paquete fiscal a cambio de una autorización de endeudamiento por cinco mil millones de pesos para el Gobierno del Distrito Federal (aunque querían cinco mil 500)? ¿Ya olvidó que nadie subió a cuestionar el voto “de traición”, hasta que salió otro personaje (hipotéticamente opuesto a ellos, ya no se sabe) a tratar de cachar la inconformidad de la población por el aumento en los impuestos?
En un arranque de conciencia, el presidente de la república cuestionó severamente a los grandes empresarios del país por declarar poco, en comparación al gran capital que poseen. Aunque lo haya compuesto después, lo importante es saber que el poder manifestó en público lo que piensa en privado. Y eso es un gran mérito. Vuelvo a las preguntas. ¿Por qué tanto la dirigencia formal del PRD como López Obrador, al saber de esas declaraciones, no actuaron en consecuencia para respaldar al titular del Ejecutivo? ¿Cuál fue la razón de su silencio, si el PRD es pueblo químicamente puro y los empresarios son el diablo y, como consecuencia, enemigos naturales de quienes menos tienen? ¿Qué pasó allí?, pregunto, como se habrán preguntado muchos analistas del quehacer político. ¿Para qué amenazar con movilizaciones y agresiones sin ton ni son, si allí tenían, codo con codo, la gran alianza para manifestar su razón de ser? Algunos malpensados, como el que escribe, pueden sospechar que, quizá, alguno de esos “infames capitalistas” como los ha llamado la izquierda recalcitrante son fuente de recursos de esos representantes puros de los lumpen-proletarios. De otra forma, ¿se hubieran quedado callados ante la denuncia del presidente de la república? Claro que no. Vaya contradicción, ¿no cree usted?
En la otra esquina, otro actor ya mencionado intentó llevar agua a su molino. En un afán perverso por hacer creer a Juan Pueblo que él y los suyos son “virgencitos y riegan las flores”, trató de enlodar al PRI por los aumentos, cuyo origen es únicamente el Ejecutivo, salido de su partido. El joven diputado Nava, con una candidez que raya en lo inverosímil, quiso hacernos creer que no sabía lo que sabe todo mundo. Pero eso, al final, es lo de menos. Lo importante es la aportación de desprestigio que abona a la política, ante el regocijo de quienes quieren ver esta actividad lo más sucia posible.
La víscera del PRD, el oportunismo del PAN, el acicate de las organizaciones que quieren más impuestos y los aspirantes a dirigir la nación, sin pasar por las urnas, hacen un caldo de cultivo que enerva a la sociedad que lo sufre todo. Y, si los de dentro golpean, ¿por qué no hacerlo los de fuera? El argumento bien vale el análisis: “El Poder Legislativo desaprovechó la coyuntura de la crisis económica global para abordar una nueva reforma tributaria”. Se oye rebonito, ¿o no? ¿Hasta cuándo se dejará la víscera y se usará el seso? |