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100 mil muertos y como si nada

100 mil muertos y como si nada | La Crónica de Hoy

Cámara de Diputados

La barrera de los 100 mil muertos por Covid-19 pondrá nuevamente en juego la imagen y la popularidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Desde luego, este número debe manejarse siempre con la reserva de que se trata de cifras oficiales, pues la información, también oficial, respecto al llamado “exceso de mortalidad” registrado en este año, indican que en realidad la cifra de víctimas mortales de la pandemia se ubicará entre 250 mil y 300 mil muertes. 

El subregistro en materia de contagiados es aún más cuantioso, pues las cifras oficiales que ubican este rubro en 1 millón de contagios, se encuentran muy por debajo de las diversas estimaciones de especialistas independientes, quienes ubican en al menos 5 millones el número de contagiados en México. La afirmación del cada vez más cuestionado y rebasado subsecretario de salud, Hugo López-Gatell, en el sentido de que “es intrascendente” la marca de 1 millón de contagios, es indicativa de que el gobierno de AMLO, ante estos “números redondos”, ha decidido ratificar su estrategia evasiva para contener la pandemia.

El gobierno de López Obrador, desde finales de mayo, cuando dio por concluido el confinamiento de actividades no esenciales, apostó simplemente a “dejar hacer y dejar pasar” la pandemia, colocando como prioridad evitar el colapso de la economía del empleo y del precario sistema de salud. De hecho, no existen medidas de contención de la pandemia, salvo la toma de pruebas y registro casos positivos diarios. Fuera de esto, no hay evidencia de ningún mecanismo de identificación y ubicación de contagiados, de sus contactos, para atenderlos y darles tratamiento, para ofrecerles condiciones y recursos a fin de que no salgan de su casa. Es más, ni siquiera se ha desplegado un esquema de conexión y traslado a hospitales de esos contagiados en situación delicada o grave.

Cada vez es más burda la estrategia de no realizar pruebas para conocer la dimensión de la pandemia, su comportamiento en las regiones, en los espacios de las distintas actividades económicas, las dinámicas de transmisión, las constantes en los casos de agravamiento y muerte. Sin este conocimiento, es imposible cualquier acción de contención y mitigación de la pandemia. Pero el gobierno de AMLO, ante la increíble ausencia de reclamos efectivos que lo obliguen a corregir, redobla esta estrategia y se rehúsa a realizar un número de pruebas por cada 100 mil habitantes similares a la de otros países. Por eso, mientras vemos que en Estados Unidos se detectan hasta 150 mil contagios diarios, en Italia 50 mil, en Francia 45 mil, en México seguimos en la negligente farsa de 5 mil casos diarios.

Esta actitud del gobierno de AMLO, no solo obedece a la debilidad de la oposición política y social, que se hace patente en la ausencia de reclamos fundados, la inoperancia de la oposición partidista y parlamentaria para exigir mecanismos de auditoría, de seguimiento y fiscalización de la estrategia anti COVID. En la decisión de López Obrador también juega un papel importante la salida discursiva, propagandística, de que la Covid-19 viene de afuera, es una calamidad natural que ha caído inesperadamente sobre México y, por lo tanto, el gobierno de la Cuarta Transformación no tiene culpa alguna en la muerte de 100, 200, 500 mil o millones de muertos. 

El espejo político de AMLO, Donald Trump, ha mostrado, según la visión que permea entre el obradorismo, que la pandemia no afecta significativamente a un gobierno que le echa la culpa a la calamidad o al extranjero, por más que incurran en frivolidades negligentes como el mexicano y el estadounidense. Trump perdió, pero no arrolladoramente ni debido a su manejo de la pandemia. Por lo tanto, ni los 100 mil muertos, ni las inundaciones en Tabasco, ni las torpezas diplomáticas ante Joe Biden, moverán a AMLO de su objetivo principal y excluyente de otras prioridades: ganar las elecciones del 2021. 

 

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