Opinión


¡Bienvenida de nuevo, Inquisición!

¡Bienvenida de nuevo, Inquisición! | La Crónica de Hoy

El poder corrompe y el poder absoluto
corrompe absolutamente 

Lord Actor

Así como las armas de fuego o un cuchillo son peligrosas dependiendo de las manos en que se pongan, el Derecho Penal no es una herramienta jurídica nociva, a menos que quienes lo usen lo hagan con una visión distorsionada o perversa de su naturaleza.

Un sistema de justicia penal es muy complejo porque para su éxito depende, entre otros muchos factores, de su adecuada comprensión, saber qué es, para qué sirve y cómo funciona. Por mucho que se quiera, si no se utilizan adecuadamente, las respuestas penales son poco o nada útiles e incluso perjudiciales.

Al desconocimiento hay que sumar que no se discuten oportunamente o que de plano se dejan en el olvido temas como la legalización del uso lúdico de la marihuana o la despenalización del aborto en las primeras doce semanas de gestación, hasta ahora permitido sólo en Cd. Mx. y Oaxaca. Triste que la liberalización penal no sea la tendencia. 

A pesar de haber sido reformado profundamente en 2008 y llevar más de 4 años en un supuesto funcionamiento pleno, nuestro sistema de justicia penal aún hoy es objeto de fuertes críticas por ser “hipergarantista”, defensor de derechos de criminales, porque opera como “puerta giratoria” que incrementa la percepción de injusticia y el aumento de impunidad. Por el mismo camino va la reforma de 2011 en materia de derechos humanos, lapidada en la misma proporción en que crece el populismo penal.

Casos como el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, quien hace unas semanas propuso adicionar los delitos de robo con violencia en transporte público y extorsión agravada; la reciente iniciativa del Senador Martí Batres para criminalizar a los patrones que despidieran a un trabajador enfermo de covid-19; la ampliación de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa; la formalización del uso de las fuerzas armadas en tareas de seguridad; una FGR supeditada al Ejecutivo; juicios sumarios mediáticos; la presunción de culpabilidad; la justicia selectiva; más penas; más delitos; más control y control son lamentables y claras muestras de la tendencia punitivista actual.

Es innegable que el fenómeno delictivo está creciendo aceleradamente provocando un hartazgo social aprovechado por diversos actores políticos como el gobernador Alejandro Murat, quien dijo que “México no puede seguir combatiendo a la delincuencia desde una posición de pasividad y desventaja”. Expresiones como esa enardecen a la sociedad, él gana aplausos y todos perdemos porque difunde la falsa idea de que el sistema penal favorece a los “criminales” y que el pobre Estado está inerme frente a ellos. ¡Alerta! Así se construyen los estados autoritarios, con miedo y con resentimiento.

A nadie conviene un statu quo adverso. ¡Al revés! Todos queremos una economía en desarrollo, trabajo, vivienda digna, servicios de salud de calidad y suficientes, acceso a la justicia y seguridad. Pero cuando estas condiciones desaparecen, cuando se carece de los bienes, satisfactores y de los derechos más elementales el Estado afirmará: “…no tenemos más opción que recurrir a medidas desesperadas” y si los gobernados queremos recuperar algo de lo perdido o dejar de seguir perdiendo, no tendremos otra alternativa que decirle sí a todo a Papá gobierno.

En la dimensión penal, si el delito no disminuye, el gobierno restringe más y más derechos y libertades con la promesa de regresarnos la seguridad perdida. Será un cúmulo de medidas restrictivas para propios y extraños. Ese rigor, dirán muchos, estará justificado por la necesidad del momento, de un contexto que de accidental no tiene nada, son riesgos creados, por acción o por omisión, deliberadamente o por incompetencia, pero al fin generados por un aparato encargado precisamente de evitar esas circunstancias.

Ya sé que suena a cliché, pero falta voluntad política por consolidar el sistema de justicia penal o, lo que es peor, capacidad para identificar las profundas raíces de un problema social nacional con un robusto tronco y frondosa copa. El incremento del delito es algo que a nadie conviene, estoy seguro que papá gobierno sí quiere acabar con él ¿o no?

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM
@capastranac

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