Escenario


Armando Palomas y la soledad de Suite Florencia: “Son cicatrices, no canciones” 

Entrevista. Genio y figura del rock mexicano, lanzó el pasado 13 de septiembre un álbum que muestra su lado más desolador, fiel a su estilo ácido y melancólico, de artista que ha forjado su carrera desde la anarquía 

Armando Palomas y la soledad de Suite Florencia: “Son cicatrices, no canciones”  | La Crónica de Hoy

Foto: (Cortesía)

“Este disco está marcado por el 2020, por los decesos de los amigos. Esas pérdidas te comienzan a rasgar los recuerdos y la piel, se van directamente a tus venas y te hacen desangrar en las canciones”

“Caminando en la terraza, con un tequila en la mano y un cigarro que lo consume el viento, mientras el sofá le ruega que ya no invoque a los arcángeles de la fiesta interminable”, esa es la estampa que describe perfectamente a Suite Florencia, el más reciente disco de Armando Palomas, que muestra la versión más desoladora, íntima y sincera del cantautor. 

El álbum lleva ese título porque ha sido en esa suite ubicada en el quinto piso del Hotel Milán en la Colonia Roma de la Ciudad de México, en donde ha convertido el insomnio de las fiestas y las soledades, en canciones; un lugar que es cómplice y testigo del ritual personal de sus conciertos que comienza con el primer trago antes de ir al escenario y termina dos días después entre las paredes se ese sitio lleno de nostalgia. 

“Tengo hospedándome en esta suite como 15 o 18 años, ya es una extensión de mi casa. En esa suite estoy porque tiene una terraza donde se puede fumar. Tiene montones de historias porque ahí llegó después de los escenarios a hospedarme con cuatro amigos a beber y a esperar que el sol nos ponga las gafas negras e ir consiguiendo filetes y botellas para seguir la fiesta”, dijo Armando Palomas, en entrevista con Crónica Escenario

“Tiene un montón de historias y por lo tanto de aprendizaje. En esa suite he estado con diferentes amigos y personalidades a los cuales les he pedido un montón de cosas y también ha sido parte de mi soledad, porque cuando se van me quedo solo y esa soledad es la que provoca que escriba las canciones. Es cuando me miro en el espejo y veo los fantasmas, demonios y mi vida que va en un tobogán hecho la madre. Es un sitio al que le guardo mucho cariño y respeto. Y además ahí he tenido la suerte de que no me han encontrado con una sobredosis”, añadió. 

Cinco años atrás, El Palomas, el personaje que devoró a Armando Jiménez, su nombre real, cuando comenzó a cantar en un bar de Aguascalientes, había decidido no volver a producir un disco, “porque llevaba un ritmo de vida bastante sui generis”. Entre las huellas de su historia destaca el accidente automovilístico que sufrió en agosto del 2008 mientras se trasladaba de Nogales a Hermosillo, en Sonora. 

De aquel momento surgió uno de sus discos más célebres: “Pasé por un momento muy difícil, me accidenté casi de muerte. Fue de esas experiencias en la que todo se va a la mierda y en la que, si algo me pudo salvar de todo lo malo que me rodeaba, fueron las canciones, me refugié en ellas a pesar de todo lo que me dolía, incluyendo no poder beber. Pero volví a los escenarios y, a manera de desahogo, lancé el disco Burdel de la soledad”, dijo. 

Como un nuevo ejercicio de catarsis y desnudez emocional es que Suite Florencia llega como el testimonio de un músico que en sus letras ha dejado su dolor más profundo: “Salió este disco y es como un confesionario. Es que el 2019 fue un año muy bueno que se comenzaba a tornar triste. A mi madre le regresó un cáncer que ya había padecido y yo decidí cambiar mi casa de toda la vida para construir arriba de la casa de mi madre para estar al pendiente de ella y los conciertos los comencé a espaciar un poco, quizás uno al mes, lejos del Armando Palomas Fest”, expresó. 

“En enero del 2020 mi madre tomó un vuelo VIP rumbo a las estrellas y ahí me llegó una cubeta de agua fría llena de recuerdos, nostalgia y tristeza. Me dije que la vida tiene que seguir a pesar de eso: Somos artistas, no payasos. Después de eso retomé mi gira, estuve en Querétaro, San Luis Potosí y luego el Vive Latino, que fue el final de los conciertos”, añadió. 

Si bien ha sido la Suite Florencia el rincón de desahogo de Palomas, ha sido a partir del encierro del confinamiento cuando las pérdidas de su madre y otros seres queridos se convirtieron en las letras de sus canciones, “yo no soy quien busca las canciones, son ellas las que van detrás de mí”, advirtió. 

“Tras el Vive Latino llegó el confinamiento y pensé que no me pesaría tanto porque hacía tiempo que pedía un año sabático. Así que dejé que la tinta se echara por sí sola. Para entonces ya había escrito 10 canciones planeadas para el Suite Florencia, pero ya estando en casa, en mi lugar al que llamó El purgatorio, las canciones empezaron a escribirse solas y decidí no grabar las canciones que ya tenía sino grabar las que compuse aquí, añorando muchas cosas de la Suite Florencia”, explicó. 

“Creo que las canciones que escribí entre abril y mayo de este año tenían un sabor especial: Eran cicatrices, no canciones”, enfatizó. “Solamente tomé dos canciones de las que estaban originalmente pensadas para el disco para incluirlas en esta nueva forma de Suite Florencia”, dijo. 

Y es que además de su madre, este 2020 ha estado marcado por otras tragedias en la escena musical que han sido pérdidas sensibles de Armando Palomas: “Este disco está marcado por el 2020, por los decesos de los amigos. Como el maestro Óscar Chávez que es uno de esos amigos que solo veías en los escenarios. Esas pérdidas te comienzan a rasgar los recuerdos y la piel, se van directamente a tus venas y te hacen desangrar en las canciones. Se vino luego Charlie Monttana y se dio lo que se venía arrastrando de mi querido Pau Donés, con quien pasé fiestas memorables”, dijo. 

A propósito de Pau Donés, hay una historia que vale la pena contar, puesto que al referente de Jarabe de Palo lo conoció en un Vive Latino, “pasaron algunos años para que el destino nos volviera a reunir”, escribió el día de la muerte de Donés al recordar que en un concierto hubo “una dedicatoria de una canción, que, a petición mía, Paul se la dedicó públicamente a la madre de mi hijo Emiliano y mientras cantaba ‘El lado oscuro’ volteaba y se reía conmigo desde el escenario”, agregó en ese mensaje. 

“Después de recordar esa fiesta memorable en el Vive Latino, nos sacamos la foto del recuerdo y en ese momento, Paul al ver la foto donde yo posaba y mostraba el tatuaje de ‘Rock’ en mi puño derecho, Paul le dijo a su hermano, ‘ve el tatuaje que tiene Palomas en la mano, estaría bien hacerme uno con el nombre de mi hija’. Al poco tiempo se lo tatuó, me di cuenta por una foto que Chava Rock (reconocido periodista musical) le hizo a su mano. No fuimos grandes amigos, pero sí fuimos excelentes cómplices”, añadió en ese emotivo texto de despedida. 

“Puros golpes duros, por eso el disco va como de arriba hacia abajo”, recordó en la entrevista. 

Y así, entre metáforas desgarradoras, fiel a su estilo ácido y melancólico, de artista que ha forjado su carrera desde la anarquía, desde una obra influida por la esencia de los poetas malditos, nos muestra el disco que ha marcado la diferencia en su propia forma de percibir la vida. 

“En cada disco, terminando la grabación hacía una fiestota con los músicos, el ingeniero y otros involucrados y yo terminaba mal porque no dormía en dos días. Este año fue diferente, tuve que tomar el archivo y decirle gracias al ingeniero, porque nada más estuve trabajando con él (…) Esta vez, cuando me lo entregaron solamente invité a un par de amigos que son cineastas, a mi mano derecha, que es El Tuna y a mi hijo”, contó. 

“Pusimos el disco y todos estaban callados, hasta que uno de mis amigos cineastas me dijo: ‘Fíjate Palomas que este disco nos puso muy mal, está bonito, pero nos puso mal. Hiciste canciones que, a pesar que son muy tú, nos pone un saco a la medida de nosotros’”, recordó el músico y complementó, “El Tuna me dijo, ‘no mames wey, no me gusta escucharte así de triste, ¿dónde dejaste al otro Armando Palomas’, le dije soy el de ese momento que estuve viviendo, soy una persona que escribe a partir de los sentimientos, no soy un tipo que se pueda disfrazar”, agregó. 

Desde el pasado 13 de septiembre se pueden escuchar las 10 canciones inéditas de Suite Florencia (el disco número 28 de su carrera): “Espero que la gente se pueda arropar con mis canciones, que las cante, que viva, beba, coja, fume, que se tire al vacío con ellas, que les sirvan de alas para poder aterrizar bien, que se las acomoden donde más les convengan”, enfatizó. 

La historia de Armando Palomas ha sido inmortalizada en Urbanhistorias del rock mexicano I y II del pintor Jorge Flores Manjarrez, un mural que reconoce a las figuras del rock mexicano ubicada en el Metro Chabacano, en el que también están figuras como Alex Lora, Ely Guerra, Roco (La Maldita Vecindad) y Saúl Hernández (Caifanes), por mencionar algunos. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de los rockeros, se ha ganado el mote de cantautor de culto al usar la creatividad en letras de una música inclasificable, y por otras razones que él mismo reconoce. 

“Desde que comencé en este asunto no he tenido metas, nunca he querido ser famoso, lo que he querido es ser feliz, estar contento con lo que hago. Los escenarios pequeños los he pisado, al igual que los grandes, y no es que me den los mismo porque son diferentes energías, pero hasta ahorita sigo pensando que me debo a cualquier escenario sin importar el status que yo tenga como cancionero o cómo me vean las personas, solo que me haga feliz”, dijo. 

“Y es que cuando eres feliz y honesto vas tan liviano en el mundo que pueden suceder un montón de cosas, como el convertirme en un cantautor de culto”, continuó, pero, “el día que yo me la crea, que sienta que soy el artista que México necesita, que me vea yo como un cantante de culto, ese día sí se sepulta Armando Palomas”, concluyó.

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