Opinión


Atlanta y el manual de cómo perder un juego ganado

Atlanta y el manual de cómo  perder un juego ganado | La Crónica de Hoy

Sin duda la nota de la jornada fue la enorme cantidad de lesiones en jugadores clave de cada uno de los equipos, dada la poca preparación con que encararon esta temporada debido a la pandemia de Coronavirus. A este paso podríamos decir que en unas cuantas semanas más podríamos ver muchos conjuntos con jugadores suplentes en posiciones importantes.

Sin embargo, existió algo que llamó también la atención, y eso fue la poco honrosa habilidad de los Halcones de Atlanta de dejar escapar un juego que ya tenían ganado en contra de los Vaqueros de Dallas.

Con una ventaja de 39-24 al inicio del cuarto periodo y de 39-30 a tan sólo cuatro minutos de acabar el encuentro, uno se pregunta si no es más difícil perder un juego así que ganarlo.

Pues por increíble que parezca, los Halcones una vez lo volvieron a hacer: se las arreglaron para perder un encuentro que ya lucía ganado.

Lo anterior no es para restar mérito a la labor de los Vaqueros y su coach Mike McCarthy, quien demostró que aún puede manejar esquemas ofensivos muy efectivos y en situaciones desesperadas como la de ayer, sino para mostrar a todas luces la mala toma de decisiones de un coach como Dan Quinn con Atlanta.

Y decimos que estos Halcones lo volvieron a hacer porque hace apenas tres años dejaron escapar el título en el Super Bowl LI ante los Patriotas con una ventaja de 25 puntos.

Es verdad que aún existen ciertas suspicacias respecto a la manera tan inocente en que dejaron revivir a los Patriotas para remontar y encumbrar a Tom Brady casi a la categoría de héroe nacional.

Es cierto que para muchos aún existen aspectos muy raros en cada una de las victorias de los Patriotas en Super Bowl con juegos extrañamente cerrados o finales como sacados de un guion cinematográfico (aunque eso es otra historia), pero lo que también es cierto es que el domingo, el coach de Atlanta, Dan Quinn, demostró que su manejo del reloj, sus decisiones y la manera en que todo esto influye en sus entrenadores asistentes y jugadores, ha hecho de los Halcones un equipo en el que no se puede confiar a pesar de tener una holgada ventaja cerca del final de un encuentro.

Tras acabar el juego, un amigo me pregunto quién es el coordinador defensivo de este equipo con cierta indignación. Aunque la respuesta es Raheem Morris, quien está en su primer año como responsable de la defensa en Atlanta tras varios años como asistente en el mismo equipo, la responsabilidad recae completamente en Quinn, quien desde que tomó las riendas de los Halcones en 2015 decidió hacerse cargo de la defensiva. Y digo que llama la atención porque Quinn, antes de ser el coach de Atlanta, fue el arquitecto de la feroz defensiva de esos Halcones Marinos de Seattle que llegaron dos años de manera consecutiva al Super Bowl en las ediciones XLVIII y XLIX.

O sea, un mal coordinador defensivo no lo es ni mucho menos, sin embargo, hay algo que podríamos sacar de lo anterior, y es que de unos años para acá, se ha visto, aunque con sus respectivas excepciones, que los buenos o hasta extraordinarios coordinadores defensivos no son buenos entrenadores en jefe.

Es verdad, Quinn ya llegó a un Super Bowl, lo perdió, y después nada ha hecho. De eso ya han transcurrido más de cuatro años, y como se asegura mucho del éxito de esa temporada del 2016 se debió a la labor ofensiva de su coordinador de ataque, Kyle Shanahan, el ahora coach de los 49ers de San Francisco.

Al parecer, Quinn es el clásico ejemplo del gran asistente defensivo que no puede ser buen entrenador en jefe como ha sucedido en otras ocasiones que ponen de manifiesto lo anterior.

Quizá el caso más sonado sea el de Marvin Lewis, ese ex entrenador de los Bengalíes de Cincinnati que en 16 años (2003-2018) nada logró pero que antes de eso fue el creador de la dominante defensiva de los Cuervos de Baltimore que arrasó en la temporada del 2000 para llevarse el Super Bowl XXXV gracias a su unidad defensiva, pues su ataque era nulo.

Otro sin duda es Steve Spagnuolo, que se ganó su lugar en historia por dirigir a la defensiva de los Gigantes de NY que derrotó a los invictos Patriotas de Nueva Inglaterra en el Super Bowl XLII. Después de eso, Spagnuolo fue contratado como coach de los Carneros de San Luis, donde fracasó. Ahora destaca nuevamente como coordinador defensivo de los Jefes de Kansas City, con quienes ganó el anterior Super Bowl (LIV).

¿Lo anterior es un estigma, una maldición para estos asistentes defensivos? No lo creo, después de todo ahí quedan ejemplos de grandes mentes defensivas que fueron pilares como entrenadores en jefe como Tom Landry con Dallas, Chuck Noll con Pittsburgh, George Seifert con San Francisco o Bill Belichick con Nueva Inglaterra. En fin, quizá es cuestión de épocas o generaciones.

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