Opinión


Buenas noches, querido coach

Buenas noches, querido coach | La Crónica de Hoy

Siempre existe una silenciosa pregunta cada vez que un entrenador es cesado en el deporte profesional: ¿fueron los jugadores, sus propios jugadores, quienes le tendieron la cama para que ya se fuera a dormir?

Ejemplos hay muchos a través del tiempo y de los diferentes deportes, pero en lo que va de esta rarísima temporada de la NFL, bien podríamos asegurar que en el caso de los Texanos de Houston y los Halcones de Atlanta si se dio de esa manera.

Ya sea por los malos resultados, por crear una relación de alta tensión con un jugador líder del conjunto y del vestidor o simplemente porque a los jugadores ya no les place la forma en que es llevado el equipo, el despido del coach es inminente.

 

NUNCA CONTRA UN LÍDER

Las salidas del Bill O’Brien en Houston, y Dan Quinn en Atlanta son sumamente ejemplificativas. Comencemos por O’Brien. Durante la temporada baja decidió deshacerse del receptor DeAndre Hopkins, uno de los pilares del equipo, argumentando que era un elemento conflictivo y no sano para el vestidor. El dueño, Bob McNair, lo autorizó y el resultado fue una ofensiva sin armas aéreas para el quarterback Deshaun Watson, que nada pudo hacer para ayudar al equipo para ganar.

Después de un inicio de 0-4, la paciencia se acabó y lo echaron del conjunto por la puerta de atrás.

A simple vista pareciera que esa inoperancia del equipo fue la causa de su salida, sin embargo, poco después de su despido trascendió el desencuentro verbal que tuvo en un entrenamiento con uno de los líderes naturales del conjunto, con el defensivo JJ Watt. Watt no sólo es la cara del equipo, es uno de los jugadores emblemáticos de la NFL y ciertamente un entrenador jamás estará por encima de un jugador estrella.

Sin existir pruebas al respecto, ¿quién podría negar que Watt fue uno de los artífices al interior del vestidor para convencer a sus compañeros de que O’Brien se tenía que ir? Lo cierto es que apenas un par de semanas después de ese desencuentro entre ambos, el coach fue despedido y “extrañamente” los Texanos ganaron su primer juego y posteriormente dieron una gran pelea a los invictos Titanes de Tennessee con quienes se fueron hasta tiempo extra. A pesar de que perdieron, es notorio que el equipo tiene otra mentalidad.

Tras la salida de O’Brien, Watt señaló que él nada tuvo que ver y que no le deseaba nada malo a su ex entrenador, una fuerte y misteriosa declaración del jugador líder del equipo hacia un coach que ya se fue. En fin, el caso es que, se crea o no, los Texanos son otros. Quizá baste rescatar las palabras de Watt al momento que señaló: “Bueno, si ves que tu equipo va 0-4 y todo sigue igual, algo anda mal, ¿no crees?”

LA CARTERA MANDA

Con Atlanta la situación fue quizá más discreta, pero lo cierto es que el desempeño de los jugadores también tuvo que ver en el destino de un entrenador que, a todas luces, ya no convencía ni al dueño Arthur Blank, ni a la plantilla. Desde la derrota del Super Bowl LI tras dejar escapar una ventaja que parecía imposible remontar, la directiva del equipo tenía sus dudas. Las temporadas siguientes fueron un carrusel de altibajos con promesas de mejoría al final de cada una y que sólo quedaban en eso, en promesas.

Esta campaña fue más que notoria la actitud de un equipo de jugadores que poca resistencia mostraron para mantener ventajas de juegos que parecían ganables. Tras un récord de 0-5, y con la presión del dueño caminando en la banca al final de cada juego, la consigna parecía total: Se va.

No lo sabemos, ¿pero hubo un acuerdo para dejar escapar ciertos juegos y así hacer más sencillo el adiós de Quinn en Atlanta? La respuesta es que a la semana siguiente fueron a Minnesota y derrotaron convincentemente a los Vikingos que venían en franca mejoría.

¿Cuál puede ser la explicación?, si después de todo son los mismos jugadores, ni uno más ni uno menos.

Ante lo anterior, la pregunta es ¿cuántos otros entrenadores pasarán por lo mismo en esta ya de por si extraña temporada? Quizá unos más, pero lo cierto es que en los Jets de Nueva York algo por el estilo se debe estar cocinando ya.

Adam Gase, su entrenador, ha demostrado que no puede con el paquete de ser un coach general. Como coordinador ofensivo es muy efectivo, lo demostró en Denver manejando la explosiva ofensiva que dirigía Peyton Manning, pero como coach ha sido un desastre, primero en Miami y ahora en Nueva York.

Los supuestos líderes del equipo se han ido en vez de ejercer una presión: el defensivo secundario Jamal Adams, el corredor Le’Veon Bell. El equipo se ve sin pies ni cabeza y a pesar de ser el único conjunto sin victorias en la temporada (0-6), pareciera que todo es normal.

La realidad es que no habrá de pasar mucho tiempo para que, como sucedió en los dos casos anteriores, algunas voces se encarguen de mover los hilos en el vestidor y pugnar por la salida de Gase. Después de todo, hace mucho tiempo que la NFL dejó de ser una Liga de lealtades como sucedía allá en los 60, los 70 y hasta los 80; hoy es un gran negocio y todos, absolutamente todos, lo saben como tal.

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