Opinión


Crece el fantasma de la centralización

Crece el fantasma de la centralización | La Crónica de Hoy

Los acontecimientos de la reciente semana ratificaron la apuesta de su gobierno, por su peculiar estrategia para enfrentar la crisis económica y social derivada de la pandemia de Covid-19.
Como contrapartida, la percepción generalizada entre sus gobernados es que la recuperación económica le interesa menos que su decisión de mantener sus políticas monetaria, social y energética. Por si hiciera falta, usted nos recuerda que sus prioridades se concentran en sostener sus programas sociales favoritos, sus megaproyectos de infraestructura, su disciplina fiscal típicamente neoliberal y su asignación incondicional e irracional de recursos a PEMEX.
En una carrera contra el tiempo, está usted solventando la necesidad creciente de recursos a través de su apropiación centralizadora, primero a través de los fondos estabilizadores de ingresos públicos y petroleros que su gobierno ya agotó; y segundo, con la extinción de 109 fideicomisos y el traslado de los recursos que éstos administraban a la Tesorería de la Federación para su uso discrecional de presidente de la República, creando así una caja chica multimillonaria que de entrada, carecerá de reglas de operación, padrones, criterios de asignación y de diagnósticos para sustentar la distribución de esos recursos entre los beneficiarios que habitualmente los recibían a través de los fideicomisos.
Eso, en caso de que efectivamente sea verídica su narrativa -de presidente y de su partido- de que los recursos seguirán entregándose a los beneficiarios, solo que ahora lo hará usted de manera directa, sin intermediarios como los fideicomisos,  pero perdóneme usted, presidente, esta versión es poco creíble ya que, incluso los legisladores de MORENA y algunos funcionarios de su gobierno han afirmado que la eliminación de los fideicomisos tiene el objetivo de que sus recursos sean destinados total e íntegramente al sector salud, para enfrentar la crisis sanitaria que ocasiona la pandemia de Covid-19.
En el fondo de esta situación se puede apreciar con nitidez cada vez mayor, que su gobierno, presidente López, impulsa un incesante proceso de centralización del manejo presupuestal y de las atribuciones de gasto público, que implican cantidades multimillonarias de recursos y de decisiones que, en teoría, deberían contar con la aceptación de organizaciones sociales o del Congreso, un proceso de centralización que propiciaría, a partir de la debilidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Congreso de la Unión, que otros poderes resintieran la fuerza avasalladora del Ejecutivo federal. La debilidad de la oposición también es factor clave en el ascenso de un modelo de centralismo que amenaza con escalar a condiciones de ilegalidad y autocracia.
Si a este panorama sumamos el avance de la militarización con la aprobación de la reforma legislativa que formaliza el control de la Marina sobre las aduanas y los puertos, más la consolidación de la estrategia comunicativa de su gobierno de intimidar a los medios y a los opinadores e imponer la realidad alterna de su narrativa de que las cosas marchan bien, estaríamos ante una coyuntura que apunta a una profunda desinstitucionalización y una peligrosa reducción de controles mínimos sobre el ejercicio de recursos públicos, que pueden llevar a escenarios de ingobernabilidad y corrupción, ante la falta de normatividades e instituciones que puedan y haya quienes se atrevan a fiscalizar a un gobierno que perfecciona la práctica de frenar a los que se oponen, lo critican o lo cuestionan. 

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