Opinión


De la cooperación a la colaboración en el campo semántico del aprendizaje

De la cooperación a la colaboración en el campo semántico del aprendizaje | La Crónica de Hoy

La existencia humana también se reafirma en el momento en que pronunciamos al mundo con la justa palabra, generadora de encuentros y diálogos que conllevan a la reflexión y a la acción colectiva para trasformar nuestra realidad de manera inteligente y creativa.

El  lenguaje está en constante evolución y es sumamente dinámico en el contexto histórico social en el que se produce y reproduce; ante las crisis pandémica, pero también de oportunidad como la que hoy se nos presenta, es capaz de transformar los conceptos en acciones proactivas de innovación, cambio y progreso, pero también en reacciones negativas, como parte del desconocimiento, la desinformación y la ignorancia ante una realidad que requiere de una extensa y particular lectura y de una narrativa intensa y colectiva.

En procesos de formación y educación, el campo semántico de la pandemia debe ser claro, preciso, con unicidad en sus conceptos y en sus implicaciones prácticas: SARS-CoV-2 no es sinónimo de COVID-19, como tampoco la expresión “regreso a la normalidad” puede ser igual a la de “hacia una nueva normalidad”.

Sin embargo, el leguaje de la enseñanza relevante y el aprendizaje significativo de hoy y del incipiente nuevo orden mundial, deben ir más allá de un lenguaje médico o epidemiológico, requiriéndose el rescate u originalidad (en su justa dimensión) de otras palabras y conceptos que resultan ser indispensables para preparar y formar a las generaciones presentes y futuras en la creación de nuevos paradigmas y modelos del saber pedagógico-social y de intervención socioeducativa.

En este sentido podemos decir que tenemos que impulsar la transición de un aprendizaje basado en la cooperación a otro esencialmente colaborativo.

En el primero si bien existe la interacción entre los educandos, la aportación de cada uno de ellos se realiza con base en sus propias experiencias, saberes, destrezas, habilidades y aptitudes con la finalidad de contribuir a la realización de una meta o a la obtención de un producto, en donde la organización y desarrollo de las tareas y la división del trabajo (con base en la determinación de roles, actitudes y conductas) se realizan con la obligatoriedad que impone la verticalidad de la supervisión.

A diferencia de este modelo, en el aprendizaje colaborativo dentro de un mundo multicultural, plural y complejo, la interacción se intensifica humanamente, generando la integración entre alumnos con capacidades diferentes y preferencias diversas; de variadas culturas, costumbres y creencias, y de niveles económicos, grupos sociales y étnicos distintos, lo que desde la educación básica hasta el posgrado significa el fomento de una cultura incluyente y solidaria.

El intercambio de vivencias, saberes, experiencias y conocimientos que se lleva a cabo entre educandos con un lenguaje de respeto y tolerancia activos, es la práctica concreta de la mutua enseñanza para la resolución de dudas y problemas, cuyas decisiones son tomadas por consenso y asumidas con el compromiso de la participación, sin excluir en ello la responsabilidad individual, lo que acrecienta el sentido de pertenencia e identidad hacia el equipo de trabajo, en el que progresivamente cada quien va desarrollando nuevas competencias para el progreso común, incluyendo al maestro quien, como facilitador del proceso, se realiza con la fraternidad que requiere la horizontalidad de la colaboración.

El modelo del aprendizaje y el trabajo colaborativo es una factibilidad en los distintos niveles, tipos y modalidades de la educación actual; para la educación presencial, a distancia, digital y mixta, sobre todo por la proyección y desarrollo que han tenido en esta etapa de emergencia sanitaria mundial las tecnologías de la información y la comunicación, lo que sin duda tendrá repercusiones en el ámbito de las relaciones familiares, en la formación ciudadana y en el desarrollo profesional y laboral de nuestras juventudes.

Al respecto, como parte de la Nueva Escuela Mexicana, el pasado 21 de junio la SEP anunció que a través de la CONAFE pondrá en marcha, a partir del ciclo escolar 2020-2021, el Modelo de Aprendizaje Colaborativo, “que busca lograr un aprendizaje profundo de manera colegiada entre sus alumnas y alumnos” para “garantizar el logro educativo en comunidades marginadas”.

Aunque no existe al respecto mayor información sobre la práctica pedagógica y educativa de este modelo de aprendizaje colaborativo, así como de su metodología y didáctica, confiamos en la unicidad del concepto y del lenguaje dentro de la diversidad, toda vez que esta noble y magnánima tarea requiere no sólo de la cooperación de cada individuo, sino la colaboración de un sujeto colectivo, de un movimiento global que hoy más que nunca, al leer y pronunciar el mundo con la justa palabra, transforma y reafirma la existencia humana.

 

Twitter: @UlisesLaraCDMX

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