Opinión


Dos años del Presidente

Dos años del Presidente | La Crónica de Hoy

Pablo Xavier Becerra Chávez*

El primero de julio se cumplieron dos años de la elección presidencial de 2018, en la que se produjo la tercera alternancia en el poder desde el año dos mil. El presidente Andrés Manuel López Obrador lo celebró con un evento al que tituló “2° año del triunfo histórico democrático del pueblo de México”, realizado en el recinto parlamentario que se encuentra dentro de Palacio Nacional, en el que pronunció un mensaje ante un público muy reducido debido a la pandemia, en lo fundamental los miembros de su gabinete y su esposa. 

Ya desde el año pasado celebró la fecha con una concentración en el Zócalo y un “informe”, por lo que ya forma parte de las fechas que el presidente cree que el pueblo mexicano debe celebrar. Llama la atención el título grandilocuente que el propio presidente le ha puesto. Para él se trata de un “triunfo histórico democrático del pueblo”, coherente con el grandilocuente nombre que le ha asignado a su propio gobierno, la “cuarta transformación” de la vida política, económica y social del país, ni más ni menos que la culminación de las tres anteriores: la Independencia, la Reforma y la Revolución. AMLO se concibe a sí mismo como la culminación de la sucesión de los héroes que han construido la patria: Hidalgo, Morelos, Juárez, Villa, Zapata y Cárdenas. 

El formato del mensaje fue una combinación de informe, con datos dispersos sobre varios temas, y mensaje de ánimo a la nación en medio de la crisis sanitaria y la crisis económica. Llama la atención que una de las primeras oraciones que abren el mensaje es que “nunca en más de un siglo se había insultado tanto a un presidente de la República y la respuesta ha sido la tolerancia y la no censura”. 

Efectivamente el presidente ha sido muy criticado, pero evidentemente no es el más criticado de la historia. Seguramente sí ha sido insultado, sobre todo en las redes de internet, pero tampoco parece ser cierto que sea el más insultado de la historia. Pero en honor a la verdad hay que decir que tal vez AMLO sea el presidente que más insultado a muchos durante el año y medio de su gestión. Mucho más a los periodistas y a algunos medios impresos, tanto nacionales como internacionales, pero nunca a las grandes televisoras. El presidente se ha cansado de llamarlos “prensa fifí”, hampa del periodismo y otras linduras por el estilo. Acusa a todos sus críticos de estar motivados por la afectación a sus intereses, de ser conservadores, neoliberales, corruptos e hipócritas. De manera cotidiana, en sus conferencias mañaneras el presidente reparte insultos a diestra y siniestra. Ni los médicos, ingenieros o científicos se han salvado de sus ataques e insultos. Por supuesto que en algunos medios y en las redes sociales hay quienes han insultado al presidente, pero sin lugar a dudas los insultos presidenciales son mucho más abundantes y tienen la contundencia que les da el ser emitidos en las conferencias mañaneras.

Un par de días después el presidente dijo que la oposición es minoritaria, que solamente se ubica de la clase media para arriba y la comparó con la ultraderecha europea y el cacerolismo en el Chile de Allende. Además aseguró que los periodistas que lo critican cobran mucho dinero por hacerlo (un millón o medio millón de pesos al mes), por lo que está pensando en cobrarles una contribución por ello, lo que equivaldría a una “licencia” para criticarlo. En realidad, parece claro que el presidente hace estas declaraciones a propósito, son provocaciones precisamente para que se le critique y después pueda victimizarse. Es difícil encontrar en el pasado a algún presidente que haya tenido ese tipo de comportamiento.

En la parte de su mensaje que se puede considerar informe, el presidente reitera información que ha dado en informes anteriores y repite en las mañaneras. La política social evidentemente se encuentra en el centro. Supuestamente una buena proporción de los mexicanos pobres ya es beneficiada por los distintos programas (pensión a adultos mayores, becas a ninis, etc.). El objetivo es lograr que al final de este año el 70% de los mexicanos, de las clases medias a los más pobres, sea cubierto por estos programas. Se trata de un programa muy ambicioso, pero realmente no hay forma de cotejar y evaluar la información al respecto. Los padrones de beneficiarios fueron elaborados por los “servidores de la nación”, un ejército de activistas electorales del partido del presidente que luego fue asimilado a la estructura gubernamental. El problema es que esos padrones no son conocidos y se han manejado de manera muy discrecional. Probablemente estos programas están dispersando grandes recursos entre los mexicanos pobres, lo cual, como el propio presidente plantea, impactará sobre el mercado interno. El problema es que también están creando clientelas electorales favorables al partido gobernante. 

También el presidente reitera la importancia de sus obras consentidas, como el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas, y que se les sigue apoyando porque crean empleos y se convertirán en motores de la economía. Al mismo tiempo plantea que el plan de austeridad gubernamental ha conducido al ahorro de millones y millones de pesos al eliminar la corrupción que se presentaba de varias formas: como sueldos elevados (que ya se redujeron), compras con sobreprecios y moches (que ya se corrigieron) y estructuras gubernamentales extensas y redundantes (que se recortan hasta extremos no vistos antes). El problema es que ante las dos graves crisis que vive el país, la de salud y la económica, el presidente sigue insistiendo en esa estrategia y no ha desarrollado medidas específicas para enfrentarlas. La situación actual evidencia que la economía caerá este año como nunca antes (por eso el presidente ya eliminó de su vocabulario conceptos como PIB, por ejemplo) y que la pandemia está provocando contagios y muertes que ya han desbordado los cálculos del gobierno. Pero ante eso el presidente no tiene propuestas. Se continuará este balance en una próxima entrega.

*Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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