Opinión


Dualidad y cultura científica aun en COVID-19

Dualidad y cultura científica aun en COVID-19 | La Crónica de Hoy

Lilia Anaya Vázquez* 

Ahora que la humanidad sufre nuevamente una pandemia, la ciencia ha tomado una enorme relevancia, sobre todo en el campo de la epidemiología. Los científicos y médicos especializados han aparecido en medios a exponer sus opiniones o recomendaciones por iniciativa propia o porque han sido requeridos para ello. La academia, desde diversas áreas se ha esforzado en colocar en este nuevo contexto, distintas problemáticas de nuestras sociedades e intentan retratar un panorama futuro de ellas. Desde que surgió el SARS-coV-2, información científica, no ha faltado.

Al parecer, conforme avanzan los casos de contagio y, por desgracia de muerte, crece también la conciencia social pero, independientemente de que mucha gente no ha podido quedarse en su casa por necesidad, ¿por qué pagar un precio tan alto para entender la importancia de las recomendaciones de los expertos? Surge la vieja duda: ¿por qué muchas personas no confían en la información científica y sí en teorías de fuentes desconocidas? 

Recordemos que, en términos generales y, de acuerdo con encuestas que se han realizado en diferentes años sobre percepción de la ciencia en México, se presenta una dualidad peculiar: las personas confían y desconfían, creen y no creen en la ciencia y en los científicos. El mismo presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, tiene un doble discurso sobre lo científico: por un lado demuestra desconfianza hacia la comunidad científica pero, por otro, ha dicho que deja el seguimiento de la pandemia en manos de la ciencia. 

En el mismo dimorfismo, surge este fenómeno que hemos observado de fascinación hacia un personaje público que a nivel nacional nos ha venido explicando los detalles de la pandemia. Llama la atención, al menos desde la comunicación pública de la ciencia, que los comentarios que le hacen en redes sociales, son en gran medida de agradecimiento por sus explicaciones porque se entendió una problemática planteada, por cierto, en términos de la divulgación, como se hace muchas veces en eventos desde la academia, pero ahora a nivel nacional y ante problemáticas que nos afectan en la inmediatez. Aunque la gente sigue preguntando sobre aspectos que ya se han explicado varias veces, se supone, de manera clara.

Al margen de las desgracias ocurridas por este coronavirus, hoy la ciencia tiene una gran oportunidad de mostrar para qué sirve, aunque puede ser una situación peligrosa, porque a nivel nacional o estatal; por su cargo público o por su exposición en los medios de comunicación, sólo está representada por unas cuantas personas, que si se equivocan, no serán ellas, sino, muy probable e injustamente, será la ciencia. 

En lugar de idealizar personajes de este sector, como frecuentemente sucede, usemos el sentido común, y pensemos en la condición humana de la comunidad científica, donde, como en otras, se cometen errores, faltas y desacuerdos. Por otra parte, entender cómo funciona la ciencia, podría ayudar a inferir con mayor amplitud sobre sus temas y, sobre todo, a tomar mejores decisiones en todos los ámbitos sociales, lo que implicaría mejoras en las condiciones de vida. En la búsqueda de soluciones se requiere del conocimiento y de la experiencia de quienes llevan años haciendo investigación en diferentes áreas, pero también, de una cultura científica en la población.

¿Y cómo se genera una cultura científica? Bueno, esa pregunta creo que aún no se ha terminado de contestar, pero desde la divulgación de la ciencia se ha tratado de contribuir, no solo en ese sentido, es decir, no solamente generando productos de comunicación y actividades para mostrar de manera accesible diversos temas al público lego; también se han tejido puentes entre sectores sociales y científicos. Estudiosos del consumo cultural en nuestro país —aunque tocan poco el tema de la ciencia, pienso— han señalado, al igual que muchos grupos de comunicadores, la importancia del gestor cultural y del divulgador como generadores de este importante vínculo ciencia-sociedad.

Para especialistas en el tema del consumo cultural, éste se relaciona con tres factores fundamentales: la democratización cultural, que implica ampliar la oferta y con ello la capacidad de elección del consumidor; la educación, que permite mejorar el entendimiento y apreciación de lo que se ofrece y, por último, los mediadores (gestores y divulgadores) para ayudar al entendimiento y acercamiento de los temas. Mirando a la ciencia como parte de la cultura y del patrimonio cultural, estos elementos deben contemplarse en el quehacer de la comunicación pública de la ciencia, pero también en la educación básica y preuniversitaria de nuestro país que, dicho sea de paso, debe vigilarse, para que no aparezcan trabajos de “investigación” de concursos de “ciencia” en donde ésta brilla por su ausencia pues, al contrario, se tergiversa. 

Actualmente las propuestas en la divulgación apuntan a incentivar una participación más activa de los públicos y de la comunidad científico-académica, involucrando a las humanidades, y buscando oportunidades en las que la ciencia pueda colaborar de manera comunitaria, sin dejar de destacar la importancia de la ciencia básica, que genera conocimiento para ir construyendo el rompecabezas de la vida y lo que le rodea. 

La también llamada popularización de la ciencia tiene sus propios contratiempos: falta de presupuesto, entendimiento de su existencia o la casi ausencia de programas de alto nivel para profesionalizar a quienes nos dedicamos a esta labor. Faltan estudios sobre públicos y “no públicos”, así como herramientas de medición que permitan saber con mayor claridad el impacto de nuestras actividades. La COVID-19 asimismo ha afectado el quehacer de la divulgación de la ciencia; ha bloqueado la posibilidad de las actividades presenciales, en las que hay contacto directo entre público y científicos como en las charlas, talleres o ferias, no obstante nos ha orillado a llevar estos eventos con mayor frecuencia a lo virtual, ampliando la oferta en esos medios y nuestros públicos. Con todo y sus obstáculos, la divulgación de la ciencia —importante en los discursos, pero trivial en la repartición de recursos— ha venido despertando en varias generaciones, esa chispa de curiosidad por lo científico de la que hablaba Carl Sagan.

* Responsable de la Oficina de Divulgación de la Ciencia y las Humanidades de la Coordinación de Extensión Universitaria de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana

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