Opinión


El caso mensual del New England Journal of Medicine

El caso mensual del New England Journal of Medicine | La Crónica de Hoy

Hace algunos años dos estudiantes de mi laboratorio iniciaron en forma espontanea entre ellos, una reunión para revisar, seguir y discutir un caso clínico que publica el NEJM el primer jueves de cada mes.  Lo hacían en la mesa de trabajo del laboratorio y llamaba la atención que, aunque ambos estaban en ese momento concentrados en proyectos de investigación experimental complejos, entre ensayo y ensayo propios de un laboratorio en biomedicina (western blots, PCRs, transformaciones celulares, geles de agarosa o espectrofotometría de ácidos nucleicos), encontraban tiempo para discutir un caso clínico. Por otro lado, si bien uno de ellos, Eduardo Ríos Argaiz, es médico, la otra no. Silvana Bazúa Valenti estudió la licenciatura en investigación biomédica básica de la UNAM, pero siempre ha mostrado enorme interés por la clínica y la investigación traslacional. Ambos se graduaron del doctorado con todos los honores y siguieron su camino. Eduardo es hoy residente de cuarto año de medicina interna en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Silvana es Fellow Research of Medicine en el Broad Instituto del MIT-Harvard y de la División Renal del Brigham and Women’s Hospital en Boston.

            Después de un tiempo me percaté que a veces los viernes por la tarde, al pasar por el pasillo del laboratorio, veía en el fondo a Lalo y Silvana, con una laptop entre centrífuga y microscopio, discutir acaloradamente sobre un caso clínico, hasta que un día me acerqué a ver que estaba pasando.  Los que somos asiduos lectores del NEJM sabemos que el primer jueves de cada mes publican un caso clínico de interés especial, en una sección llamada Clinical problem-solving (resolución de problemas clínicos) y la acalorada discusión entre ellos ocurría justo al día siguiente al revisar ese caso.

El NEJM es una publicación semanal de medicina, cuyo primer número vio la luz en enero de 1812 y se considera como la revista más influyente en el mundo de la medicina. Las oficinas editoriales están en el sexto piso de la biblioteca Francis Countway de la escuela de medicina de Harvard. Desde que estuve en la escuela de medicina, el NEJM se convirtió en mi revista preferida. La recibí en casa desde 1982, hasta hace un poco más de una década, que cambié a suscripción en línea. Y me ocurre algo especial. A pesar de que podría leerla sin costo en línea a través de la UNAM o del Instituto, no puedo dejar de continuar con mi suscripción personal. Hace algunos años en un velero en las islas griegas, al que nos invitaron unos amigos de Cardiff, Inglaterra, a uno de ellos le llamó la atención que estuviera leyendo el NEJM en mi iPAD en medio mediterráneo. ¿Cómo es que estás leyendo el NEJM en tus vacaciones? Me dijo, a lo que respondí diciendo.- para mi es un placer leer el NEJM, así que todavía mejor, con calma y sin prisa, porque estoy de vacaciones.

En este artículo se presenta una historia clínica de una forma particular en donde se intercalan los datos clínicos o paraclínicos del enfermo, con la opinión de un experto que va discutiendo el caso en forma ordenada, de manera tal que el lector puede tomar el papel del experto y discutirlo. Suelen ser casos difíciles por su rareza o por la presentación atípica de una enfermedad común. Esto sirve para que un grupo de estudiantes, residentes y adscritos puedan ir dando sus opiniones conforme se les van ocurriendo y propongan los pasos a seguir, por lo que se presta para una sesión un tanto desordenada, pero divertida.

Después de unirme a Lalo y Silvana en la discusión, se agregó mi buen amigo el Dr. Eduardo Carrillo Maravilla, internista del más alto nivel en el Instituto, quien no tardó en proponer hacer esto más grande y así, durante mucho tiempo, un viernes al mes por la tarde, el aula del Departamento se llenaba a reventar con alumnos de pregrado, residentes y adscritos (algunos que en ocasiones venían de otro hospital), para discutir el caso del NEJM, todos bajo la batuta de Silvana, como lectora del caso y, cuando ella se fue, por algún otro estudiante de mi laboratorio. Al cabo del tiempo me percaté que para ellos, heredar la presentación del caso del NEJM se convirtió en un honor. El único requisito para participar en la sesión era no haber leído previamente el caso.

Como en una buena discusión académica, la opinión correcta de que hacer, que buscar en el enfermo, que exámenes de laboratorio o gabinete pedirle, que se espera encontrar y el posible diagnóstico, podía venir indistintamente de un estudiante de pregrado, de un residente o de un adscrito. La sesión se veía aderezada por los comentarios puntuales y preguntas incisivas de Eduardo, así como la constante evidencia de su conocimiento enciclopédico de la medicina. No era infrecuente que su argumento lo sostuviera con algo así como: eso lo publicó fulano de tal en noviembre de 1964, en un artículo del Annals of Internal Medicine. Mi insistencia en cada sesión de que cualquier caso presentado, fuera lo que fuera, podría ser tuberculosis, resultaba divertida para los estudiantes más jóvenes.

La pandemia nos ha quitado esta diversión. Por su naturaleza desordenada, este tipo de sesiones es imposible hacerla por videoconferencia. Si compartes la pantalla para seguir el caso, no podrías ver más que máximo a cinco participantes. La diversión es que varios opinen, a veces al mismo tiempo. Que se atropellen unos con otros al hablar, para ver quien logra resolver los acertijos. Es una pena que en lo que va del 2020 tengamos suspendida la sesión mensual del caso del NEJM. Pero los casos ahí están y no los hemos leído. Así que cuando el semáforo verde lo permita, reanudaremos las sesiones de viernes, con la ventaja de que durante un tiempo podrán ser más seguidas, porque tendremos muchos casos atrasados.

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