Opinión


El mal ejemplo de Trump sin tapabocas

El mal ejemplo de Trump sin tapabocas | La Crónica de Hoy

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos recomienda con firmeza que los 310 millones de estadunidenses usen tapabocas cuando salen de sus casas. El presidente Donald Trump, sin embargo, no sólo ignora la recomendación del prestigiado órgano médico del gobierno, sino que se burla de las mascarillas, reforzando así la idea, prelaveciente aquí, de que  la decisión de usar una o no, es de acuerdo a la ideología política.

El lunes, el mandatario compartió a sus 80 millones de seguidores en Twitter, una fotografía de quien será su rival demócrata en las elecciones de noviembre, el exvicepresidente Joe Biden, con lentes oscuros y un tapabocas negro que le cubre casi toda la cara, donde se lee: “Esto explica porqué el presidente no quiere usar mascarilla en público”.

Es obvio que Trump trató de ridicularizar a su adversario mostrándolo débil por usar cubreboca, pero también lo hizo para mostarle a sus seguidores que él no necesita usarlo y que si ellos no quieren hacerlo, no tienen que, aun cuando se han suscitado hasta enfrentamientos mortales, como el de un policía asesinado, por pedirle a un individuo que usara mascarilla para entrar a un Walmart.

Al principio, cuando el país no tenía suficientes, se dijo que las mascarillas no eran necesarias , pero en abril se empezó a sugerir su uso como medida de prevención. Desde entonces, Trump ha venido insistiendo en que llevarlas es voluntario y que él mismo no piensa usar una. Tampoco la Primera Dama ni el vicepresidente la usan. En cambio los líderes demócratas sí.

Una encuesta realizada por AP reveló que 76 por ciento de los demócratas están de acuerdo en usar tapabocas, pero sólo 59 por ciento de los republicanos piensa hacerlo. Esto, en momentos en que el uso de mascarillas es requisito en casi todas las ciudades para salir a la calle y entrar a los comercios y cuando aun otros del mismo partido que Trump, están suplicándole a la población llevarlas puestas. Tal es el caso del gobernador de Dakota del Norte, Doug ­Burgum, que con lágrimas en los ojos les pidió a sus conciudadanos que dejen a un lado “la política y la guerra cultural sin sentido” que ha surgido en contra de cubrirse o no la nariz y la boca.

En los dos viajes de trabajo fuera de la Casa Blanca y de Washington, desde que la pandemia llegó, Trump nunca ha usado mascarilla ni cuando visitó una fabrica de tapabocas en Arizona, aduciendo que no la necesita porque no está enfermo y que tampoco quiera darle gusto a la prensa de que lo vean con una.

Se sabe que Trump ha comentado que ser visto con tapabocas enviaría el mensaje equivocado, daría impresión de debilidad y temor, lo que complicaría la reactivación de la economía que tanto necesita como punto clave para su reelección. Sobre todo ahora, que mucho se le critica el haber ignorado por semanas la advertencia del virus. 

De acuerdo a otra encuesta de la Universidad Quinnipiac, sólo al 38 por ciento de los republicanos les gustaría ver a Trump con mascarilla, mientras 90 por ciento de los demócratas piensa que el presidente debería poner el ejemplo usando una. Después de todo ponerse un tapabocas es cosa fácil y está comprobado que el virus se trasmite principalmente por la boca.

A lo largo de la historia, los presidentes siempre han sentido que deben dar imagen de buena salud y gran fuerza moral para ser respetados: Franklin D. Roosevelt pocas veces se dejó ver en silla de ruedas y el viril ­John F Kenendy ocultó siempre los dolores crónicos que sufría.

Trump insiste en que usa mascarilla pero no enfrente de las cámaras. No donde alguien lo pueda ver. Dado que su fama viene de ser estrella de un reality show de televisión se sabe que el mandatario se preocupa mucho por su apariencia, de ahí el peinado y el bronceado para, según él, lucir de lo mejor. Está totalmente enfocado en cómo la gente lo percibe. Quiere ser visto como un líder fuerte y sin miedo. Y eso, en su mente, no va con mascarilla.

El problema es que ahora que el país esta ­reabriendo, aun cuando el COVID-19 continúa afectando a la gente en un promedio de 30 mil nuevos casos al día, usar  mascarilla en público no sólo es señal de respeto a los otros, sino la única manera de impedir que el virus resurja. Pero Trump no lo va a hacer. Simplemente, no le da la gana.

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