Opinión


El Porfirio de siempre

El Porfirio de siempre | La Crónica de Hoy

ING. CUAUHTÉMOC CÁRDENAS,
EL POLÍTICO MÁS TRANQUILO DE MÉXICO:

+El que la hace, no siempre la paga
Anónimo

 

Conocí a Porfirio Muñoz Ledo en la década de los setentas. Siempre un hombre brillante, tal vez el mejor de su generación.
Trabajador compulsivo y con la cabeza muy bien amueblada, siempre se supo poseedor de esos atributos. Por aquel entonces, las oficinas de Comunicación Social daban sus primeros pasos en el gobierno de México, con el presidente Luis Echeverría al frente.

No desperdició la oportunidad que le abrió Echeverría para asumir el cargo de secretario del Trabajo y Previsión Social y modificar a fondo la política obrera del Gobierno de la República que propiciara una profunda rehabilitación y modernización del movimiento laboral del país y la creación de numerosas
organizaciones para el servicio de la clase trabajadora, quizás el Instituto del Fondo Nacional Para la Cultura y el Consumo de los Trabajadores —el Fonacot— y participó intensamente en la fundación del Infonavit, las dos más conocidas de todas.

El aquella época comenzaron a crearse nuevas dependencias para intensificar el uso de la también entonces naciente comunicación social y Muñoz Ledo me convenció de hacer un paréntesis en mi labor periodística, muy recientemente iniciada y operarle la Dirección General de Información y Relaciones Públicas de la Secretaría del Trabajo.

Era la STPS una secretaría de menor rango y escaso presupuesto, que Muñoz Ledo supo elevar al primer plano, poniendo en ello todo su talento aprovechando la perspectiva de semiizquierda tirando a populista, de Echeverría.

A Muñoz Ledo ser personaje importante de las planas de los periódicos, las cámaras de televisión y los micrófonos de la radio. Hablaba largamente, exponiendo conceptos siempre importantes sobre la situación política, social y económica del planeta, aunque a veces no fueran prácticas para el momento
presente. En diversas ocasiones, un alterado secretario del Trabajo me reclamaba por permitir que los reporteros publicaran informaciones que el generaba él sobre cuestiones ajenas a las laborales que a veces provocaban movimientos telúricos… “¡Mire, Leopoldo, mire esta nota, ¡¿mm?!, ¡¿mm?!”,
hervía de coraje. “¡Pero eso fue lo que usted dijo, licenciado..!”, le respondía. “¡Mendííívilll, eso no era así, nooo...! ¿Arréglelo!, Mendívil...!”

Siempre Muñoz Ledo se sentía mejor cuando se movía en los límites porque la única jerarquía que respetaba era la de la inteligencia; se medía con cualquiera y los clasificaba, con respecto a él, pésimo, por debajo, casi igual, pero nunca superior. A José López Portillo, primero director general de la Comisión
Federal de Electricidad y luego secretario de Hacienda y Crédito Público, lo consideró un inepto y se lo hizo sentir aún después de ser destapado por su amigo de la infancia Luis Echeverría, quien hizo a Muñoz Ledo presidente del PRI para realizar la campaña electoral de JLP, quien luego lo premiaría con la Secretaría de Educación Pública para correrlo de ahí un año después… Para hacerlo representante de México en la ONU, de donde unos siete años después lo sacó el presidente Miguel de la Madrid para regresarlo a México, en donde años más tarde, confrontado con este último para variar, se unió
a Cuauhtémoc Cárdenas crear el Partido de la Revolución Democrática, tener más tarde una efímera alianza con Vicente Fox y poco después entregarse a los brazos del Poder Legislativo de la Unión, donde permaneció hasta que dio el campanazo más sorprendente que ahora lo tiene a unos pasos de asumir la
dirigencia del MORENA, el partido que fundó Andrés Manuel López Obrador para convertirse en Presidente de la República, pero naturalmente… en medio de la bronca que hoy por hoy domina los territorios políticos de la República, luego de ganar por media centésima de punto porcentual a Mario Delgado, de ahí que las tres principales casas encuestadoras hayan declarado empate técnico.

Tengamos presente que una encuesta no es lo mismo que votos en las urnas. Claro que al Porfirio de siempre le disgustó el resultado y amenazó con tomar posesión ayer de la presidencia de MORENA. A sus 87 años, Porfirio está listo para seguir dando batallas, pues con todo y sus muchos talentos, el tigre de la rifa que es Morena, quien lo presida, parece estar condenado a la fragmentación si AMLO no asume su papel de factótum.

“Si López Obrador quiere partido, que me deje actuar, que me apoye. Hay poco partido y mucho movimiento”, sentenció ya el Porfirio de siempre.

 

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