Opinión


El túnel del tiempo: Trump-AMLO

El túnel del tiempo: Trump-AMLO | La Crónica de Hoy

Ayer, 6 de noviembre, me desperté escuchando la noticia que Trump alegaba que el aparato
corrupto demócrata le quiere robar la elección con un fraude organizado por la mafia política-
financiera coludida con los medios de comunicación. Esto me hizo recordar el apretado triunfo
trumpiano de 2016 que no fue cuestionado por sus oponentes y ni por el próximo EX presidente
de E.U.A.

La estrategia populista basada en que “sólo hay democracia cuando gano y fraude cuando pierdo”
Para Trump y AMLO sólo las elecciones que les favorecen son legítimas. Esa es la veta autoritaria
que los acerca políticamente. Esta afinidad invoca la relación Hitler-Mussolini, en la que el primero
despreciaba al segundo y lo ninguneaba, pero lo apoyaba porque le era útil en su estrategia de
sometimiento a los adversarios y además había seguido un camino similar en la conquista del
poder empedrado con la promesa falaz a un electorado harto de politiquería.

Esta semana los estadunidenses castigaron en las urnas al sociópata mentiroso que se creía el
salvador de la nueva grandeza americana, quien durante cuatro años de gobierno sólo sembró la
semilla del odio y la discordia con un discurso incendiario que reavivó los profundos
distanciamientos raciales añejos. Un retroceso a muchas décadas de trabajo de conciliación social.

No gana Biden, cuya figura política es débil y manchada con un pasado ligado a los Clinton que no
son un ejemplo de la honestidad y compromiso con las causas sociales. El triunfador de las
elecciones del 2020 es la clase política opuesta al populismo que tiene una nueva (¿la última?)
oportunidad de procurar una sociedad más igualitaria en condiciones de razonabilidad y
prudencia. Pierden los promotores de la estrategia de la confrontación.

Los adoradores del mercado -Trump y compañía- y los restauradores del pasado estatista autoritario —AMLO y su 4ª transformación— apoyados en una estrategia populista están condenados a fracasar porque el discurso de “yo nunca me equivoco y tengo siempre la razón; los malos y corruptos son los otros, yo encargo la grandeza de América o al Pueblo” sin resultados tangibles acaban aislándolos políticamente. Es la ruta al fracaso en el mediano y largo plazos en un ambiente democrático.

La democracia representativa, que es la forma menos mala de gobierno, parafraseando a Churchill, preserva algo esencial en la política, que el populismo autoritario destierra. En la pluralidad, existe la posibilidad de que la comunidad cambie el rumbo aún cuando se equivoca y permite, periódicamente, replantear sus objetivos y elegir a sus líderes en condiciones de equidad electoral.

Hace cuatro años los votantes apoyaron a la ilusión populista y hoy le retiraron su respaldo. Pocos
ven en el próximo Presidente Biden a un personaje que represente a la pluralidad racial, económica, urbana, cultural y social de los Estados Unidos, pero la mayoría lo relaciona con un camino distinto a la sinrazón y al personalismo político exacerbado.

Cuando desperté, me sentí en el túnel del tiempo y recordé las elecciones del 2006 en México que
perdió AMLO por un pequeño margen, alegó un fraude de la mafia en el poder e hizo su plantón en Paseo de la Reforma. Este túnel me llevó a la incertidumbre que generaron las acusaciones infundadas jurídicamente de fraude. Si bien Trump tiene en 2020 a sus huestes de abogados y grupos racistas, AMLO en 2006 movilizó a su clientela política reclutada en los beneficiarios de los programas de gasto social y la economía informal.

Luego, ese túnel del tiempo me proyectó a las elecciones de julio del 2021 y me hizo ver un escenario predecible. Si el Presidente obtiene la mayoría en la Cámara de Diputados serán las elecciones más limpias de la historia, pero si la pierde serán los resabios de un fraude orquestado por el aparato corrupto del INE. Lo que no pude ver es si estamos o no ante el renacimiento del autoritarismo populista financiado con el presupuesto.

Afortunadamente, el futuro no es destino. La política es responsabilidad de los ciudadanos y de sus líderes más cercanos, no de un individuo y su séquito. La pluralidad se forja en los estados y los
municipios. Eso explica la fuerza de los gobernadores “rebeldes” y los resultados de las elecciones
de Coahuila e Hidalgo.

Lo preocupante es que con los siervos de la nación y el presupuesto manejado desde el Palacio Nacional refuerzan las raíces autoritarias estatistas que existen en nuestro país. La derrota de Trump es la expresión de que los electores tiene derecho a corregir los errores del pasado inmediato. Este mensaje ya fue entregado al dueño del púlpito de las mañaneras y a los ciudadanos que calificarán al gobierno en las urnas en el 2021. Vale.

Socio director de Sideris, Consultoría Legal
cmatutegonzalez@gmail.com
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