Opinión


¿Está Trump en sus cabales?

¿Está Trump en sus cabales?  | La Crónica de Hoy

A principios del pasado diciembre en China, el doctor Li Wenliang ­trató de advertir no sólo a sus colegas sino a su gobierno, sobre  la amenaza del coronavirus. Fue castigado, acusado de comportamiento fuera de la ley y obligado a declarar sin fundamento sus advertencias. Un mes después falleció víctima del COVID-19.

Su caso fue apliamente criticado en Estados Unidos, donde, sin embargo, a principios de abril, el capitán Brett Crozier, del buque de guerra Theodore Rooselvet anclado en las costas de Guam, fue despedido de su empleo luego de que denunció la falta de atención a los cerca de 150 marineros infectados, de los 5 mil bajo sus órdenes en el navío.

En ambos casos, régimenes totalmente diferentes han optado reprobablemente por censurar y castigar a quienes se han atrevido a denunciar una verdad. Y no sólo eso, sino que un caso de censura similar ha sido adoptada por la APA o Sociedad Americana de Psiquiatría que ha decidido prohibir que se hagan públicos diagnósticos o conjeturas sobre el estado mental del presidente Donald Trump, si el experto que las hace, sin importa sus estudios o credenciales, no lo ha tenido personalmente como paciente.

Esto luego de que innumerables profesionales de salud mental venían expresando preo­cupación por el mandatario. De hecho, más de 70 mil de ellos firmaron un manifiesto advirtiendo su peligrosidad. Y en 2017, 27 especialistas encabezados por la doctora Bandy X. Lee, catedrática de Psiquiatría de la Universidad de Yale, escribieron un ensayo titulado “La peligrosa mente de Trump”, donde lo definen como una persona inestable y no apta para el puesto.

Estos expertos claman ahora que los últimos acontecimientos y la respuesta del presidente a la crisis del coronavirus ha venido a confirmar sus conclusiones.

Establecen que Trump es un narcisista maligno, un mentiroso patológico, alguien que está despegado de la realidad y que vive en sus propio mundo de fantasía.

Y es que el jefe de la Casa Blanca, un personaje de un reality show de televisión que llegó a lo más alto del poder mundial, no sólo ­ignoró, y negó en un principio la gravedad de la pandemia, sino que abandonó a sus ciudadanos, dejándolo sin un verdadero plan de acción, de modo que familias, escuelas, empresarios, tuvieron que reaccionar por sí mismos. Al tiempo que el país carecía de lo mas elemental, como guantes y mascarillas, ya no se diga los sofisticados respiradores artificiales.

Así, mientras la población civil sacó sus máquinas de coser y se puso hacer mascarillas para mantener a médicos y enfermeras sin contagiarse y que pudieran salvar vidas, las Naciones Unidas y diversos países enviaron ayuda humanitaria al país más rico del mundo, que las suplicaba envuelto en su propia crisis.

Una crisis que, a decir del historiador Max Boot, ha elevado a Trump de ser el peor presidente de Estados Unidos en los tiempos modernos, a el peor presidente de este país en toda la historia.

Sin embargo, la actitud del mandatario no debería ser sorpresa para nadie, es bien sabido que Trump no lee, a menos que su nombre aparezca muy grande en el encabezado. Y antes de la Oficina Oval, sus únicas actividades eran jugar golf, endeudarse y su trabajo en la televisión.

Durante su campaña en 2016 Trump ­dijo: “soy muy, muy inteligente”. Dos años mas tarde insistió en que “soy un genio muy estable” y en la más reciente descripción de sí mismo, la semana pasada, afirmó que “no soy doctor, pero soy una persona que tiene muy bueno ya saben qué”. Sin embargo su sugerencia esa noche de que inyectar desinfectantes en el cuerpo humano podría ayudar a combatir el coronavirus, realmente no sonaron como palabras de un doctor, ni de un genio y menos de alguien que tiene ese no sé qué tan bueno.

Ningún político estadunidense a lo largo de los siglos puede competir con las falsedades y falta de lógica del actual jefe de la Casa Blanca. Lo dicho por Trump sobre los desinfectantes, en televisión nacional en vivo, en medio de la más grave crisis de salud en décadas, es para muchos lo más loco y desquiciado que el mandatario ha dicho.

Para otros, hubo declaraciones igual de terribles, como cuando en video habló groseramente de las partes íntimas de la mujer, luego el elogio a los supremacistas blancos y los insultos al fallecido y respetado senador, John McCain, burlándose de que fue prisionero de guerra. Aun así, sus seguidores jamás se convencerán de que cuerdo, este señor no está.

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