Opinión


Golpe de timón

Golpe de timón | La Crónica de Hoy

Cuando los que mandan 

pierden la vergüenza, 

los que obedecen pierden el respeto”. 

Georg Christoph Lichtenberg 

 

Quizás aún más negativo que su decisión de declarar la guerra contra el narcotráfico, fue que el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, procediera sin una estrategia sustantiva. Hoy el gobierno —entonces oposición— que tanto condenó la guerra contra el narco, ha dado muestras claras de seguir exactamente los mismos pasos. 

Aunque los enemigos principales no son ahora La Familia Michoacana ni Los Zetas, el combate al narco continua; la seguridad pública también se ha militarizado y el empleo de las fuerzas armadas (FA) se ha desnaturalizado tanto que incluso participa en la prevención de la corrupción, tomando el control de puertos y aduanas. 

Apenas hace unos días, en un inédito suceso, el que ahora sabemos es un grupo élite del CJNG (o sea que aún no conocemos a la tropa que normalmente es más numerosa), hizo gala de su poderío armado: camionetas blindadas, armas largas y de grueso calibre, uniformes con camuflaje militar y un ejército de individuos vitoreando a su líder. La respuesta del gobierno fue de fábula en dos tiempos: Primero. Análisis de la autenticidad y temporalidad (no vaya siendo un video fake, de otro tiempo, de otros lugares u orquestado por los neoliberales). Segundo. A estar tranquilos todos que ese derroche de poder de grupos delincuenciales organizados no es amenaza contra el gobierno ni la población sino contra otro cártel. ¡Ah bueno! Y pensar que casi nos preocupamos en vano.

Si el problema de la delincuencia común es de por sí grave, mucho más lo es que la delincuencia organizada (do), lejos de contraerse se extienda a territorios y objetivos sobre los que antes no tenía alcance. El atendado vs. el secretario García Harfuch, es un claro ejemplo, también inédito, de la presencia y actuación de la delincuencia organizada en plena capital del país. 

¿Por qué ocurrió el ataque? Ocurrió porque pudo ocurrir bajo alguna(s) de esta(s) hipótesis. Uno. Porque nuestros sistemas de inteligencia fallaron absolutamente, ni lo vieron venir. Dos. Sí lo previeron y no se evitó porque, en algún nivel, existió complicidad para permitirlo. Tres. Sí lo previeron, pero no lo evitaron porque las organizaciones criminales son más poderosas y están mejor preparadas que las fuerzas del orden. Cuatro. Las condiciones son hoy más favorables para que la (do) amplíe su margen de actuación. Cinco. Si el clima de hoy es menos propicio para la (do) porque las acciones gubernamentales están pegando donde deben pegar, ver puntos Uno, Dos y Tres.

En cualquier caso, la estrategia de prevención y erradicación del delito está fallando. Probablemente la presencia de organizaciones criminales se intensifique. Apuesto a que la estrategia seguirá siendo de lucha contra el narco. Porque así lo quiso el gobierno o porque ese son es el que le están tocando. 

Esto en delincuencia organizada y en la desorganizada, apenas se dio a conocer el incremento en el delito de feminicidio y la respuesta del presidente fue decir que sí se está apoyando a las mujeres, niñas y niños aderezando con aquella eterna cantaleta de que son sus adversarios políticos quienes minimizan su labor. Como si fuera posible manipular los hechos y datos duros con críticas desde la oposición y la lucha contra el feminicidio comenzara con dádivas verbales.

El Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, se puso a salvo con el siempre útil escudo de la competencia local, eso sí, antes dejando claro que desconoce la regulación actual de ese delito pues dijo “hay estados que todavía no tipifican el feminicidio”. Hace años que todos los Estados tienen tipificado el feminicidio salvo, quizás, Chihuahua, que sí lo regula, aunque no como delito autónomo sino como una agravante del homicidio.

¿De recursos cómo andamos? Este año se expidió el decreto mediante el cual se establecieron medidas de austeridad para la Administración Pública Federal y de ellas quedaron sujetas a trato excepcional diversas acciones prioritarias como la Guardia Nacional y las Secretarías de Marina y de la Defensa Nacional. 

Sin embargo, a pesar de que la Guardia Nacional y Fuerzas Armadas estén inmiscuidas en temas de seguridad pública, no constituyen todo el cuerpo armado de combate a la delincuencia, pues falta la policía auténticamente civil, que representa el eslabón de primer contacto con la ciudadanía y que no está contemplado con “trato excepcional” o sea que mientras el CJNG hace alarde de sus recursos, nosotros le regateamos los propios a las corporaciones de seguridad.

Cuando el gobierno de la 4T comenzó, e incluso antes, se jactó de lo diferente que harían las cosas y del estado de bienestar que generarían. Ese cambio comenzaba transfiriendo la responsabilidad de la seguridad pública de la súper Secretaría de Gobernación a una supuestamente especializada Secretaría de Protección y Seguridad Ciudadana. Hoy seguimos en eso, una mera suposición.

Lo más dramático de nuestras circunstancias, no es en sí misma la delincuencia sino o la profunda obstinación por reconocer la crisis que nos consume o el desdén por la inteligencia de los gobernados a quienes creen poder engañar indefinida e inconsecuentemente. 

Cuando las instituciones son incapaces de utilizar adecuadamente tales potestades y herramientas (se refiere a leyes, reglamentos, organismos y uso de la fuerza) y fallan en su responsabilidad de preservar la vida, la integridad y la propiedad de las personas y las poblaciones, entra en crisis su primera razón de ser, se debilita el acuerdo que articula las instituciones a la sociedad, se degrada la calidad de vida y se pone en peligro la existencia misma del Estado. No son mis palabras. Con esta porción en su diagnóstico, hace más de un año, la Estrategia Nacional de Seguridad Pública predijo nuestro presente.

@capastranac

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

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