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"Háblele a su esposo, aunque esté inconsciente le dará fortaleza"

Omar no era muy cuidadoso, durante el semáforo rojo, se contagió y quedó postrado en un ventilador. Ahora la familia ha decidido actuar como si papá estuviera de viaje, mamá le videollama, entrega saludos de todos y le expresa el deseo de que regrese.

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“Estoy consciente que mi esposo tal vez no despierte de este letargo, lleva tres semanas intubado y dormido afectado por el COVID, por lo que las veces que me permitan hablarle a través de videollamada, seguiré dándole ánimos para que le eche ganas, que sus hijos y yo lo estamos esperando en casa y que no se desanime”, comentó a Crónica, Julia, vecina de la colonia San Rafael, en el municipio de Coacalco, y quien trata de ver la hospitalización de su pareja como una experiencia de la que confían saldrán adelante.

Julia, de 55 años y madre de tres adolescentes, dice que aún no cree lo que está viviendo su familia, independientemente de cómo fue la forma en que Omar, su esposo, se contagió del SARS-CoV-2, por lo que ahora lo que importa es que su pareja salga de este episodio desafortunado.

“El especialista que me tiene al tanto del estado de salud de mi esposo en el Hospital Bicentenario del ISSSTE, en Tultitlán, me habló sin rodeos, me dijo que no me quería dar falsas esperanzas, pero que cuando tuviera la oportunidad de hablarle a mi esposo mediante la videollamada que me permiten una vez por semana desde un cubículo del hospital, aunque él está dormido e intubado, él escucha lo que le digo, por lo que las veces que he tenido esta oportunidad, le hablo de mis hijos, que todos lo estamos esperando en casa, que ellos le mandan saludos, que esté tranquilo y que le eche ganas en su tratamiento”.

Sin dar crédito aún a lo que está enfrentando su familia desde el pasado 28 de agosto, cuando de urgencia llevó a su esposo al hospital Bicentenario, donde llegó con el nivel 30 de oxigenación en sus pulmones y con fiebre superior a los 38 grados, Julia no quiere ver esta situación como una pesadilla y mejor lo ve como una experiencia que a nadie le desea.

“Hasta el momento no he hablado con ningún psicólogo sobre este asunto, el único que ha hablado conmigo es el médico del área COVID, quien me explicó que aunque la vida de mi esposo está pendiendo de un hilo, los milagros ocurren y me pidió tener confianza en lo que están haciendo los médicos y enfermeras del hospital”.

Fuerte en su estado anímico, como si no estuviera pasando por esta difícil situación, Julia asegura que la ausencia de su esposo en casa es notoria, pues saben que está en el hospital luchando por su vida, pero tanto ella como sus tres hijos, Estela, de 18 años, Betty, de 17 y Carlos de 21, han hablado sobre cómo tratarán de ver las cosas en caso de que se presente el desenlace que menos desean.

“Yo les he dicho a mis hijos lo que el especialista me ha dicho, que mi esposo está en un sueño profundo al que fue sometido para intubarlo, que él no siente dolor alguno, que está tranquilo y respondiendo a los medicamentos que le suministran como complemento del tratamiento para combatir esta enfermedad. Mis hijos saben todo eso porque yo se los platico, y aunque es mal adelantarnos a las cosas, ya pensamos que si Omar pierde esta lucha, intentaremos pensar que se fue de vacaciones y que estará largo tiempo fuera de casa. Mis hijas no lo demuestran, pero las he escuchado llorar por su papá, no me dicen nada, pero tenemos que darnos ánimo para que esta situación no nos pegue también”.

La mujer, que asegura que todos los días es puntual a las 11:00 de la mañana en su visita al hospital para esperar los informes sobre la salud de su esposo, dice que no siente cansancio por sus idas y venidas diarias al hospital, pero que ya le han recomendado quedarse en casa.

“El médico del hospital me ha dicho que trate de tomarme un descanso de al menos dos días de estar en casa, que si ocurre algo en el estado de salud de mi esposo me lo harán saber por teléfono, y es que dice que mis expresiones de la cara muestran fatiga. Mis hijos también me han dicho algo parecido, pero yo no me siento cansada”.

Julia no quiere saber cómo se contagió del coronavirus su esposo, que aunque él fue muy cuidadoso, que lo que está ocurriendo es por algo y no hay vuelta atrás, por lo que ya se realizaron ella y sus hijos la prueba el COVID y dieron negativo.

“Lo único que tengo en mente es el momento en que Omar se puso mal, cuando me dijo en la tarde del 28 de agosto que sentía una opresión en el pecho, que le faltaba el aire y que sentía la cabeza caliente. No lo pensé dos veces, tomé sus papeles y nos fuimos al hospital. El médico que lo recibió y le tomó todos los signos me dijo que si nos hubiéramos tardado más ya no lo hubiéramos contado. Él llego casi morado, su nivel de oxigenación de los pulmones estaba en 30, según me dijo el médico. Por su estado detuvieron a mi Omar, llené los papeles para internarlo y le conectaron oxígeno. Me entregaron su ropa y sus pertenencias, me fui a casa y al día siguiente, antes de salir rumbo al hospital me llamaron por teléfono para pedir mi autorización para intubarlo, en lo que llegaba al ISSSTE para firmar los documentos pertinentes, pues su estado agravó. Eso es lo que más recuerdo y ojalá pronto lo pueda olvidar y que sea lo que Dios quiera”.

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