Opinión


Juguetes

Los juguetes son máquinas de disolver las cadenas del tiempo pero sin imponerse la tarea de batallar contra él. Cuando un niño juega de verdad, no sabe si lleva cinco minutos o cinco horas: esas categorías del timing adulto poco tienen que ver con él. Lo mismo les ocurre a los artistas: no pintan, escriben o componen música para matar el tiempo, sino que lo trascienden, lo convierten en materia creadora y se les olvida si ha sonado la hora de comer.

Juguetes | La Crónica de Hoy

Estos días de cuarentena por culpa del coronavirus que nos asedia imaginamos apenas cual será nuestro futuro (¡más vale no pensar demasiado en él!) pero en cambio nos asaltan muchos recuerdos. A mí me vuelve una y otra vez a la cabeza el título de una antigua novela de Juan Marsé que no he leído: Encerrados con un solo juguete. Y no precisamente porque los que estamos encerrados hoy no tengamos más que un juguete, sino por todo lo contrario: porque tenemos muchos, quizá demasiados. Que conste que no me quejo, ni mucho menos. Además de los libros, esos juguetes maravillosos a los que debo tanta alegría y hasta mi cordura (al contrario que don Quijote), tenemos películas, pasatiempos virtuales, música y una fuente incansable de noticias sobre lo que pasa y hasta sobre lo que no acaba de pasar. Nunca hubo antes tantas posibilidades de “matar el tiempo”, esa curiosa expresión vengativa con la que nos referimos a acelerar hasta la inconsciencia el proceso que nos destruye. Los que gozamos de la tranquilidad de no tener obligaciones sanitarias o laborales durante esta cuarentena y permanecemos encerrados en casa sin otra preocupación que evitar el hastío tenemos múltiples juguetes para entretenernos. Pero son juguetes de adultos, no juguetes puros como los de los niños.

¿Qué diferencia hay entre unos y otros? Pues que los niños nunca juegan para “matar el tiempo”. Cuando se ponen a jugar el tiempo no es su enemigo, salvo que los mayores les impongan horarios ajenos a su gusto. Al contrario, los niños reviven el tiempo, lo llenan de vida, lo inflan con un gas gozoso que se va escapando de manera embriagadora sin que ningún minutero pueda apresarlo. Los juguetes son máquinas de disolver las cadenas del tiempo pero sin imponerse la tarea de batallar contra él. Cuando un niño juega de verdad, no sabe si lleva cinco minutos o cinco horas: esas categorías del timing adulto poco tienen que ver con él. Lo mismo les ocurre a los artistas: no pintan, escriben o componen música para matar el tiempo, sino que lo trascienden, lo convierten en materia creadora y se les olvida si ha sonado la hora de comer o la de acostarse. Los niños que aún lo son de veras y los artistas juegan en serio, como Platón dijo que hacen los filósofos...

Esta cuarentena impuesta por el coronavirus que nos ha sacado a muchos de nuestra cronometrada rutina cotidiana es una buena ocasión para ver si podemos utilizar tantos nuevos juguetes como hoy tenemos a nuestro alcance al modo de niños o artistas, es decir no para batirnos contra el tiempo y matarlo sino para convertirlo en sustancia de la que se hacen los sueños. Da igual que el juguete sea un smart­phone, una videoconsola, un lápiz y un papel o sencillamente una ventana para vigilar las nubes que pasan sin hacernos caso. Los que no padezcan esta pandemia de modo clínico, los que permanezcan sanos pero enclaustrados en sus casas y en muchas ocasiones solos, pueden aprovechar la circunstancia insólita para volver a inventar el juego en sus vidas.

 

Fernando Savater©

 

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