Opinión


La educación en la sombra

La educación en la sombra | La Crónica de Hoy

No puede haber una real transformación social y cultural sin cambios en la educación; no obstante, las ideas educativas del presidente López Obrador no son claras. Se conoce su programa de becas, pero se ignora qué pretende hacer en esta materia. 
Sus pronunciamientos más relevantes han sido negativos. Repitió hasta la obsesión su deseo de acabar con la “mal llamada” reforma educativa, y lo hizo. Echó abajo el sistema de evaluación docente y suprimió el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Pero la demolición no fue seguida de una re-edificación.   
En cambio, el presidente ha hecho declaraciones que expresan, al menos, que abriga dudas sobre el valor de la educación escolar y sus efectos: eso parece colegirse cuando afirma que “un campesino cualquiera sabe tanto como un doctor en Harvard” o cuando dice: “la cultura, la verdadera cultura, se encuentra en el campo”. 
Sus posturas anti-intelectuales han sido reiteradas y manifiestas. Su descalificación de los dos grupos intelectuales privados más notables de México (Nexos y Letras Libres) a los que acusa de estar al servicio del neoliberalismo y la actitud de sospecha que asume cada vez que pronuncian las palabras “experto”, “ciencia” o “inteligencia” lo delatan como un enemigo de la Ilustración. 
 “La verdadera transformación, dice AMLO, es moral, lo que deseamos cambiar son los valores”. De acuerdo, pero para llevarla a cabo se necesita reforzar la educación moral, crear escuelas normales de excelencia, modificar los contenidos y las prácticas de la enseñanza, etc. Una gran transformación cuyas vertientes principales se desconocen o no se han anunciado. 
Se sabe, sin embargo, que el sector educativo está contra la pared, no sólo por la pandemia sino, principalmente, por la astringencia económica que ha sufrido a raíz de las draconianas políticas de austeridad que ha aplicado AMLO. La educación inicial, la educación indígena, la educación especial, las escuelas comunitarias de Conafe, las escuelas normales (es decir, las entidades que benefician a los más pobres) han sido severamente castigados con el presupuesto.  
Lo más grave: el magisterio ha sido abandonado a su suerte. No se han elevado significativamente sus salarios, no se han creado nuevos estímulos ---para, por ejemplo, inducir los buenos maestros a trabajar en las zonas más pobres del país. Se eliminó la “mal llamada” R. E. pero no se crearon nuevos sistemas de evaluación, formación y gratificación para el buen desempeño docente. El magisterio ahora carece de un sistema que estimule la formación continua mediante adecuadas gratificaciones. (¿O el presidente juzga que estas acciones son neoliberales?).
La única política educativa manifiesta del presidente son los programas de becas, pero AMLO se equivoca al pensar que con dar dinero a los es estudiantes se van a asegurar los aprendizajes y la permanencia en la escuela de los chicos. Hay estudios serios que arrojan evidencias que eso no ocurre –al menos, en algunos casos.  
La educación es el principal motor del desarrollo nacional, negarlo es una estupidez inaceptable. Es un crimen de lesa patria. Por lo mismo, ella debe ser preocupación para todos los mexicanos. 

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