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La pitaya, un fruto con beneficios para la salud

Tiene efectos vasodilatadores y protege al riñón en tratamientos contra cáncer. Estos beneficios muestran la importancia de estudiar el desierto para los mexicanos porque más del 60% de nuestro territorio es considerado zona árida y semiárida, añade la doctora en Ciencias Joyce Trujillo

La pitaya, un fruto con beneficios para la salud | La Crónica de Hoy

La pitaya es una de las frutas del desierto mexicano que menos se han estudiado, pero investigadores y estudiantes del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICYT) lograron documentar que el jugo de pitaya tiene efectos vasodilatadores en las arterias de roedores, además ayuda a conservar la estructura y función de los riñones durante tratamientos farmacológicos contra el cáncer. Estos hallazgos muestran la importancia de conocer y proteger a los ecosistemas y habitantes del desierto, dice en conversación con los lectores de Crónica la doctora en Ciencias  Joyce Trujillo Silva, una de las líderes de estos estudios.
Una revisión reciente coordinada por la doctora Trujillo Silva fue publicado en la revista científica Food Chemistry donde su alumna de doctorado Yadira Ramírez, la propia Daniela Joyce y su compañera investigadora , Natalia Martínez Tagüeña, exponen varias propiedades benéficas de los frutos del desierto y su potencial uso en un futuro en el tratamiento de algunas enfermedades crónicas que padecen los mexicanos como presión elevada y daño renal.
“Actualmente buscamos identificar compuestos funcionales presentes en el extracto de jugo de pitaya y evaluar su efecto en modelos in vitro e in vivo. Estamos por analizar químicamente los compuestos bioactivos presentes, mediante la extracción, fraccionamiento y análisis de su efecto vasodilatador”, agregó la doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Mujer que ha realizado un recorrido biográfico e intelectual extraordinario, hace cuatro años tuvo que optar entre realizar estudio de post doctorado en la Universidad de Yale, en Estados Unidos, o unirse a un nuevo grupo de investigación sobre el desierto, en San Luis Potosí. Ha practicado la atención clínica en nutrición con trabajadores de fábricas, pero también ha acumulado años de experiencia en trabajo de laboratorio con células y tejidos de riñón y ahora realiza trabajo de campo en el desierto conversando con pobladores de zonas áridas e identificando plantas que puedan tener compuestos bioactivos de valor para la salud.
Trujillo Silva trabaja en el Consorcio de Investigación, Innovación y Desarrollo de Zonas Áridas (CIIDZA), en IPICYT. Uno de los objetivos de este grupo científico es demostrar que el desierto no es una zona muerta y que tiene alto valor para la salud, antropología, ecología y desarrollo social.
“Para nosotros, como mexicanos, es muy importante entender los ecosistemas del desierto porque más del 60 por ciento de nuestro territorio es considerado zona árida y semiárida. En el desierto habitan muchas plantas y animales de alto valor ecosistémico pero también con mucho potencial para ayudar a la salud. Es importante erradicar la idea de ‘explotar’ los recursos del desierto tenemos que conocerlo, poner atención a los conocimientos tradicionales e integrarlos para hacer un nuevo tipo de investigación en el que la experiencia y el conocimiento de los pobladores de zonas áridas nos señale posibles formas de aprovechamiento, como nos ocurre con las plantas y frutos”, dice la investigadora.
DESIERTO Y MOLÉCULAS. Originaria de Toluca y miembro de una familia con varias tías profesoras de primaria, Joyce Trujillo es la segunda de cuatro hermanos y cuando era adolescente quería ser abogada. Fue en una feria de orientación vocacional donde descubrió la carrera de nutrición y vio que incluía temas médicos, químicos y biológicos, lo que le convenció de orientar su vida por ese camino. Estudió la Licenciatura en Nutrición en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) y posteriormente hizo su maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM, pero realizando investigación dentro del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ), donde empezó estudios sobre moléculas que protegen al riñón, debido a que la insuficiencia renal es una de las enfermedades crónicas más comunes entre la población mexicana.
Posteriormente hizo su doctorado Ciencias Biológicas en la Facultad de Química de la UNAM donde estudió cómo la raíz de Cúrcuma, de la India, sirve para proteger los riñones de pacientes que toman un medicamento contra el cáncer de ovario y testículo llamado Cisplatino, que es muy eficiente, pero daña los riñones.
“Desde ese tiempo vi que la Cúrcuma tenía efectos benéficos para preservar la estructura y función del riñón entre quienes requerían este medicamento para cáncer, pero surgió la pregunta si en México tenemos alguna especie vegetal que tenga biomoléculas que ofrezcan una protección similar. Respondiendo a esta pregunta estamos estudiando frutos del desierto y hasta ahora hemos encontrado buenos resultados en el laboratorio  sobre la protección que el jugo de pitaya ofrece a la estructura y función de los riñones y demostrando efectos vasoactivos en ratas de laboratorio, con potenciales aplicaciones en presión elevada. Forman parte de varias investigaciones en proceso y estamos por publicar resultados de diferente líneas de investigación”, dice la doctora Daniela Joyce Trujillo.
“Venir a vivir a San Luis Potosí implicó un cambio apabullante en muchos sentidos y también salir a trabajar en el desierto, después de muchos años en el laboratorio, pero cuatro años después he aprendido mucho de las comunidades y de los ecólogos, químicos y antropólogos con los que trabajo. El recorrer las zonas áridas te empieza a abrir la mente más allá de lo que vemos en las ciudades y te hace preguntarte qué puedo hacer para cumplir con mi trabajo y al mismo tiempo hacer sustentable el ecosistema”, concluyó.

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