Opinión


La República en tercios

La República en tercios | La Crónica de Hoy

El caudillo López reaccionó con fuerza por el reclamo de los rebeldes. Esto era inaceptable. El pueblo en diversas manifestaciones había reclamado respetuosamente su protección, como quedó expresado y había sido frecuentemente vitoreado y apoyado por las muchedumbres que invadía las calles y lo proclamaban héroe y protector de la Patria. Estaba convencido que los reclamos por la centralización de la vida nacional eran infundados y lo único que movía a los inconformes eran sus mezquinos intereses económicos y políticos.

El salvador de México, proclamado el mesías por sus adeptos incondicionales organizó rápidamente la estrategia para combatir a los rebeldes y someterlos. Obtuvo recursos a muy alto costo e inició su campaña.

El caudillo, Antonio López de Santa Anna, protector e impulsor del gobierno centralista, en medio de las alabanzas de sus allegados y gusto de sus adversarios porque abandonaba la capital del país, comenzó la campaña contra los texanos que habían declarado la independencia de nuestro país debido a que se había abandonado el sistema federal.

Hoy, casi ciento noventa años después del fracaso del centralismo y la secesión tejana, el Presidente López Obrador, en su permanente estrategia de confrontación con todos, decide profundizar la división entre la Federación y los estados libres y soberanos por dos causas: el manejo de la pandemia y la distribución de los escasos recursos presupuestales.

Desde marzo, la actitud displicente del gobierno de la República frente a la inminente crisis sanitaria, que empezó con la negación, continuó con la soberbia de haberla vencido y sigue con la resignación ante la fatalidad de los más de noventa mil fallecidos (cifras oficiales), los mandatarios estatales, especialmente en el occidente y norte del país, manifestaron sus dudas fundadas respecto a la estrategia de combate del COVID-19. La respuesta fue una acusación irreflexiva. En el Palacio Nacional se les trató como meros grillos que no tenían el respaldo político suficiente para cuestionar la calidad política y moral de la autollamada cuarta transformación.

Las actitudes prepotentes del zar de la pandemia, López Gatell, y la evidente rendición del científico ante el poder, la genuflexión vil por la ambición, orilló a que en julio, con sede en San Luis Potosí, se llevara a cabo una fallida remasterización de las reuniones lopezportillistas de la República, cuyo resultado fue un rompimiento de la unidad entre los gobernadores, que se dividieron en tres grupos.

Por un lado, el discurso triunfalista del gobierno federal que, en plena crisis económica, mantiene los mismos índices de recaudación de impuestos, pero reduce el monto de las participaciones y promete más recursos para todos los que se alineen a la austeridad republicana y a la convicción de imponer una economía desde abajo con base en transferencias clientelares.

Por el otro, los gobernadores de la alianza federalista que reclaman un trato más equitativo en el reparto de los recursos presupuestales y que éstos no se dilapiden en proyectos de baja productividad económica como son las obras emblemáticas de López Obrador, la refinería de Dos Bocas y el tren maya. Al grado que han amenazado con salirse de la coordinación fiscal, que no es romper el pacto federal.

Los temas, salud y coordinación fiscal, entre otros particulares como el tratado sobre aguas internacionales celebrado con Estados Unidos, han provocado que se tensen las relaciones con la Federación y preocupa la miopía del Presidente de la República, que en su afán neoconservador de restituir el populismo autoritario centralista, desestima que es tan absurdo pretender gobernar todo el país desde Palacio Nacional, con base en la mañanera y los consultas populares, como amenazar con abandonar el esquema de coordinación fiscal en las circunstancias actuales.

Las posturas se polarizan y ambos bandos recurren a tácticas similares. Consultas a mano alzada entre simpatizantes, descalificación de la legitimidad política y movilizaciones de grupos radicales afines. La marcha callejera como forma de demostrar que se tiene la razón.

La República se divide en tres, desde la perspectiva de López Obrador, los rijosos, los sumisos y los callados, que con su silencio otorgan. Los 10 que integran la alianza federalista que lo confrontan, los 7 firmantes de la carta de apoyo que piden tranquilidad a los “secesionistas” y los 15 que hacen mutis de la escena nacional.

No hay posturas separatistas como las tejanas, que minimizó López de Santa Anna y este error provocó su independencia de México y dio la excusa los Estados Unidos para la Guerra del 47 y la perdida de más de la mitad del territorio nacional. Sin embargo, si hay un sentimiento regional contra el proyecto de recentralización del poder político, que hoy encabeza López Obrador. La República dividida a nadie le conviene en época de crisis. Todos perdemos. El caudillismo nos condujo al peor momento de nuestra historia.

 

Socio director de Sideris, Consultoría Legal
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