Opinión


La sociedad que somos

La sociedad que somos | La Crónica de Hoy

“El mundo es un buen lugar, valdría la pena defenderlo.”

Ernest Hemingway

Creo que en nuestra naturaleza está fijar expectativas en muchas personas, en las circunstancias y, a veces, hasta en los objetos. Algunas ocasiones porque queremos o esperamos que otros hagan lo que nosotros hemos hecho o haríamos en su lugar y otras porque simplemente anhelamos consecuencias favorables individuales o comunes. Ese sentimiento cotidiano, se replica en el mundo jurídico, esperando que a través del Derecho, como por decreto, se solucionen todas las problemáticas que nos aquejan, sin siquiera poner atención en el núcleo del problema y, consecuentemente, las soluciones o no lo son o resultan superficiales y al aplicarlas devienen en placebo.

En no pocas ocasiones, el Poder Legislativo ha degradado esa labor fundamental movidos no por los intereses colectivos que  como representantes populares les conciernen sino por oportunismo político, conveniencia de partido o personal.

Ahí comienza el primer análisis de la sociedad que somos, anhelamos grandes cambios pero no nos interesamos genuinamente ni en los perfiles de las personas a ocupar diversos puestos políticos, como tampoco de los resultados o de su comportamiento en el poder. En esa medida, somos corresponsables de lo que se hace, de lo que no se hace como de lo que se hace mal.

¿Quiénes somos si cuando de aborto se trata, en una abrumadora mayoría de entidades federativas y de la Federación misma, continuamos restringiendo derechos y libertades de las mujeres? Nos inmiscuimos sobre decisiones personalísimas inherentes a cuerpos ajenos, pero de la protección del derecho a la vida digna, a la alimentación, a la vivienda, a la salud, a la diversión de niñas y niños en situación de calle no hablamos.

Si apoyamos la pena de muerte ¿qué dice eso de nosotros? ¿Será que la defensa de la vida resulta selectiva? Porque si una víctima pierde la vida a consecuencia de un delito, nos apresuramos a condenarla. De acuerdo. ¿Pero es menos nociva la pérdida de una vida humana cuando ocurre con la autorización del Estadocontra un delincuente?

¿Qué demostramos cuando aceptamos el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas, pero rechazamos la legalización de otro tipo de sustancias como la marihuana?  Se trata del mismo reconocimiento del derecho al libre desarrollo de la personalidad ¿o no?

Tardíamente pero reconocemos los derechos de la comunidad LGBTTI, pero escatimamos aún su derecho al matrimonio o el de la adopción.

¿Qué demostramos cuando la eficiencia de las investigaciones depende de la aplicación de la prisión preventiva oficiosa? ¿indiferencia o incapacidad para respetar la presunción de inocencia?

¿Quiénes somos cuando en lugar de favorecer la reinserción social de una persona que cometió un delito, únicamente reclamamos para ella más años de prisión? incluso siendo conscientes de que es la peor opción. ¿Amnistía para ellos? Desde luego que no, no la merecen, son delincuentes.

Exigimos castigos, de ser posible los más severos, pero en un endeble ejericico de autocrítica, justificamos muchas de nuestras conductas por su intrascendencia, por la necesidad de, por las circunstancias. Pretextos nos sobran siempre. El inicio de año siempre es un buen momento para reencausarnos, para reevaluar prioridades, corregir rumbos, reorientar miradas y perspectivas.

Prevención antes que sanción. Reflexión antes que legislación. Introspección antes que acusación. Noble acción antes que justificación.

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