Opinión


La transparencia en vilo

La transparencia en vilo | La Crónica de Hoy

El pasado 14 de septiembre, presentamos virtualmente en El Colegio de Sonora una obra colectiva, “La Transparencia en el Estado mexicano”, editada por Tirant Lo Blanch. En el acto académico me acompañaron el Dr. Maximiliano García Guzmán, co-autor, el Dr. Luis S. Peña, académico de ese Colegio y especialista en el tema y el Dr. Rafael Valenzuela, integrante del Comité Ciudadano del Sistema al Local Anticorrupción de Sonora.

En el prólogo el Dr. Ricardo Sodi destaca:

“La transparencia es una obligación -un compromiso político- de los responsables de la gestión pública de divulgar en forma oportuna y espontánea la justificación, los procesos, los recursos disponibles y los resultados de sus acciones para contribuir al debate público abierto en una sociedad democrática y plural y a la mejora continua de las atribuciones del Estado en sus tres formas”, Ejecutiva, Legislativa y Jurisdiccional.

“Los autores Alfredo Delgado Ahumada, Maximiliano García Guzmán, Adán Arenas Becerril, Martha Alejandra Mares Poletti, Teresa Bracho González, Alejandro Romero Gudiño y Elsa Bibiana Peralta Hernández, coordinados por Carlos Matute González, abordan el tema de la transparencia desde una perspectiva complementaria a la idea de que ésta es una herramienta esencial para la garantía de la democracia y participación ciudadanas efectivas. También es una estrategia de mejora administrativa y una política pública para que la gestión pública sea más eficaz, oportuna y certera…”

La transparencia es uno de los fundamentos del gobierno abierto, que es el modelo post-estatal de la organización política en la globalización.

En ese sentido, el Estado mexicano, como parte de los procesos de democratización y alternancia en el poder, ha creado y consolidado instituciones que adoptan desde su genética a la transparencia como una forma de ser y actuar frente a las personas y la sociedad.

El libro es un recorrido por esa historia institucional que refleja el convencimiento de que el abandono de la Razón de Estado como justificación de la acción colectiva ya es una estrategia enraizada y compartida por el gobierno, así como las entidades públicas no gubernamentales y semi-gubernamentales.

El modelo del Estado transparente es la vía más efectiva para superar los graves problemas de nuestra época: la desigualdad social, el abuso del poder y la corrupción, que son tres calamidades que siempre, como los jinetes del apocalipsis, cabalgan juntas.

Hoy vivimos en un mundo que retorna a modelos autoritarios como respuesta falsa a las insuficiencias de la democracia, pero los populismos olvidan que la exigencia de mayor transparencia no es sólo un derecho, sino que también es una condición del desarrollo con justicia social.

Esta obra es oportuna en momentos de la vida política nacional en los que la transparencia está en vilo y pretende ser sustituida por un ejercicio de comunicación social, las mañaneras, que oculta el comportamiento real de la administración pública federal y los resultados del actual gobierno federal.

Ya es una burla social la frase frecuente del presidente que él tiene otros datos y es antidemocrático la descalificación recurrente que hace de todo aquel que se atreve a contradecir su visión de la realidad.

Uno de los fundamentos de la transparencia es que las entidades públicas deben abrirse al escrutinio de cualquier persona. Esta obligación exige que quienes operan en un ámbito público estén dispuestos a escuchar y razonar la crítica, para que este ejercicio provoque la mejora en su actuación.

La creencia en un servidor público de que siempre tiene la razón o que está ubicado en el lado correcto de la historia y que los demás se equivocan es el primer obstáculo para cualquier política de transparencia.

La simplificación ideológica es el camino contrario a la transparencia. La primera busca justificar el ejercicio del poder sin importar los datos objetivos. En cambio, la transparencia pretende que cualquier justificación sea sometida al análisis de la sociedad para evitar que el interés general sea el proyecto de un grupo que se auto designa redentor de la sociedad. La transparencia es hija del pluralismo político y los proyectos ideológicos cerrados son herederos de los autoritarismos del siglo pasado.

De ahí la oportunidad del libro que expone el avance real de la transparencia en diversas instituciones del Estado mexicano. No es una teorización de lo que debiera ser sino lo que es y de lo que, desde la perspectiva de los autores, falta por hacer.

La obra es una llamada de atención. El uso frecuente del discurso ideológico pone en riesgo el avance en materia de transparencia y sus detractores sostienen que es un caballo de Troya que pretende la desaparición del Estado. En cierto sentido tienen razón. La transparencia busca acabar con el Estado autoritario.

No hay que olvidar que la transparencia sólo es un medio, no un fin, pero también hay que señalar que es el medio más idóneo para obtener un bienestar social equilibrado, no sesgado por el mercado, ni por la afinidad ideológica.

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