Opinión


Memorias sociales afectivas

Memorias sociales afectivas | La Crónica de Hoy

Alfredo Nateras Domínguez*
Roberto García**

A la voz de ¡2 de octubre no se olvida! es como ha dado inicio desde hace varios años esta magna movilización en el centro del país, así como en diversos estados del territorio nacional, esta vez a pesar de la pandemia en la cual estamos inmersos, no hay indicios de que fuera de diferente forma. A 52 años de los tan lamentables hechos ocurridos en la Plaza de las Tres Culturas, el 2 de octubre de 1968, en Tlatelolco, en un acto de Necropolítica (Mbembe, 2011) llevado a cabo por el gobierno en turno del presidente Gustavo Días Ordaz, señalado como el principal responsable de aquella masacre, en su mayoría contra las y los estudiantes, así como público asistente al mitin que convocara el Comité Nacional de Huelga (CNH), para saber cuáles serían las acciones a seguir, fue truncado por ese artero y cobarde hecho realizado en contra del pueblo de México, por lo que es fundamental seguir apostando a la memoria colectiva, para pedir la verdad, justicia y reparación del daño.

Seguir hablando sobre el 68 y repensando al movimiento estudiantil, da cuenta de que nuestra memoria colectiva y afectiva funciona, no olvida, es dignificar la muerte de los y las jóvenes de aquel día, y de las que siguen pasando en este país, porque lamentablemente es algo que ya se ha hecho común ¿Por qué seguir pensando sobre el 68?, diríamos que es parte del dolor social que aún se siente, de la enorme importancia política y social que marcó tal evento, a su vez, nos recuerda que seguimos en un país y en una América Latina que puede atentar en contra de quien opina diferente al poder político, ya que aún hay impunidad, presidentes en anteriores sexenios que pueden minimizar circunstancias similares, Ayotzinapa (2014), lo puede ejemplificar, tenemos feminicidios y un necroestado.

 

PUEDE SER. En este contexto pandémico, se presentó la gran marcha que conmemora un año más de dichos acontecimientos, en un acto que reúne generalmente a diversos sectores sociales encabezado por participantes y líderes del Consejo Nacional de Huelga de 1968, el estudiantado se hace presente, preparatorias, universidades públicas y privadas, así como asociaciones civiles, sindicatos y movimientos independientes, principalmente. El gobierno de la CDMX en 2019, reportó en su portal oficial, una asistencia de 10 mil participantes de la marcha, 12 mil funcionarios que formaron el llamado cinturón de paz con la finalidad de disminuir daños a inmuebles y comercios ubicados en la ruta por donde pasó la marcha. Es muy común ver durante las casi dos horas y media que dura todo el recorrido, desde la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco hasta la plancha del Zócalo capitalino, a los participantes marchar humanidad con humanidad, compartir en el trayecto afectividades y emociones, vía saludos, abrazos, risas, platicas y anécdotas que genera el mismo andar, roces, incluso golpes, y que decir de los gritos, los cantos, las consignas, que sin ellas se pierde el alma colectiva e incluso el sentido de la marcha, pues las cúpulas del poder no escucharían la voz del pueblo, su mismo sentir de inconformidad e injusticia, que permanece hace tiempo.

 

Hoy justo el desafió a esta arquetípica practica es sumamente grande, ya que con tales dimensiones humanas y desbordando afectividades, es imposible generar los más mínimos protocolos establecidos de sana distancia para contener el contagio del virus existente, seria inimaginable calcular en kilómetros la distancia que debiera existir entre participantes que acudieron el viernes 2 de octubre a la marcha en este 2020, ya que el mínimo espacio entre uno y otro recomendado en la página del covid-19 del gobierno federal, es de 1,5 metros.

 

La marcha fue inusual, única como este tiempo, sin hacerlo hombro a hombro, sin compartir en el trayecto agua, pañoletas, ropa, paletas y comida, que genera el mismo andar y qué decir de las vociferaciones y las teatralidades, se confirmó que sin ellas se perdió el espíritu gregario, e incluso el sentido de la marcha, las cúpulas del poder permanecieron inquietas por no escuchar el sentir de inconformidad e injusticia que subyace desde hace tiempo en el pueblo, las dos horas y media de trayecto de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco hasta el Zócalo capitalino, se sintieron sin dudarlo, al doble.

 

SE COMPROMETE LA SALUD COLECTIVA.Pero, ¿Quién se adjudicaría el gran tamaño de la responsabilidad? ¿Cómo se haría para concientizar a los asistentes sobre respetar los protocolos de sanidad y sana distancia? Y por último ¿dónde cabrían todos los muy posibles contagiados? Una de las grandes luchas que se libran en la actualidad con esa misma entrega y compromiso, ímpetu, entusiasmo y benevolencia como lo hicieron hace 52 años los estudiantes del movimiento, ocurre en el sector salud que a seis meses de la llegada del virus al país, ha ayudado sin descanso a atender a las personas contagiadas, a la fecha según las cifras en el portal oficial covid—19 del gobierno federal son: 726,431 casos confirmados, 521,214 recuperados, 25,119 activos. https://coronavirus.gob.mx/datos/, consultado el 27 de septiembre 2020/7:00 am

 

Este 2 de octubre la gente no se volcó a la calle como habitualmente lo hacemos cada año, se deseó levantar la voz, para que siga la lucha afectiva, más aún, se intentó sentir nuevamente ese contacto físico, visual, ideológico, verbal y corpóreo con un otro, por lo que resignifiquemos nuestras circunstancias, generemos diversas formas emergentes para protestar y conmemorar el movimiento; desde donde estuvimos cuando comenzó el día, a la voz imaginaria de… ¡2 de octubre no se olvida!, la caminata inició desde nuestros corazones y emociones inquebrantables.

 

*Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana

**Estudiante, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

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