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Nietzsche

Nietzsche | La Crónica de Hoy

Se cumplen120 años de la muerte de Friedrich Nietzsche. El 25 de agosto de 1900, después de sufrir una década de reclusión en clínicas psiquiátricas y casas de recuperación, el filósofo alemán murió en un hospital de Weimar. Completamente solo —no tuvo hijos ni esposa— sus últimos días los pasó al cuidado de su hermana Elisabeth. Tenía 55 años.
Atenazado por los demonios de la locura, con rachas incesantes de megalomanía, paranoia, irritabilidad y migrañas aterradoras, Nietzsche es un representante más de esa caprichosa asociación entre locura y genialidad. Como Jorge Cuesta, como Hemingway, como Dostoievski, como Dalí.

En 1889, cuando apenas tenía 44 años, un ataque psicótico mayor y violento, cuando intentaba en vano recuperar la salud al cobijo del clima benigno de Turín, en Italia, lo inhabilitó por el resto de sus días y cerró definitivamente su obra intelectual. Acaso él mismo previó su destino final, poco antes del colapso definitivo escribió: “Muy lejos me ha llevado mi pensamiento y tengo miedo de preguntarme hasta dónde me llevará”. (Correspondencia, 1887).

Megalómano, receloso de no gozar el reconocimiento que creía, —con toda razón— merecer, y con una curiosidad intelectual abierta a las novedades del conocimiento de su tiempo —se interesó por la psicología y el psicoanálisis— en una misma página podía afirmar: “Yo mismo creo que he dado a los alemanes de hoy la obra más elevada, actual e independiente que haya tenido. También tengo el sentimiento de que yo, personalmente, soy un gran suceso en esta época crítica para los valores morales”, y aceptar con humildad, líneas abajo, la necesidad de recibir atención psicológica: “Quiero que se derrita el hielo de mi severidad y de mi arrogancia”. (Correspondencia, 1888).

Prosista duro, combativo, exigente con sus lectores y a ratos hermético e impenetrable, Nietzsche tuvo también el pulso y la liviandad de la frase breve, certera y afortunada. Ensayó el aforismo, ya de manera explícita, o bien en ciertas instantáneas de su prosa ensayística por la que se asomaba la luz de su más afilado pensamiento. 

Nietzsche fue, también, un humorista. Su aprecio por la sabiduría encapsulada del aforismo y las sentencias breves y profundas quedó bellamente expuesto en un pasaje de su obra más difundida, Así hablaba Zaratustra: “en la montaña, el camino más corto es de cima en cima, pero para esto hay que tener las piernas largas. Las sentencias han de ser cimas, y aquellos a quienes van dirigidas, personas de talla elevada”.
Comparto, para recordar su aniversario luctuoso, algunas perlas de la brevedad nietzscheana:

De Más allá del bien y del mal (1886)
—“Con quien más deslealtad mostramos es con Dios, al que no le permitimos pecar”.
—“Los principios se utilizan para tiranizar, para justificar, para honrar, para infamar o para disimular nuestros hábitos. Dos hombres que tengan los mismos principios, pueden hacer que éstos sirvan para fines diametralmente opuestos”.
—“El diablo es el que tiene respecto de Dios las más vastas perspectivas; por eso se mantiene tan lejos de él ¿No es el diablo el amigo más viejo del conocimiento?”.
—“Las épocas de mayor esplendor de nuestra vida son aquellas en las cuales reunimos el valor suficiente para declarar que lo malo que hay en nosotros es lo mejor de nosotros mismos”.
—“Lo que al hombre le impide considerarse como un Dios es su bajo vientre”.
—“Lo que se hace por amor siempre se hace más allá del bien y del mal”.
—“La locura raramente la sufren los individuos, sin embargo, en los grupos, en los partidos y en las naciones, ha sido la regla de ciertas épocas”.
—“Hablar mucho de sí mismo puede ser un medio para ocultarse”.
—“Hay en el elogio más indiscreción que en la censura”.
—“No se odia a quien se desprecia sino al adversario considerado como igual o superior a uno mismo”.

De El nacimiento de la tragedia (1872)
—“En la rara apariencia de los mundos oníricos, en su belleza de producción, cada ser humano se afirma como un artista completo”.
—“La relación que el filósofo mantiene con la realidad de la existencia es la que el ser humano sensible al arte mantiene con la realidad del sueño: la contempla con minuciosidad y con gusto, pues de esas imágenes sacará él su interpretación de la vida. Mediante esos sucesos oníricos se ejercita para la vida y el arte”.

De Así hablaba Zaratustra (1885)
—“Habéis evolucionado de gusano en ser humano, y hay en vosotros todavía mucho de gusano. En un tiempo fuisteis monos y todo el ser humano es más mono que ningún mono”.
—Hay siempre un poco de locura en el amor. Mas también hay siempre un poco de razón en la locura”.
—“Yo creería en un Dios que supiera bailar”.
—“Ahora soy ligero, ahora vuelo, ahora me veo debajo de mí, ahora un Dios baila a través de mí”.
—“Gentes hay a las que no debes tender la mano sino la zarpa, y que tu zarpa tenga las uñas bien afiladas”.
—“Hay muchas cosas entre el cielo y la tierra, que sólo se imaginan los poetas”.
—“Han aprendido los poetas del mar su vanidad. ¿No es el mar el pavo real de los pavo reales?”.
—“Yo también he aprendido a esperar, pero sólo a esperarme a mí mismo. Y por sobre todas las cosas he aprendido a estar de pie, y caminar y correr y saltar y trepar y bailar”.
—“Mi pensamiento no es ni bueno ni malo, pero es el mío, del que ya no me avergüenzo y ya no oculto”.

De la correspondencia con Georg Brandes (1887-1889)
—“Admiro a todo ser humano que bajo un cielo tan nublado no pierde la confianza en sí mismo”.
—“Pocos hombres y pocas cosas me interesan, pero nada me interesa tan poco como yo mismo”.
—“Se me mira como un monstruo, como alguien que no puede tomarse en serio. Parece que se dan cuenta de que yo no los tomo en serio”.
—“Las cosas más serias las oculto tras la farsa”.

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