Opinión


Nuevas viñetas de la pandemia: el insomnio

Nuevas viñetas de la pandemia: el insomnio | La Crónica de Hoy

Hay otra pandemia que convive entre nosotros los confinados: el insomnio. Vulneramos en este aislamiento las fronteras entre el día y la noche, pagamos esta osadía por las madrugadas. El insomnio es el otro virus que nos consume en el encierro. Los mosquitos, el calor, la angustia y la soledad son los agentes de su transmisión y no hay cubre bocas ni antifaz para los ojos que valgan. Esta es la bitácora delirante de mis insomnios entre marzo y junio, las fechas precisas se pierden en mi cordillera insomne. El Covid-19 es el primo hermano del insomnio.

Si convivir conmigo mismo en esta cuarentena es un trabajo de tiempo completo ¿Por qué las horas extras del insomnio?

La noche insomne es un tenaz repaso autobiográfico. La memoria es el tuétano del insomnio, la medida de toda eternidad, un recurso de queja en el tribunal de la noche. Desgrano insomnios en la soledad de mi almohada. Que largos los minutos que preceden al sueño en las noches de la pandemia, que obstinados.

A altas horas de la noche releo de Borges su “Funes el memorioso”, esa “larga metáfora del insomnio” como el propio Borges calificó a su relato. A Irineo Funes le era muy difícil dormir: “dormir era distraerse del mundo”.

También leo y reinvento a Octavio Paz. Hermandad: soy hombre, duermo poco, y en este mismo instante alguien (un  mosco) me deletrea.

Otro préstamo insomne con el favor de Paz: Detenido no en el aire, en la sábana, no en la sábana, en el insomnio, el mosquito.

Si crees que eres muy pequeño para tener un gran impacto, intenta ir a la cama con un mosquito en el cuarto. La noche es de los mosquitos y su tenacidad vocinglera. Me refugio de ellos debajo de las cobijas, suenan tan poderoso que no alcanzo a entender por qué lo nombramos con un diminutivo.

Me acecha un mosquito narcisista y altanero. Con sus alas maquinales,  acaso imagina que le aplaudo su actuación. Yo lo que intento es aplastarlo con las manos. Es él la metáfora de todo aquello que me amenaza en el presente. También esto pasará, me digo, aunque el mosco desconozca la sana distancia. El principal problema de los mosquitos es que padecen de insomnio, pagamos con el nuestro su inquietud nocturna.

Con las manos manchadas de sangre, tras asesinar al Rey Duncan, Macbeth se repite una y otra vez: “¡sleep no more! ¡sleep no more!. Con mis manos manchadas de sangre, tras aplastar al mosquito que se festinó con mis venas, repito esas líneas y su decreto insomne: “no dormirás más”. Macbeth asesinó al sueño y al hacerlo decretó el insomnio universal. Nostalgia culpígena del sueño, que es, nos dice Shakespeare, “muerte de la vida de cada día, baño reparador del duro trabajo, bálsamo de las almas heridas, principal alimento del festín de la vida”. Me temó que el insomnio lo patentó hace más de cuatro siglos un príncipe danés llamado Hamlet.

"Llorar improvisando, de memoria. Llorar todo el insomnio y todo el día". Oliverio Girondo. El insomnio es la última frontera de un reino que nunca habremos de pisar

He cruzado en estos días de la pandemia rachas insomnes, valles depresivos, altos momentos de intensidad profesional, duelos devastadores. líos legales inquietantes, cordilleras escarpadas de angustias variopintas. Amores y desamores en los pantanos de mi insensatez. Y con todo, heme aquí, dilucidando la cartografía del porvenir en las noches vanas del insomnio.

Pálido y atroz rostro del insomnio, el techo.

 

edbermejo@yahoo.com.mx
Twitter: @edgardobermejo

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