Opinión


Obama, cuatro años después

Obama, cuatro años después | La Crónica de Hoy

Luego de dos períodos en la Casa Blanca y cuatro años después de haber dejado el cargo, el expresidente Barack Obama hace en su nuevo libro no sólo un recuento de sus primeros años como mandatario, sino que, sorprendentemente, se abre como persona, como padre y sobre todo como esposo y le cuenta al mundo los problemas maritales que ocasionó esa ambición política que lo llevó a convertirse en el primer gobernante negro de los Estados Unidos. 

En el libro, La Tierra Prometida, que abarca de 2008 a 2011 y es el primero de dos volúmenes, Obama, actualmente de 59 años, habla de su legado y narra lo amargo que fue ser un presidente demócrata que gobernó con un Congreso, Senado y Cámara de Representantes, controlados por republicanos que prácticamente le ataron las manos. 

El exmandatario narra con detalles la crisis financiera que heredó al llegar al poder en 2008, lo que significó para su país la muerte del líder terrorista Osama bin Laden; de su batalla por cambiar el sistema de salud y de los problemas migratorios que enfrentó. Sin embargo, en realidad revela poco, políticamente hablando, que no se supiera ya. 

De las pocas cosas nuevas, revela que le ha tomado el gusto a beber Martinis y de sus experiencias con otros líderes; entre muchas otras, cuenta cómo el rey Abdulla de Arabia Saudita, con quien siempre tuvo una relación difícil, insistió en que aceptara un collar para Michelle, repleto de diamantes y rubíes, con anillo y aretes haciendo juego  “aparentemente nadie le avisó que está prohibido”.  

Es el aspecto íntimo que se lee a lo largo de 750 páginas, el que ha llevado a esta autobiografía a convertirse inmediatamente en uno de los más buscados de no ficción en la historia de este país, vendiendo tan solo el 17 de noviembre, día en que salió a la venta, 890 mil copias, alcanzando en su primera semana 1.7 millones de ejemplares vendidos. 

Crown, la empresa editorial que lo publicó, ha dicho que se vio obligada a aumentar la impresión original de 3.4 millones a 4.3 millones de libros. Es éste el tercer libro que Obama escribe. Ella escribió uno sobre su vida hace dos años y en total han recibido por ellos 60 millones de dólares.  

Tanto Michelle como él podrían fácilmente haber dejado que el mundo pensara que su matrimonio ha sido perfecto, después de todo ésa es la imagen que por años vimos, desde las campañas proselitistas, primero por la Presidencia y después por la reelección, hasta culminar viéndolos bailar mejilla con mejilla bajo el son de Beyoncé cuando él tomó posesión por primera vez. 

Sin embargo, él relata con detalle los problemas de pareja que tuvieron desde el inicio de su carrera política cuando fue electo senador por Illinois en 1995 y se la pasaba en Springfield, la capital estatal, mientras su esposa trabajaba como abogada en Chicago y se hacía cargo de su hija Malia, entonces una bebé. “Cada noche discutimos más”, escribe el expresidente.  

Para los críticos eso es en parte el gran éxito de este libro que revela cómo estas dos personas, cuyas vidas hoy se consideran extraordinarias, tenían conflictos que son comunes: una joven pareja tratando de hacer funcionar su matrimonio, formar una familia y a la vez realizarse y tener vidas profesionales. 

Obama relata la gran oposición de su esposa a que él siguiera una carrera política y su gran negativa cuando le dijo que buscaría la Presidencia. Revela que los ocho años en la Casa Blanca fueron para Michelle de gran tensión y soledad. Admite que no sabe porqué expuso a su familia al escrutinio y críticas que conlleva el puesto. Se pregunta si sería para probarse a sí mismo que valía algo, a pesar de haber sido abandonado por su padre, o para demostrarse que siendo birracial podía lograrlo. 

Sobre sus hijas, Malia y Sasha, hoy de 22 y 19 años y estudiantes de las universidades Harvard y de Michigan, respectivamente, dice que nunca se sintieron impresionadas por su cargo y considera que su mayor triunfo es, después de salvar su matrimonio, el lograr que las jóvenes crecieran y tuvieran una vida normal. Lo más normal que se puede, viviendo en la Casa Blanca y con agentes del Servicio Secreto constantemente detrás de ellas, revisando hasta las casas si eran invitadas por alguna amiguita. “Sin embargo —concluye— los cuatro salimos completos y bien librados”. 

Twitter @Conce54

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