Opinión


Por darle al violín le dieron al violón III

Por darle al violín le dieron al violón III | La Crónica de Hoy

… pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio

porque aprendí una dura lección que me impuso la vida:

que el odio termina estupidizando

 

JOSÉ MUJICA

 

 

Con la presente colaboración doy cierre a un ciclo más sobre el CASO GOLDENS, que no al asunto en sí, ya que mucho me temo que debido a los tantos recovecos que la ley permite y a los que no también, seguramente todavía dará para más. Ello, a pesar de los tres años y pico transcurridos sin poderle acreditar maltrato, bajo los supuestos penales, al Lic. Javier Gómez Segura, propietario legítimo de los para entonces 38 ejemplares, sin omitir tampoco que siendo así, cuenta incluso con una resolución dictada a su favor por Juez federal. Recordemos que este tipo de delito determina la existencia de lesiones que pongan en peligro la vida de los animales o que a esa causa hayan fallecido, como sí en cambio sucedió con parte importante de esos ¿rescatados? Me refiero, sí, a los 5 cachorritos de apenas 42 días de nacidos y que casi inmediato al aseguramiento perdieron la vida luego de ser abruptamente retirados de su sitio de nacencia, separados de la madre, manipulados con besos y abrazos, para terminar siendo depositados en la clínica veterinaria de la demarcación territorial Iztapalapa, lugar que al seguir desarrollando actividades de antirrábico no era, ni de broma, el adecuado para llevar a los chiquitos que por ese imprudente manejo bajaron defensas y pescaron hasta lo que no llevaban. Esos bebés, en-tien-da-se, jamás debieron manipularse sin rígidas medidas precautorias, pero, tanto quiere el diablo a su hijo que, ahora, entre los redimidos de supuesto descuido, mal trato, si gustan, pero no maltrato, hay más bajas que si los hubieran dejado a resguardo del “maldito criador”, que por circunstancias que no viene al caso describir estaba sobreviviendo junto a sus perros, dentro de ese entorno sucio y descuidado, lo que gusten, pero aún así, no se le hubieran muerto. Es por ello que me desorbita el asunto, por cierto, con enorme similitud al arbitrario y abusivo caso de los perros de Dora Anaya… ¿lo recuerdan?... el de Cuernavaca, Morelos, solo que, entendiéndola a ella como indefensa protectora medio mundo se volcó a defenderla, no así a este “explotador de vientres” al que aplicándole la ley del embudo fue denigrado cual criminal, y todo, por presentar suciedad inexplicable.

Si de  mi dependiera por supuesto que optaría por sacar a esos chuchos  del circuito reproductivo dándolos en adopción a hogares seguros, pero resulta que no es mi parecer protector lo que debe regir sino LA LEY. Punto. No dejando de observar que perdiéndolos, además, se está desechando una estirpe que llevó años lograr. Una línea proveniente de un semental casi perfecto para el estándar de la raza y, a lo anterior, sumemos que…

Los perros no fueron asegurados en tiempo y forma por la autoridad competente, en este caso la Brigada de Vigilancia Animal. Que fueron evacuados entre gritos y sombrerazos por “perreros” de la entonces Delegación Iztapalapa, con la suavidad y dulzura que los caracteriza… sólo hay que ver los videos... amén de que no medió acta circunstancial individualizada donde médico veterinario pe-ri-to emitiera dictamen previo sobre las condiciones que presentaba cada animal que, insisto, entre empujones y protagonismos histéricos de una y otra partes, fueron movilizados sin cajas trasportadoras como la normatividad o-bli-ga y, literalmente, arrojados, primero a  camionetas-perrera de esas bien limpitas y equipadas, ya saben, para posteriormente ser llevados a valoración en la clínica referida. Una vez cumplido ese “protocolo”, donde tampoco se determinó maltrato, sólo falta de cepillado prácticamente, los perros fueron acarreados en un camión tipo mudanza hasta Cuautla, Morelos, donde tiene instalaciones Fundación Yaakunah, una AC que aceptó recibirlos en pensión a solicitud de Elena Chávez, quien a su vez y por medio de su asociación los solicitó a la entonces PGJ, hoy Fiscalía General de Justicia-CDMX. Para esto, sépase que la entrega de los perros, determinada judicialmente, ahora dependerá del pago por los servicios dados a los animales durante el largo tiempo transcurrido, por lo cual, no está importando regresárselos a un supuesto maltratador sino que el cargo se finiquite, pero, aunque el Reglamento de la Ley de Protección a los Animales de CDMX cita que deberá ser el culpable quien pague, luego entonces, al no serlo JGS, ¿a quien le correspondería el desembolso? Esto huele a puritito amparo.

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