Opinión


¿Quién está a cargo?

¿Quién está a cargo? | La Crónica de Hoy

En respuesta a la advertencia que hiciera el encargado de la OMS para Emergencias Sanitarias sobre los países que como México han decretado la reapertura de actividades sin considerar que persiste la intensidad de la transmisión del virus de COVID-19, López Gatell suspendió la presentación del semáforo epidemiológico que es la guía básica para que la población conozca el nivel de riesgo que enfrentan las distintas zonas del país. En lugar de verificar y corregir la información que presentaba fallas, optó por la opacidad.

Está claro que los datos sobre la evolución de la pandemia provienen de las entidades federativas y que, en algunos casos, presentan inconsistencias, o están desfasados, por lo cual distorsionan las estadísticas, de ahí que el vocero del gobierno federal, prefiriera apagar el semáforo epidemiológico, pretendiendo que la responsabilidad de coordinar las cifras sobre la enfermedad es de las autoridades estatales y no del gobierno federal. Sin pudor alguno, reconoció la existencia de fallas en los indicadores del número de contagios, de fallecimientos y/o de enfermos activos, que impedían calcular con precisión el nivel de riesgo en las distintas zonas y señaló como responsables a los estados porque es ahí donde se origina la información. 

Se olvida López Gatell que el Consejo de Salubridad General (CSG), que depende del Presidente de la República, es presidido por el Secretario de Salud federal y está integrado por otros secretarios de Estado y por representantes de los gobiernos estatales, es el órgano rector del sistema nacional de salud y, en situaciones de emergencia sanitaria, debe ser convocado por el Secretario para acordar disposiciones y medidas sanitarias que son obligatorias para todo el país. No hay duda de que hay una autoridad sanitaria nacional, con funciones tanto normativas como ejecutivas y que es competente para coordinar tanto el monitoreo de la evolución de la pandemia, como las acciones para hacerle frente. La falla estuvo en la manera poco consistente en que se ha activado al CSG que fue convocado por primera vez 20 días después de registrado el primer contagio y sólo hacia fines de marzo se reconoció que existía una emergencia y apenas en abril se dictaron medidas para atenderla, designando como canal oficial para comunicar sobre la pandemia a las conferencias vespertinas de López Gatell. Lo conveniente hubiera sido que el Secretario de Salud hubiera tenido al Consejo prácticamente en sesión permanente, dada la gravedad de la pandemia y la necesidad de ir aprendiendo del fenómeno para dictar respuestas pertinentes, pero no ha sido así. 

Las ruedas de prensa vespertinas son un ejercicio novedoso de comunicación, pues se difunden al público en general, ofreciendo una imagen de compromiso con informar permanentemente sobre la pandemia y mantener vivo el contacto con la población, para reforzar la confianza en el gobierno. Sin embargo, los datos que ahí se presentan carecen de un sólido respaldo documental y ello ha ido generando dudas sobre la actualidad y consistencia de lo que se comunica. 

Estudios como el reporte recientemente lanzado por “Signos Vitales. El Pulso de México” que es una organización de la sociedad civil, dirigida por el destacado economista, Enrique Cárdenas, ha mostrado cómo las cifras y los pronósticos difundidos están subestimados, cuando no recurrentemente equivocados, en virtud de que el monitoreo se ha hecho con base en una muestra muy limitada, que no es representativa del país. Ello explica por qué el reporte revela que el número de fallecimientos entre enero y mayo sobrepasa la cifra oficial en 14,868. El estudio que busca alertar a la población y también a los tomadores de decisiones, señala que no hay estrategias de coordinación efectiva entre los gobiernos estatales y la autoridad federal.

La dimensión de la emergencia sanitaria es enorme y el número de contagios y de fallecimientos no cede, aunque López Gatell insista en afirmaciones contradictorias como que “la epidemia va en crecimiento, pero la velocidad es más lenta”, o que el propio Presidente lo contradiga, al afirmar que la “pandemia ha perdido fuerza y el número de fallecimientos ha disminuido”, siendo que la información oficial muestra que el número de contagios diarios sigue oscilando entre los 6mil y 7mil casos, sin disminuir.

La opacidad de los datos de las conferencias vespertinas, en el contexto actual de inicio del desconfinamiento social, sin que disminuya el volumen de contagios por coronavirus, ha empezado a tener efectos negativos para la confianza de la población en la conducción del gobierno sobre la pandemia. Es difícil esperar que, a cambio de las inconsistencias de las autoridades se pretenda que sea la población la que asuma una conducta responsable y cuidadosa, de máxima protección. 

Es falso el dilema de ofrecer información cierta y verificable, alarmando a la población, o bien ocultar información para restarle importancia al fenómeno, para tranquilizar a las personas. Sin información fidedigna y sin una autoridad claramente responsable no hay posibilidad de que las personas nos involucremos con las decisiones y acciones del gobierno, ni mucho menos que podamos aceptar de mejor gana los sacrificios y las restricciones que tenemos que asumir para protegernos y sortear esta emergencia que parece no tener fin.

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