Opinión


Sermón de navidad para los animales

Sermón de navidad para los animales | La Crónica de Hoy

Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales

en los collados.

Conozco a todas las aves de los montes, y todo lo que se mueve

en los campos me pertenece.

Salmo 50:10-11

Yo no sé quién le hablaría sobre esta máxima bíblica al

inocente cachorrito que hace tan solo unos días, en un Belén

público de Brasil, encontró magnífico acomodo justo dentro del

pesebre, vacío todavía, convirtiéndose así en lo que hoy se

conoce como tendencia mundial gracias a que alguien captó

para siempre ese el dulce momento milagroso, porque para

 mejor, el perrito fue adoptado.

 

Por este tipo de anécdotas, y asimismo porque de forma particular estas fechas me son doble o triplemente significativas… no sólo por tratarse de una época sentimental y hermosa repleta de recuerdos, recordados, felicitaciones y buenos deseos, sino porque además puedo hacer más intensa memoria de mis queridísimos hijos orangutanes: JAMBI, que de no haber sido muerto en julio del 2015 el pasado día 20 hubiera llegado a los 30 años de edad, y TOTO, que este próximo 26 de diciembre, claro, de seguir vivo tras este aislamiento hasta comunicativo en que han mantenido a la fauna cautiva en los zoológicos capitalinos, alcanzará los 29 años, prácticamente 23 de ellos en total soledad, motivo por el que al igual que el autor del tierno relato que expondré de nueva cuenta en este espacio que La Crónica me permite semanalmente desde hace ya 22 años, tengo una enorme deuda con estos animales. Siendo así, me sumo al desahogo del escritor alemán Erns Wiechert, advirtiendo que a fin de ajustar el texto al espacio, se trata de en una versión libre de la traducción original, misma que recomiendo reflexionar mañana por la noche junto a sus pesebres y en unión de sus amados peludos, plumíferos y/o escamosos:

 “Mis humildes amigos, en esta Nochebuena quiero hablarles especialmente, porque ahora que por todas partes del mundo los seres humanos celebramos el nacimiento de Jesús, pocos se acuerdan de que ustedes fueron los más cercanos a su alumbramiento. Testigos presenciales del momento en el que el Verbo se hizo carne derramando eternamente su luz sobre la Tierra. Desde la penumbra del establo, las miradas de sus grandes ojos mansos observaron serenamente el nacimiento del Niño Dios, y desde los campos vecinos llegaron otros muchos animales junto con sus pastores, para rendirle un homenaje esperanzador al pequeño. Fue entre ustedes, en un sencillo pesebre, donde nació el Señor Dios, pues los humanos no tuvieron lugar para él. Sin embargo ustedes sí, además de humildad para recibirlo con júbilo a pesar de que la humanidad los ha relegado. Son separados de la presencia de Dios manteniéndolos a la sombra, donde han aguardado pacientemente y desde hace muchos años su redención. Solamente los puros de corazón les han abierto los brazos y los han recibido como prójimo en el gran Reino del amor de Dios. Es por eso, mis buenos compañeros, que quiero agradecerles y pedirles perdón.

“Agradecerles por todos los bienes que nos proporcionan, y pedirles perdón por el daño que constantemente les causamos. Es más, quisiera ser un rey por esta noche, para reunirlos a todos a mi alrededor brindándoles lo mejor que haya, ya que me siento su deudor desde el primer día de mi existencia y por toda la eternidad. Qué no daría por ser un mago sólo por esta noche, para llegar de un solo golpe a todas sus moradas en el bosque, aguas, cielo o bajo tierra, y de esa forma poder hablarles en sus lenguas ofreciéndoles paz y consuelo. Quisiera también cubrir con velitas el más alto de los pinos para celebrar la Navidad en su compañía, mis amigos olvidados, asegurándoles que llegará el día en que cansados de odiar, de acumular, de perseguirlos y matarlos, los humanos despertemos de esa pesadilla para comenzar a mirarlos con cariño y a tratarlos con ternura. Y cuando llegue ese momento, compartir con ustedes no sólo el pan, la tierra y el dolor, sino también el Cielo que siempre soñamos y así ganarnos su indulgencia… tal como sucedió con aquel pie que llegó solo al paraíso porque el hombre al que pertenecía había sido muy malo y estaba en el infierno, sólo que con ese pie… le había acercado un balde de agua a un camello sediento.

Dios bendiga para todos esta Nochebuena y nos otorgue tranquilidad y salud al despertar por Navidad.

producciones_serengueti@yahoo.com

marielenahoyo8@gmail.com

Comentarios:

Destacado:


LO MÁS LEÍDO

+ -