Opinión


Si pierde, ¿aceptará Trump su suerte?

Si pierde, ¿aceptará Trump su suerte? | La Crónica de Hoy

A medida que se acercan las elecciones, el presidente Donald Trump con frecuencia le advierte a sus conciudadanos que la democracia de su país está en riesgo. Lo que no les dice es que el mayor riesgo, la grave amenaza es él.

El mandatario ha dicho varias veces, supuestamente bromeando, que le gustaría  quedarse en la Casa Blanca más de los ocho años, o dos términos de cuatro, que la Constitución le permite. En tono más serio, en las últimas semanas seguido se queja del supuesto fraude que asegura habrá y acusa a los demócratas de planear utilizar votos falsos enviados por correo para robarle el triunfo.

Controversialmente el polémico gobernante se ha negado aceptar públicamente que aceptará los resultados de la elección cualquiera que estos sean. Un hecho sin precedentes sería que en realidad un Trump derrotado en las urnas, se aferrara al poder. No en balde la transición pacífica y voluntaria del mandatario saliente es uno de los actos de los que este país tanto se enorgullece.

Esa tradición empezó en 1797 con George Washington, quien declinó postularse a un tercer período aun cuando tenía grandes presiones para hacerlo. Desde entonces y hasta ahora, ningún presidente de Estados Unidos ha pretendido quedarse en el puesto al término de su mandato o al perder la reelección.

Tampoco jamás se ha dado el caso de candidatos que insisten en que ganaron aun  cuando los resultados han sido casi de empate, obligando a las autoridades correspondientes a decidir el ganador. Tal fué el caso de John F Kennedy y Richard Nixon en 1960 y más recientemente cuando la Suprema Corte en el 2000, le dió el triunfo a George W Bush y Al Gore lo aceptó.

De Trump desafortunadamente se puede esperar todo. Ya empezó por decir en televisión que la votación por correo creará un “espectáculo de horror” que el llevará a los juzgados y solo aceptará la derrota si así lo dispone el Tribunal Supremo, compuesto por cierto, para entonces, muy a su favor, por una mayoría de seis conservadores y solo tres magistrados liberales.

Esta vez, debido a la pandemia millones de estadounidenses han decidido votar  por correo para evitar filas y multitudes el 3 de noviembre. Hasta hoy, más de diez millones de personas han votado ya. Trump critica cada que puede el proceso porque teme que entre más gente vote, menos posibilidades tiene de triunfo. Sin embargo, el abstencionismo típico de este país, de más de 50 por ciento, parece estar quedando atrás en esta elección.

Los votos por correo que pueden enviarse, en casos, hasta el día de los comicios  tardarán más tiempo en contarse que los depositados en las urnas de las casillas. Ahí es donde radica el mayor peligro, ya que Trump podría declararse ganador cuando la votación se cierre, si parece que va a la cabeza en algunos estados, aun cuando no se hayan terminado de contar los sufragios. Despúes si no tiene la mayoría, podría declarar fraude, incitando a sus seguidores a protestar con actos que se teme derivarían en violencia.

Trump en repetidas ocasiones ha expresado admiración por los dictadores que con fuerza callan a sus oponentes, por lo que también existe temor de que se den situaciones violentas si los inconformes son los seguidores de su oponente, el vicepresidente Joe Biden. Cuantos gobernantes sobre todo en nuestro hemisferio, han llegado al cargo por la vía democrática y luego por la fuerza se han quedado de por vida.

Se sabe que los altos mandos militares estan preocupados. El jefe del Estado Mayor, el general Mark Milley, ya dijo que si hay disputa sobre las elecciones deben ser las cortes y el congreso quienes las resuelvan, tal y como marca la ley, y no la fuerza militar.

Sin embargo esa preocupación tienen fundamento. Trump, quien se refiere a las fuerzas armadas como “mis militares” y “mis generales” todavía será presidente durante 76 días despúes de las elecciones y como Comandante en Jefe podría hacer uso de una ley, creada hace dos siglos, que lo autoriza ha enviar soldados a las calles en casos de disturbios y desorden.

Si no resulta reelecto sino perdedor y se aferra a no irse, la historia nos dice que Trump podría terminar humillado y en total desgracia. Pero a la vez, si gana, habrá que aceptarlo y la desgracia será no solo para su país, sino para el mundo entero.

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