Opinión


Sus tres obstáculos: ser judía, ser mujer y ser madre

Sus tres obstáculos: ser judía, ser mujer y ser madre | La Crónica de Hoy

La campeona de los derechos de la mujer, quien fuera apenas la segunda magistrada de la Suprema Corte de Justicia en Estados Unidos, Ruth Bader Gingsburg, falleció el viernes a los 87 años de edad. Su muerte, sólo seis semanas antes de las elecciones presidenciales, ha desatado una gran batalla, otra más,  entre demócratas y republicanos, sobre si Donald Trump debe nominar o no a quien la reemplace.
Los republicanos, partido que controla el Senado, quieren que el presidente lo haga y están dispuestos a confirmarla con prisa. Los demócratas sostienen que el puesto debe permanecer vacante y que sea quien resulte victorioso el 3 de noviembre el que designe a su sucesor. 
Por ahora el máximo tribunal ha quedado sin balance con ocho miembros. Cinco de ellos conservadores, nominados por presidentes republicanos como Trump y  tres liberales seleccionados por mandatarios demócratas. Importante porque podrían llegar a tener la decisión de los comicios en sus manos, como ocurrió en el 2000 cuando la Corte le dio el triunfo a George W Bush y declaró perdedor a Al Gore.
La juez, a quien se le conoce también por sus siglas RBG, era la más liberal del tribunal y se había convertido en un ídolo para millones de jóvenes por su apasionada defensa de los derechos de la mujer y de las minorías. Sobre ella se han escrito varias libros, incluyendo uno para niños. Un documental sobre su vida fue la sorpresa de la taquilla en 2018, mismo año en que Hollywood llevó a la pantalla el primer caso que ganó sobre la discriminación de género.
Entre sus victorias más significativas está la que obligó al Instituto Militar de Virginia aceptar mujeres o despedirse de fondos públicos. También tuvo gran interés en la Pena de Muerte y fue gracias a ella que se prohibió la ejecución de asesinos menores de edad y la de aquellos con problemas mentales. 
Graduada con honores en la Facultad de Jurisprudencia de Columbia University, cuando eran escasas las alumnas de Derecho, por mucho tiempo no pudo encontrar empleo, por lo que solía decir que en su carrera se enfrentó siempre a tres obstáculos; ser judía, ser mujer y ser mamá.
A los 17 años, cuando apenas estaba en la secundaria, se había casado con su esposo Martin, otro abogado y catedrático, que murió en 2010 y con quien tuvo dos hijos que le dieron siete nietos.
Tuve oportunidad de conocerla hace años, durante una recepción que el entonces embajador Carlos de Icaza ofreció en la residencia de México a miembros de la ópera de Washington, incluyendo a Plácido Domingo que era el director. Ella, una gran amante de ese arte, accesiblemente estaba ahí. Diminuta en apariencia, al morir pesaba cerca de 45 kilos, era una figura que imponía, con un sentido de humor que pocos poseen en esta capital. 
En 2015 durante la noche del último informe de gobierno de Barack Obama televisado en vivo a todo el país, la juez se durmió. Su siesta en el Capitolio acaparó la atención y los comentarios de la prensa. Su respuesta: “en la cena  había un buen vino tinto que no pude resistir”,
Siempre sincera, en una ocasión llamó “farsante” a Trump, pero respetuosa de los cargos, pronto se disculpó. En el lecho de muerte dictó una carta donde dice que su último deseo es que no se designe a su sucesor hasta después de las elecciones. El mandatario, sin prueba alguna, ha dicho que la carta es falsa e inventada por el liderazgo demócrata.
Trump se dispone a nominar este sábado nueva magistrada, ya dijo que es mujer, tan sólo unas horas después de su sepelio. Entre las mas probables: Amy Coney Barret, de 48 años, ferviente católica, adorada por los evangelistas por su fuerte oposición al aborto y partidaria de la sumisión femenina. Tiene siete hijos, dos de ellos adoptados en Haití.
Las otras son Barbara Lagoa, de origen cubano, y Amul Thapar, hija de inmigrantes de la India. Las tres tienen en común, ser jóvenes, con todavía muchos años por influir en la Corte, donde el puesto es vitalicio. Las tres son extremadamente conservadoras y cualquiera de ellas ayudaría  a Trump a ganar votos entre los derechistas indecisos.

Parece ironía que una de ellas ocupará el lugar de esta valiente mujer que tanto luchó por la igualdad, la inclusión y todas las causas liberales.

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