Opinión


Trump: El pez que por su propia boca muere

Trump: El pez que por su propia boca muere | La Crónica de Hoy

 

JESÚS RAMÍREZ CUEVAS,

Coordinador General de Comunicación Social,

Presidencia de la República

+Cuanto menos piensan los hombres, más hablan

Charles Louis de Secondat de Montesquieu

 

Dados los últimos acontecimientos en Estados Unidos, bien le vendría a usted intercambiar experiencias con Hope Kicks, su homóloga en la Casa Blanca, en la saliente administración de Donald Trump.

Su jefe, Andrés Manuel López Obrador y el mandatario estadounidense tienen mucho en común. Ambos son empecinados, no escuchan a los demás y viven en una realidad alterna. 

Pero en lo que más se parecen -y esto es lo que a usted debiera preocuparle- es que ambos son populistas, que utilizan la palabra como arma. Tanto Trump como López Obrador han pergeñado un enemigo, responsable de todos los males que aquejan a la Nación para que una parte del pueblo concentre ahí todos sus resentimientos y frustraciones. Atacan a diario al enemigo y con ello refuerzan casi con cemento a su base electoral; claro, a costa de dividir y polarizar al país. 

Pero todo tiene un límite. Donald Trump lo rebasó antier al continuar con su diatriba del fraude electoral que 40 cortes estatales desecharon. Una y otra vez se refirió a sus adversarios como malignos y perversos y al grito de “¡Paren ese robo!”, encaminó a sus seguidores hacia el Capitolio.

Como seguramente usted vio en las transmisiones de televisión, estos aguerridos seguidores hicieron vandalismo y medio en el Capitolio, en su intento por suspender la certificación de los resultados del Colegio Electoral. A la cuenta hay que sumar cuatro personas muertas.

Fue tal el impacto del asalto al Capitolio que incluso republicanos muy allegados a Trump, como el senador Mitch McConell, pintaron su raya. Otros políticos calificaron las palabras de Trump como una incitación a un golpe de Estado o como un acto de sedición. 

La palabra importa, Jesús. El miércoles mismo, el candidato ganador Joseph Biden lo resumió con claridad: “En el mejor momento, las palabras de un presidente pueden inspirar. En el peor, pueden incitar.” 

El caso es que a Mr. Trump le va a salir más caro el caldo que las albóndigas. Había librado el juicio político por sus trapacerías durante la campaña y luego durante su mandato, acusado de abuso de poder y obstrucción de la justicia. Ahora enfrenta una situación peor y más ignominiosa, si cabe: ser el causante y provocador -con sus palabras- del asalto al corazón de la democracia estadounidense. 

Aun cuando apenas quedan 14 días del mandato, el influyente periódico The Washington Post propone que Trump sea destituido con base en la 25ª Enmienda: “imposibilitado para desempeñar los poderes y obligaciones de su cargo”. Los demócratas, con Nancy Pelosi a la cabeza, valoran llevarlo a juicio político.  Los republicanos tampoco están contentos, ante la amenaza de que el mandatario saliente se apropie de su partido a través del trumpismo radical. 

Trump se ha quedado solo para enfrentar tales acusaciones. 

A don Andrés le quedan cuatro años por delante. Sueño con que, por el bien de todos los mexicanos, AMLO recapacite sobre sus diatribas cotidianas. Que hiciera suyas las palabras expresadas antier mismo por Joe Biden, traducidas a su propio estilo: 

“Nuestro trabajo será restaurar la democracia, el honor y la decencia. Es así de simple. La renovación de la política trata de resolver problemas, de cuidar el uno al otro. No de alimentar las llamas del caos y del odio (…)  La democracia es frágil. (Requiere de) honor, decencia y respeto.” 

 

 

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