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Xolox: memorias del pueblo herradura

Cerro La Palma, donde cuentan los indígenas xoltecamecas y mexicas que vieron cruzar por los cielos del pueblo el Águila Real que cargando una serpiente en su pico finalmente se fue a posar en un tunal en un islote de Tenochtitlán, en lo que actualmente es el Zócalo de la Ciudad de México

Xolox: memorias del pueblo herradura | La Crónica de Hoy

Leyendas que han trascendido generaciones y perduran en la memoria de habitantes de San Lucas Xolox, considerado un pueblo histórico del Estado de México. En 2020 cumple mil años de existencia y siguen presentes relatos que hablan de los indígenas xoltecamecas y mexicas que vieron cruzar por los cielos un águila cargando una serpiente en su pico, la misma que, finalmente, se fue a posar en un tunal del islote de lo que sería Tenochtitlan.

O aquel otro que refiere la existencia de un túnel que, localizado en una de las minas del cerro de La Palma, encontraba salida en lo que actualmente es la base militar de Santa Lucía; y qué decir del hombre que anheló ser ferrocarrilero y que sólo pudo acercarse a ese sueño sirviendo como vigía voluntario en el cruce de autos sobre las vías del ferrocarril que están a la entrada del pueblo. El hombre se ha mantenido allí  durante 75 años, tiempo en el que ha visto la transformación del ferrocarril y la evolución de los autos desde 1945. Estas y otras anécdotas las comparten los lugareños de Xolox, el pueblo con forma de herradura que será más cercano al nuevo aeropuerto de Santa Lucía.

Lucas Galindo

Campesino nativo de Xolox, mantiene a su familia de la siembra; de la carne de borregos, chivos, vacas y gallinas que tiene en su ranchito y de la venta de leche que producen sus vacas. Don Lucas recuerda, como si fuera ayer, una historia que le contaron sus padres, misma que se ha transmitido por generaciones y en la que narra que siendo Xolox parte de un enorme lago, los indígenas de aquellos años, por allá del mil quinientos y algo, observaron cómo desde lo alto del cerro de La Palma se divisó el aleteo de una enorme ave que cruzó el cielo de la aldea. Traía agarrado con el pico una silueta larga, como si fuera un mecate. Según cuenta don Lucas, la sorpresa de los indígenas fue grande ya que, cuando el rapaz se acercó, vieron que era un águila real que afianzaba a su pico una serpiente retorciéndose.

“Por la historia que contaron mis ancestros, se dice que esa águila es la misma que llegó hasta Tenochtitlan donde se posó en un tunal que había en una pequeña isla de lo que hoy es el Zócalo de México. En ese lugar el ave devoró a la serpiente y es que no lo hizo en otro lugar, ya que todo estaba cubierto por agua… eran lagos enormes que se conectaban a Zumpango, Ozumbilla y todo el Valle de México y se conectaban a canales de agua que venían desde Xochimilco. Yo creo que esa serpiente que aparece en la bandera fue atrapada por el ave en el cerro de La Palma”, especula.

Bernabé Pineda

Originario de este pueblo histórico, Bernabé asegura que vio la primera luz como habitante de Xolox en 1932 (hace 87 años). Siendo descendiente de familia campesina, a los 10 años mostró interés por los ferrocarriles; cerca del pueblo cruzan unas vías que conectan a la Ciudad de México con estados como Veracruz y Oaxaca. Asegura que la escuela no se le daba mucho, ni él a ella. Su anhelo de trabajar como ferrocarrilero no amainó y decidió trabajar por su cuenta y apostarse en el cruce del ferrocarril de forma voluntaria, para hacerla de vigía y con un trapo en una mano avisar a los carretoneros de aquella época si se acercaba el tren.

Bernabé cuenta que a lo largo de 72 años en que se ha desempeñado como vigía en ese cruce del tren, ha visto pasar el tiempo no sólo en las generaciones de habitantes de Xolox, sino en los cambios que ha sufrido el ferrocarril. El tren siempre ha mostrado su presencia imponente con fierros que desbaratan cualquier cosa a su paso, cuando él lo vio por primera vez, el silbato le llamó la atención. Los vagones, muchos, llevaban pasajeros, ganado, carbón o granos y estaban descubiertos algunos en su techo o en los costados. Con los años el tren cambio su silbato a uno más escandaloso, como el que utilizan en las fábricas para avisar el fin de la jornada. Y su forro fue más macizo, todo cubierto con un fierro más grueso, pues además de personas y alimentos, ahora llevaba como carga coches, maquinaria pesada, soldados y armas.

Actualmente, por esta vía, pasa el tren sólo tres veces al dia, “pero yo me mantengo aquí como desde hace 72 años y vivo de la cooperación de los automovilistas y camioneros. Todos me conocen y me aprecian”.

Don Bernabé rememora que con el pasar de los años también ha visto como los coches han cambiado. “Primero me tocó ver carretas jaladas por caballos o bueyes que transportaban personas, alimento para animales, cosechas y luego empezaron los primeros coches a cruzar por aquí. Esto era un llano, no había pavimento, sino hasta muchos años después, pero los coches empezaron a cruzar más seguido. Los primeros que recuerdo eran grandes, de fierro y redondeados. Tenían sus llantas pintadas de blanco. Después ya eran más delgaditos y ya no tan grandes, de fierro también. Los camiones también fueron cambiando, pero más los coches. A los de ahora, con el golpe de una bicicleta casi se les desprenden sus puertas”.

Esperanza

Tímida o desconfiada, doña Esperanza ayuda en lo que puede a su familia, en los quehaceres y en un puesto de comida en la zona sur del pueblo. Aunque asegura que no vivió el episodio que ya saboreaba contar, dice que por sus creencias religiosas está segura que es verdad y no duda de lo dicho por los familiares que vivieron la experiencia.

“Mi padre y dos de sus hermanos habían escuchado la historia de que en la entrada de una de las minas que se encontraba en el cerro de La Palma había un túnel larguísimo que atravesaba todo el  centro y conectaba con la base militar de Santa Lucia, que por allá de 1954, tenía poco tiempo de haberse instalado”.

Continúa: “Mi padre, que por aquel tiempo tendría como 30 años, fue con sus hermanos y unos vecinos al cerro para ver si era verdad lo del túnel. Me contó que sí era real y que con antorchas encendidas con petróleo entraron y caminaron y caminaron; que  no tenía fin, pero sepa usted si sería cosa del Diablo o no sé qué…pero tirado sobre la tierra en el túnel encontraron un libro que levantaron. Siguieron caminando, pero al no ver que el túnel no tenía otra salida se regresaron. Comenzaron a sentir un fuerte calor, escucharon ruidos y voces, por lo que con miedo a que fuera algo malo dejaron tirado el libro que digo y corrieron lo más rápido que pudieron hasta que encontraron el lugar por el que entraron. Meses después de eso, regresaron para ver qué había pasado, pero encontraron que la entrada a la mina ya estaba tapada con rocas. Vecinos dicen que los soldados dinamitaron la entrada ya que según se dice, en el fondo del túnel tenían escondidas armas y municiones…vaya usted a saber si había eso en el lugar o era cosa del diablo…”

Felipe Carrizales

Sentado en un enorme tronco frente a su humilde vivienda, don Felipe, de 81 años, cuenta una historia que, asegura, se la narró su abuela, pero que él rememora como si la hubiera vivido en carne propia. Sin dejar de entrelazar los dedos de sus manos, relata que en el pueblo hay gente que no quiere aceptar que hay aparecidos y que incluso La Llorona ronda por las calles de Xolox, “se aparece más a lo largo de las vías del tren que pasan a un costado del pueblo”.

“Yo era un niño cuando mi abuela nos decía que a mi abuelo un día se le apreció una mujer con taparrabos y un costal con leña. Mi abuela dice que esa mujer era La Llorona, ya que después de que mi abuelo la vio, durante varias noches se escuchaban lamentos junto a la casa. Mire, yo no lo viví, pero cuando lo recuerdo me entra frío en el cuerpo….la gente no cree en esas cosas pero hay difuntos que siguen penando y pasan junto a uno y no nos damos cuenta…”

Gerónimo Benito

“Aquí, por Xolos, pasaron tropas de Hernán Cortés, atravesaron por las lagunas que había después de que llegaron por Veracruz y desde allí se dividieron para comenzar a poblar y expulsar a los indios de sus tierras y robarles su riqueza y a sus mujeres”, cuenta don Gerónimo, quien dice que esa historia ha pasado por voz de sus ancestros y aún la tienen presente.

Don Gerónimo refiere que, según la anécdota que conoce su familia, “aquí en Xolox había un enorme lago, el de Xaltocan, que era compartido por varias comunidades. Las tropas de Cortés que buscaban riqueza y llevarse a las mujeres de los pueblos por donde pasaban no imaginaron lo que eran los indígenas mexicas que fundaron el pueblo con el rey Xólotl; éstos los expulsaron e impidieron que se llevaran a las mujeres y riquezas del pueblo. Cortés no venía con esas tropas, si no, aquí hubiera cavado su tumba y tal vez el pueblo tuviera ahora otro nombre. Pero bueno… eso es lo que mi familia conoce como la leyenda de las tropas españolas que intentaron conquistar y colonizar nuestra tierra sin conseguirlo…”

 

Claudia Núñez

Por generaciones en su familia el trabajo y las creencias divinas han ido de la mano, cuenta doña Claudia, quien junto con su familia, elabora  entre 600 y 700 piñatas al año, mismas que venden entre los meses de noviembre y diciembre.

Doña Claudia cuenta que las piñatas tienen un significado especial para su familia, ya que “por medio ellas se conocieron mis abuelos y mis padres; hemos conocido anécdotas de personas que han comprado nuestras piñatas: cuentan que en sus posadas o alguna fiesta en la que usaron nuestras piñatas, se conocieron algunos de los invitados y que posteriormente se casaron. Podría no tener importancia para otras personas, pero el significado especial que vemos es que nuestras piñatas han sido como un cupido para parejas de enamorados… así lo sentimos nosotros y no vemos otra respuesta que el toque mágico de algún ángel o de un ser divino…”

 

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