Opinión


¿Y después del COVID-19, qué?

¿Y después del COVID-19, qué? | La Crónica de Hoy

Cinco semanas atrás el debate en Europa y Estados Unidos era sobre si tenía sentido paralizar los países y sus economías para frenar la propagación del coronavirus. Hoy día con el número de muertos e infectados en declive, el dilema y la discusión es si, cuándo y a qué ritmo, volver a la vida normal. Sin embargo, la mayoría de los expertos aseguran que cuando eso suceda nada volverá a ser como antes.

El presidente Donald Trump insiste que pronto la gente volverá a rezar en las iglesias, a comer en los restaurantes y a llenar los estadios deportivos. Y es que, que más quisiera el mandatario cuya popularidad y reelección dependen de si el país tiene una economía robusta. Pero, su pronóstico es para muchos una fantasía. Un punto de vista sobre el futuro inmediato mucho más color de rosa y optimista que el de los expertos médicos y científicos que lo rodean.

Aquí, el tema de reabrir el país y sacar a la gente de sus casas es un asunto plagado de política, pero las voces más autorizadas insisten en que todo a final de cuentas dependerá de que se tenga acceso general a la prueba para saber quien está infectado y quien no; a que los profesionales de la salud tengan equipo y medios adecuados para atender a los enfermos y sobre todo a que se tenga una vacuna que proteja del virus a toda la población. Ésa, insisten, será la llave que definitivamente abra el regreso a la vida de antes, si eso es posible.

Algunos expertos como el doctor Harvey Fineberg, expresidente de la Academia Nacional de Medicina pronostican que los estadunidenses podrían tener que quedarse adentro de sus hogares por meses y que los más vulnerables podría ser que aún mas, porque, dicen, el virus llegó para quedarse y la vacuna podría evadir a la ciencia por mucho tiempo. 

Otros científicos imaginan una vida después del coronavirus donde los ciudadanos usarán tapabocas siempre que salgan de sus casas como una señal de cortesía hacia los otros. Se especula que la revisión de individuos al viajar, tendrá que ser aún más detallada que la que se impuso luego de los ataques terroristas de 2001. y que una vez que se cuente con una vacuna, el documento o cartilla de vacunación, será igual o más importante que el mismo pasaporte. Estiman que la toma de temperatura será de rutina en toda reunión de más diez personas, mientras que los certificados de inmunidad podrían traer, a quienes los tengan, privilegios sociales casi similares al dinero. Mientras que está por verse si el saludo de mano desaparecerá para siempre.

Analistas consideran que las grandes concentraciones urbanas como Nueva York, Los Ángeles y Chicago, donde la pandemia ha sido más cruel, y aun las de tamaño intermedio como Seattle, Houston, ­Washington, DC y Miami, que ya de por sí, de acuerdo a la Brooking Institution, estaban creciendo lentamente en los últimos años, en la era postcoronavirus tienen un futuro bastante incierto. No sólo porque debido al desempleo tendrán menos entradas provenientes de impuestos, sino porque sus parques, museos, teatros, servicios de transporte, etc.,  son en la era del COVID-19 zonas de alto riesgo, que muchos tratarán de evitar, mientras sus residentes reconsideran su vida en otro lugar. 

Nadie en realidad sabe cuando reabrir la economía. Trump ha dicho que es decisión de cada gobernador cuando terminar la cuarentena en su entidad. De esa manera no se le culpará si el problema se agrava o si el virus regresa con la conviencia, pero al mismo tiempo ha invitado a los inconformes a que se manifiesten en contra del “Quédate en Casa”. Para el doctor Anthony Fauci, que encabeza la batalla de este país contra el COVID-19 ha dejado claro que no son los políticos ni los economistas, los que decidirán cuando, sino que lo hará el propio virus.

Una cosa es cierta, conciertos, conferencias, campos de verano, manifestaciones multitudinarias, mítines políticos, bodas con muchos invitados, eventos deportivos masivos, no ocurrirán este año. Nadie se atreve a predecir que sucederá con el turismo, los viajes y toda la industria de la hospitalidad, una vez que éste y el resto de los 185 países afectados, empiecen el retorno a lo más cercano posible a la vida de antes. En ese entonces, sin duda, todos apreciaremos más un sueldo, un abrazo y hasta un corte de pelo.

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