
Básicamente, uno debería tener permiso de hacer lo que sea siempre y cuando no viole los derechos de nadie más. “Cualquier interacción entre dos personas que no hiera a una tercera debería ser permitida”, opina Jim Epstein, editor ejecutivo de videos y podcast en la revista “Razón” (Reason Magazine en Nueva York, Estados Unidos).
Recientemente, el periodista estadunidense vino a México a participar en Mont Pelerin Society México 2025, encuentro de personalidades con ideas libertarias, del cual “Caminos de la Libertad” del Centro Ricardo B. Salinas Pliego fue anfitrión este año.
En el marco de la ocasión, el periodista Jim Epstein conversa con Crónica sobre las que considera son las ideas clave del libertarismo y su aplicación en las políticas públicas: hace énfasis en el principio de que los individuos deben ser libres para tomar decisiones, siempre y cuando no perjudiquen a otros.
“Se obtienen mejores resultados en una sociedad cuando la gente puede tomar sus propias decisiones, hacer su propio camino, en vez de vivir con reglas y tener un camino dictado”. Para él, esta noción de libertad incluye políticas públicas concretas en las que son fundamentales el libre comercio y la libertad de expresión, por lo que critica los aranceles impuestos por el gobierno estadounidense y aboga por un comercio sin restricciones.
En ese sentido, Epstein también apoya las fronteras abiertas, bajo el argumento de que la inmigración beneficia a la sociedad y que Estados Unidos prosperó gracias a ella hasta la década de 1920.
“Cualquiera podía entrar. Mis bisabuelos llegaron a los Estados Unidos en esos años y me gustaría volver a esa situación en la que permitimos entrar prácticamente a cualquiera. Obviamente no queremos dejar entrar a un criminal, pero se podría hacer un control básico como se hacía en aquella época y permitirles venir y vivir en Estados Unidos y comerciar con la gente de allí. Así que sí, la inmigración es definitivamente una de las ideas políticas para nosotros”, indica.
“Una vez más, volviendo a la idea de que se debe permitir cualquier cosa entre dos personas. No hace daño a nadie más, mientras que va a haber todo tipo de consecuencias negativas de la prohibición”, ahonda.
Si bien desde su perspectiva toda esta “libertad” es básica en el pensamiento libertario,
“Podría verme ojo a ojo con ellos en cuestiones de libre comercio, tal vez… aunque no sé, los mega conservadores se han alejado del libre comercio… entre las ideas que quizás tenga en común con los mega conservadores sería recortar el tamaño del gobierno”, continúa.
De acuerdo con el periodista, una postura generalizada de “los libertarios” favorece la intervención mínima del gobierno, quien debería tener solo un “toque ligero” cuando se trata de regulación.
-¿Cómo funcionaría la regulación si se le quita esa función al gobierno?
“Habría muy poca. Hay un concepto en el libertarismo llamado “teoría de la elección pública”, en este te das cuenta de que los reguladores también son parte de la industria, no son imparciales y por tanto no suelen ser una fuerza positiva y las regulaciones no tienen el efecto deseado. La gente va a hacer cosas malas y hay que dejarles que tomen sus propias decisiones. Tenemos que tomar nuestras propias decisiones en la vida”.
En cuanto a las principales diferencias entre este pensamiento y el anarquismo, Jim Epstein apunta que existe una línea llamada “anarcocapitalismo”, que fomenta la idea de abolir por completo al gobierno y que todo lo dirija el mercado.
“Hay gente que idealmente no tendría gobierno y todo lo regiría el mercado, incluyendo el sistema legal. No veo posible que eso suceda y ese tipo de debates no me interesa, así que yo solo creo en un gobierno chiquito, muy limitado, en vez de lo que tenemos que es un gobierno que crece siempre y cada vez se involucra más en más aspectos de nuestras vidas”, comenta.
Jim Epstein apoya la existencia y administración gubernamental de instituciones públicas como el ejército y la policía, pero se opone a la intervención del gobierno en áreas como la vivienda y la atención médica, pues le parece que los mercados privados generalmente funcionan mejor en esos sectores.
“Los mercados casi siempre van a funcionar mejor que los gobiernos en cualquier sector y en cualquier tarea. Tendríamos que dejarles hacer. No van a ser perfectos, pero van a ser mejores”, plantea.
Desde su perspectiva, los gobiernos y personas que integran el “Estado” también tienen intereses particulares en el mercado, le parece inocente no verlo de esa manera y por lo tanto considera que la objetividad de las regulaciones e injerencia gubernamental es una falacia.
“Son los privilegiados y los conectados los que se benefician de las economías reguladas por el gobierno, porque los mercados son los que permiten a la gente entrar en las industrias, participar en ellas”, opina.
Aprovecha para señalar que los principios libertarios son malentendidos, pero en pro de la sociedad, particularmente en beneficio de los pobres.
“Cuando pienso en el movimiento libertario creo que se trata de ayudar a la gente más pobre a que viva donde quiera, gane mucho dinero y prospere tanto como los ricos”.
Asimismo, en la línea de defensa de la población más precarizada, el periodista se avienta un par de comentarios polémicos sobre el salario mínimo, que no hesita en argumentar.
“No debería haber salario mínimo. No es porque no quiera que la gente gane mucho dinero, creo que lo que hace el salario mínimo es que si tu labor no vale $20 dólares la hora y eso es el mínimo, se hace ilegal que trabajes. Y me parece que eso está mal”.
-¿Qué trabajo vale menos que el salario mínimo?
“No es necesariamente un trabajo. Por ejemplo, tengo un hijo de 16 años que hace babysittyng y una hora cuesta 15 dólares la hora y si tuviera que cobrar 20 probablemente la gente no lo contrataría, porque no vale para ellos pagar 20 por una hora, es un niño. Así habría un montón de adolescentes que no podrían trabajar”
“O por ejemplo meseros y bartenders, que hacen mucho de su dinero a través de propinas. El salario base puede ser bajo, pero lo que viene en propinas les gusta mucho, solo es una estructura de compensación distinta. La mayoría de la gente no necesita el salario mínimo porque su labor vale más”, agrega.
A partir de los resultados que obtuvo de reportes periodísticos sobre la sustitución de fuerza laboral humana a cambio de máquinas en algunos autolavados estadounidenses, Jim Epstein concluye que un salario mínimo alto perjudica a los trabajadores, especialmente a aquellos con habilidades o experiencia limitadas y los excluye del mercado laboral.
Para él y sus fundamentos libertarios, los salarios deberían ser determinados por el mercado, no impuestos por el gobierno.
DOCUMENTAL DESDE AFUERA
Por otra parte, el periodista también habla de lo que vino a presentar en México: un documental que realizó sobre Venezuela, con la intención de explorar cómo las políticas socialistas de Hugo Chávez devastaron el país, llevándolo al colapso económico.
“Millones de personas han sufrido. Así que la mejor manera de honrarles es entender por qué ha sucedido esto. No viajé a Venezuela. El centro de mi película es una familia venezolana. En realidad fui a México a filmar, a Piedras Negras, en la frontera, donde muchos venezolanos esperaban para entrar en el país”, relata al respecto.
“No he podido no ir a Venezuela. Quiero decir que la mayor parte de mi película es histórica, pero no he podido ir a Venezuela en primer lugar por cuestiones de seguridad. Era inseguro debido a los criminales y ahora los periodistas estadunidenses realmente no pueden ir a Venezuela porque el régimen de Maduro los capturará y luego tratará de comerciar con ellos, así que no es seguro”, agrega.
Durante la conversación, Epstein destaca la importancia de entender las raíces de la crisis de Venezuela y el impacto de la libertad de expresión, enfocándose particularmente en el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) por parte de Chávez en 2007.
Casualmente, uno de los invitados al Mont Pelerin Society México 2025 fue Marcel Granier, director de RCTV, a quien Epstein planea entrevistar para su documental, aprovechando la ocasión.