
Los asesinos seriales han abarcado grandes partes del entretenimiento. Desde algunas series de corte de crimen verdadero, pasando por documentales de personajes reales como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer o Ricky Ramírez, hasta pasar por la exploración de las mentes criminales o la explotación de esos dementes seres de ficción que matan a destajo.
Aunque pareciera que no hay más formas narrativas para abordar el tema, de repente algún proyecto ingenioso demuestra que la forma en que planteas el tema puede ser clave para lograr algo impactante e inolvidable.
Tal es el caso del guionista y director JT Mollner, que con Asesino serial propone uno de esos relatos donde pareciera que todo es claro, pero, al final, las apariencias son completamente engañosas.
UNA PROPUESTA CON GRAN NARRATIVA
Empezando por una narrativa dividida en capítulos contada de forma no cronológica, el cineasta presenta, primeramente, un dato sobre un asesino que dejó a su paso una serie de víctimas sin ser atrapado.
De ahí, vemos a un tipo mal encarado con arma en mano (Kyle Gallner) que persigue a una chica aterrorizada (Willa Fitzgerald) en busca de ayuda desesperada. Esta imagen crea un poderoso primer impacto en la audiencia que, mientras más deja correr el relato, más se sorprende.
Uno de los factores más interesantes de este filme es, sin duda, la disruptiva en su narrativa, misma que funciona no sólo como distractor o efectismo, sino para aumentar la tensión conforme a lo que poco a poco se va desenvolviendo, generando siempre una sorpresa y jugando con la expectativa constante del espectador.
Esta provocación es la primera de una trampa que Mollner va tendiendo de forma efectiva para mostrar poco a poco las cartas de los capítulos hablando de ciertos temas como las políticas de abuso sexual, misoginia y una línea muy delgada entre la verdad y la mentira que funciona de forma brillante.
UN DEBUT EN LA FOTOGRAFÍA MUY DESTACADO
Otro de los aspectos que son determinantes para Asesino serial es, sin duda, el de la fotografía. El debut del actor Giovanni Ribisi en este ámbito explota de gran forma la cinta, que fue filmada en 35mm, remitiendo a ese grano específico de una cinta de explotación de los años setenta y ochenta, con un referente estético muy claro que remite a la guturalidad detrás de filmes como La masacre de Texas (Hooper, 1974), I spit on your grave (Meir Zarchi, 1978) o La última Casa a la izquierda (Craven, 1972), grandes clásicos de terror de esa época.
Asimismo, Ribisi usa un juego con la paleta de colores que resulta por demás atractivo, siendo en ciertas partes el azul y el rojo algo determinante en la interacción que tienen los personajes. Esa estética nos manipula de la misma forma que la narrativa, pero nos regala momentos exquisitos visualmente mientras nos mete de lleno al corazón de los Estados Unidos.
Esto, sumado a la sensación del juego de cazador y presa y de un par de escenas de carga sexual que provocan cierta incomodidad o disrupción en el juego de rol, funciona muy bien para aderezar las sorpresas que este relato tiene.
ACTUACIONES QUE CONVENCEN
Las actuaciones también dan de qué hablar pues son el ingrediente que nos convence de todo lo que vamos viendo. Mientras Gallner ofrece una contención interesante que hace dudar constantemente de sus intenciones, es Willa Fitzgerald quien se roba la cinta por completo. La forma en que presenta y va manejando a su personaje, mostrando la fuerza que tiene esta joven promesa que mostró desde su promisorio papel en la serie La caída de la casa de Usher.
Las capas que va poniéndole a su papel son bien acompañadas por sus gestos y expresiones, misma que no cae en el exceso sino en todo un complejo rol que dará mucho de qué hablar entre la audiencia. Si a eso sumamos las apariciones especiales de Bárbara Hershey y Ed Begley Jr., que están ahí como piezas de ajedrez usadas para el bien del relato y sus dos protagonistas.
UN THRILLER MEMORABLE
Aunque la división en capítulos puede ser retadora, los seis que conforman Asesino serial se sienten manejados por Mollner con maestría, como si fuera seis episodios distintos de una misma historia que va hacia atrás y delante, creando la suficiente tensión e interés para el explosivo desenlace que, cabe resaltar, también tiene un buen ritmo en la hora y media de duración construida de forma inteligente, creando un thriller memorable que subvierte muchas de las reglas del mismo subgénero al que pertenece.
Así, Asesino serial muestra que lo mejor para el género radica en contar una historia con ingenio, explorando nuevas narrativas o facetas para los mismos que, si bien siguen dependiendo de los tropos y estructuras de los filmes que conocemos y amamos, se sienten refrescantes al verlos desde otro punto de vista u orden.
Sacando provecho de un bajo presupuesto, de sus actores no tan conocidos y de una estética memorable, esta cinta pinta para ser material de culto lleno de referencias y temas controversiales que producirá cierta incomodidad para algunos, violencia semi brutal para otros, que ahonda en el lado oscuro de la naturaleza humana y cómo ésta puede sorprendernos para romper nuestras falsas ilusiones de seguridad, escondiéndose en peculiares cariños, fetiches y almas perdidas que desconocemos por completo.