
Las cintas de mafia tuvieron un gran auge gracias a obras como la trilogía de El Padrino de Francis Ford Coppola, las épicas de Maritn Scorsese, Casino (1995) y Buenos muchachos (1990) e incluso Bugsy (1991) de Barry Levinson, cineasta que busca nuevamente entrar en el mundo del hampa inspirándose en el caso real de una amistad que se rompió entre dos cabezas criminales, Frank Costello y Vito Genovese, pelea que terminó por exponer la existencia de la mafia en todo Estados Unidos.
Alto Knights: Mafia y poder toma como base un guión del reconocido escritor Nicholas Pileggi, quien justamente adaptó sus novelas al cine con ayuda de Scorsese en las antes citadas obras. Además, se complementa con una doble actuación por parte de una de las caras estelares de este tipo de filmes, Robert De Niro, que encarna a Costello y Genovese por igual.
Esta ambiciosa triada decide mostrar el poder de los gángsters americanos, ahondando en el conflicto dentro de la Cosa Nostra. Y aunque la combinación suena de ensueño, la cinta no termina por hacerle honor a su historia ni al palmarés de quienes están involucrados en el proyecto.
EL ENFRENTAMIENTO ENTRE DOS TITANES
El enfrentamiento entre los dos titanes de la mafia, Costello y Genovese, es el centro de todo. La cinta comienza en el año 1959 con el intento de asesinato de Frank, creando un punto de inicio con el enfoque clásico de Pileggi.
Esta secuencia sirve para sentar las bases de esta disputa de poder entre los “caballeros” que, salidos del mundo de la calle, decidieron tomar las cosas por su propia mano hasta llegar a convertirse en quienes fueron. El relato además se acompaña de una voz en off que narra los eventos de forma retrospectiva, siendo Costello el que da fe de lo ocurrido con este escandaloso enfrentamiento.
UNA PELÍCULA QUE CAE EN LUGARES COMUNES
A pesar de que Levinson muestra su buen toque como director, uno de los grandes pecados de Alto Knights: Mafia y poder es caer en los lugares comunes de aquellas épicas de gángsters. La narrativa se siente como un repaso a aquellos viejos clásicos del cine mafioso, pero que carece de la fuerza de los mismos.
A pesar de que los involucrados saben muy bien los tropos del género, Levinson opta por no arriesgarse y jugar tan a la segura que la cinta se convierte casi en una colección de momentos vistos en otras historias de esta índole, algunos efectivos, otros no tanto.
El guión de Pileggi adolece de una situación drástica al no establecer el lazo fuerte que Costello y Genovese crearon. Si, están las fotos en blanco y negro, los momentos de memorias y una breve intoducción a ellos, pero jamás justifica el vínculo tan fuerte para comprender porqué la traición de uno en contra del otro originaría tremendo conflicto de partes.
Asimismo, el resto de momentos y personajes funcionan como un collage de la época, pero sin profundidad, como una ilustración fría del momento.

UN RETO INNECESARIO PARA EL ESPECTADOR
La edición de Douglas Crise tampoco ayuda a dilucidar bien la línea temporal ni esos saltos que da de repente entre hechos del pasado y la narrativa en off.
Incluso en la escena donde De Niro se encara a sí mismo en la mesa, parece tratar de hacer un enfrentamiento épico al lado de la dirección de Levinson, claro guiño a Fuego contra fuego (1995) de Michael Mann, pero que aquí no termina de encajar con el ritmo ni el planteamiento narrativo, sintiéndose más como un alarde narrativo a algo que aporte de verdad a una narrativa que se vuelve sosa por largos ratos.
Eso provoca un distanciamiento y un problema en el ritmo del filme, que se vuelve todo un reto para el espectador, que meramente parece ser testigo de un cuasi documental de crimen verdadero narrado por uno de los involucrados, en este caso Frank.
ROBERT DE NIRO, LO MEJOR
Otro detalle del guión de Alto Knights implica esos saltos en la línea de tiempo que pueden llegar a ser confusos al inicio pero posteriormente comienzan a tener sentido en el rompecabezas que Levinson arma alrededor de sus dos principales protagonistas.
Aquí toca hablar de De Niro, veterano actor que hace un buen papel al dar vida a Costello y Genovese. Aunque de inicio lo único que parecen tener de diferencia es el pesado maquillaje del rostro, poco a poco va construyendo el contraste en personalidades y actitudes de ambos.
Aunque los dos busquen siempre estar en la cima del poder, uno lo hace de manera más discreta y el otro recurre a sus instintos. Por momentos, lo que hace Robert remite a lo hecho por Tom Hardy en Leyenda (2015) con los gemelos Ronnie y Reggie Kray.
Aunque la cinta ofrece un buen repaso de los hechos que marcaron este evento, como el trabajo que ambos hicieron desde abajo al lado de un hombre como Charlie “Lucky” Luciano, hasta el punto de quiebre entre el salvaje e impulsivo Genovese y el estoico y correcto Costello, nuevamente recordando esos guiños de orígenes vistos en El Padrino Parte II con Vito Corleone.
UN FILME MÁS FRÍO DE LO ESPERADO
Alto Knights se siente como un filme completamente frío, que no transmite un sentido de conexión con el relato, poniendo al espectador como mero testigo de los hechos narrados por Costello como si leyera un libro de memorias.
Esa distancia marca el principal problema de un filme que tiene buenos valores de producción en sus vestuarios y diseño de producción. La fotografía, que corre a cargo de Dante Spinotti (Fuego contra fuego, Los Ángeles al desnudo) nos entrega bellos retratos del pasado en blanco y negro así como un sentido sombrío del mundo en que Costello y Genovese viven.
A pesar de ello, Alto Knights no deja de sentirse como una bonita ilustración de una película que hubiese sido genial en su momento para Martin Scorsese.
Con menos glamour y fuerza que aquellos clásicos del género de mafia, Alto Knights: Mafia y poder sigue la fórmula de forma tan correcta y con los ingredientes básicos que pierde su impacto, con todo y un muy buen papel por parte de De Niro, que es quien mantiene a flote por momentos el relato. Pero fuera de ello, Levinson se atora nuevamente en un mero retrato frío de un hecho real sin darle la vida necesaria para respirar por su propia cuenta.