
En el 2024, la banda chilena Los Bunkers tuvieron uno de sus momentos más triunfales con el lanzamiento de su MTV Unplugged, apenas un año después de su regreso a los escenarios luego de haberse tomado una pausa desde el 2014. En el repertorio incluyeron algunas canciones nuevas como “El hombre es un continente”, que tiene una de las letras más hermosas de su repertorio.
Este tema no solo tiene reminiscencias estilísticas del mismísimo Silvio Rodríguez, sino que tiene una reflexión importante sobre los límites de la humanidad en busca de un lugar en el universo. En su lírica se usa una metáfora sobre una persona como un territorio lleno de vida, ideas y pensamientos. Más aún, también tiene unas frases que evocan la búsqueda de una verdad, una que es escurridiza, que no puede llegar a comprender por completo su existencia pero también una que baila “la danza de los caminos”.
Interpretaciones musicales sobre la propuesta artística de esta versión acústica de su historia pueden haber un montón, pero quizás en la esencia de esta canción se encuentre un eco más simbólico y así lo demostraron la noche de este miércoles al presentarlo en el Teatro Metropólitan. Un concierto que es impresionante en cada propuesta melódica de las canciones, pero que también es una reflexión de ellos mismo sobre la búsqueda de su identidad como banda; una verdad escondida en una genialidad.
LAS HERIDAS EMOCIONALES TARDAN EN SANAR
Emulando a las mejores bandas inglesas, Los Bunkers abrieron el telón a las 20:30 horas. Los aplausos no se hicieron esperar ante la llegada de los hermanos Francisco y Mauricio Durán, Álvaro y Gonzalo López, así como sus músicos invitados de la gira encabezados por Cancamusa.

La primera canción que suena es “No me hables de sufrir”, que extrajeron del disco La culpa (2003) y que enciende los ánimos enseguida con su letra que tiene un mensaje de desencanto y que habla de lo difícil que puede ser aceptar que algunas heridas emocionales tardan en sanar.
En un documental que aborda el proceso creativo detrás del Unplugged, Mauricio Durán habla que una de las motivaciones que tuvieron para hacer este proyecto fue la necesidad de “bajar los decibeles” de ellos como banda. Hacer un ejercicio de introspección sobre el lugar donde se encuentran parados. Es por eso que la elección de los primeros temas puede coincidir con la idea de reflexionar sobre cosas más allá de la superficie como ocurre con el segundo tema “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín” de su disco homónimo del 2001.
Los arreglos armoniosos de la musicalidad son estilizados y disfrutables. La banda lo disfruta también. El cantante Álvaro López se luce con pasos de baile electrizantes que contagian a su público pues han permanecido de pie desde el primer acorde, cantando y aplaudiendo: “Iba a decir que espero que disfruten este show pero ya lo están disfrutando mucho”, dijo al terminar la segunda rola de la noche.
En el camino sobre la búsqueda de la verdad tocó reflexionar sobre los sacrificios y las decisiones que se toman en nombre del amor con la elegante versión de “Las cosas que cambié y dejé por ti”, ese tema escrito por Mauricio Durán, en su momento escribió luego de que un día se reencontró con una novia que le hizo terminar una relación en la que estaba. Muy bonito el momento en que se combina el requinto al estilo de un trío con la balada rock y un theremin juguetón haciendo juego de un fantasma musical.

“Está gira nos ha dado la oportunidad de tocar canciones de todos nuestros discos, de nuestra historia musical y la canción que sigue es una invitación a reconectarnos”, dijo el guitarrista Francisco Durán para presentar y cantar “Bajo los árboles”, que es de las canciones de su más reciente disco Noviembre (2023), que tiene un tono más melancólico y que habla de cómo hay remordimientos que nos impiden avanzar, pero también habla un poco del consuelo y de estar acompañado de alguien a quien se desea preservar a pesar de los errores del pasado.
UNA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS MIRANDO LAS RAÍCES
Tras el bloque de canciones que evocan emociones lúdicas desde las profundidades emocionales, llegó el momento de dar un giro hacia una declaración de principios. A lo largo de su carrera la banda se ha encargado de exaltar sus influencias, incluso haciendo covers para rendir homenaje y para la velada del Metropólitan no fue la excepción.
Todo un momento mágico desde el inicio del solo acústico de Francisco Durán con su traje azul para que Álvaro López se integrara con la poesía hecha música de “El necio” del mítico Silvio Rodríguez. Al cambio de ritmo con la llegada del coro, entran los otros instrumentos, los mexicanos cantando al unísono una letra que lucha contra la conformidad y la melodía, incluso con tintes estridentes y casi tenebrosos en su puente, envolviendo atravesando oídos con el estilo de la banda. Uno de los grandes momentos de la noche.
En su propuesta de autorreconocimiento es necesario mirar a las raíces. Es por eso que luego del homenaje al maestro de la trova, llegó el momento de recordar sus inicios musicales: “La próxima canción es del nuevo disco y es significativo para nosotros porque habla del lugar donde nosotros crecimos y nos criamos”. Con estas palabras es que se presentó “Calles de Talcahuano”, de su disco Noviembre (2023), y que comparte toda la esencia de un canto en coro casi tribal, con un sentido muy lindo de pertenencia, como si todos estuvieran cantando un himno. Un gesto muy emotivo a través de la música.

ENFRENTAR LAS PENAS SOCIALES CON BAILE
En la letra de la canción hay un desahogo social sobre las dificultades que atraviesa la gente del lugar al que pertenecen y ese sentir tiene consecuencia en el siguiente tema que fue “Canción para mañana”, del disco La culpa (2023), que habla del sentimiento de tristeza y rabia de las promesas incumplidas de los gobiernos. Y no hay mejor revolución para hablar de ese tema que elegir el camino de bailar las penas, pues el tono festivo de jolgorio que bien remonta a los mexicanos a algún son jarocho. Curiosamente este tema también da nombre al libro de Mauricio Durán sobre la historia de la banda.
Sin terminar la música ocurre otra sinergia histórica hermosa, conecta enseguida con “Al final de este viaje”, que es otro clásico de Silvio Rodríguez, que más allá de su contenido social también reflexiona de forma poética sobre la aceptación de la muerte y la importancia de encontrar la felicidad en los momentos difíciles. Musicalmente incluye momentos de una solemnidad emocionante y frases que deberían ser tatuajes como: “Quedamos los que puedan sonreír, en medio de la muerte, en plena luz”.
Este bloque de temas con un sentido social se complementó con otro homenaje a su tierra. Tras presentar a los músicos invitados Misael Hernández y Mario Esqueda en las quenas, dieron inicio a la instrumentación que acompañó “La exiliada del sur”, un emblemático tema de la célebre Violeta Parra, que mezcló a ritmo del folclor y el rock melódico una letra que si bien habla con nostalgia y desgarro sobre la pérdida de la identidad y la memoria, también habla de los lugares de Chile que la autora recorría y en los que se quedaba una parte de ella. Una pincelada en la pieza fue el cierre con la baterista Natalia Andrea Soledad, mejor conocida como Cancamusa, cantando el cierre en tono solemne.
Y de los sentimientos históricos a los sentimientos sociales de la misma banda con “Me muelen a palos”, de su disco Barrio Estación (2008), un tema que la banda suele omitir en vivo y que ahora cobra vida para poner en la escena la sensación de desgaste y frustración de enfrentarse a una rutina opresiva. Una canción sobre el deseo de cambio y con un momento de actitud de resistencia: “Pese a todo yo estoy bien”.

LOS VALORES APRENDIDOS EN EL PASADO
En ese viaje al pasado hubo momento de rendir homenaje a Fernando Saavedra, uno de sus profesores de música que les instruyó el amor por las guitarras acústicas. Lo recordaron diciendo que entre esos alumnos con sueños musicales se encontraba Gregorio Madinagoitia, quien la noche de ayer formó parte de la banda tocando el charango, que dio inicio al tema “Entre mis brazos”, de su disco homónimo y que si bien no forma parte del set del Unplugged, decidieron incluirla con su historia de amor paternal. Un tema muy emotivo y rockero que deslumbró.
Y con tantas emociones y recuerdos, llegó uno de los temas transformadores como es “Rey”, de su disco Noviembre (2023), una bella pieza que habla sobre la importancia de ser fieles a uno mismo y sentirse orgulloso de nuestra propia identidad que dio paso para que Cancamusa uniera su canto desde la batería dando un juego de voces muy bello invitando a “recorrer el cielo a pie y queriendo ser quien pueda amar”.
Y en ese momento de evocación a la transformación también tocó turno de un homenaje más. Esta vez a una de las leyendas como es Paul McCartney y su “Let ‘em in”, que lanzó en el quinto álbum de Wings, y que invita a arropar a todos los amigos y familiares que sin ninguna razón justificada tocan a la puerta y solo hay que responder el título: “Déjalos entrar”. Un gran homenaje lleno de carisma y luminosidad.
ABRAZAR LA TEMPESTAD CON SOLEMNIDAD
Para el siguiente bloque tuvieron de invitados a un cuarteto de cuerdas que presentaron como Niños Héroes y que llegaron para elevar solemnemente unas de sus canciones. La primera de ellas no pudo ser más épica.

Sus instrumentos liberaron dramatismo e intensidad para introducir el tema “Llueve sobre la ciudad”, de su aclamado disco Vida de perros (2005), que nos remonta a ese momento de introspección con una escena de un hombre bajo la tempestad sumido en sus pensamientos. Una de las canciones más esperadas de la noche y que fue coreada al máximo acompañando a Francisco Durán en la voz.
Luego tocó el turno de otra de las perlas del Unplugged como es la mencionada “El hombre es un continente”, creada para este proyecto y que evoca a la aceptación de que cada persona es un universo en sí mismo pero que no está solo. Sin duda, una de las letras más maravillosas de la banda y con una melodía enternecedora y dulce que luce poética y emocionante en vivo.
Y como la letra habla también de no estar solo es consecuente con el siguiente número cuando en el escenario se hicieron acompañar por Meme del Real, reconocido integrante de Café Tacvba y quien también estuvo involucrado en el Unplugged. Con él hicieron sonar “Si estás pensando mal de mí”, que fue puro desahogo. Y que no hay mejor que un amigo con quién cantar un tema sobre entrar a las profundidades de una relación que enfrenta el desgaste y la incomprensión, pero también que aborda las dudas y miedos que se pueden tener sobre el futuro. Otro de los picos emocionales de la velada.
Si bien antes ya habían rendido homenaje a Silvio Rodríguez el que fue más coreado fue el que llegó con su versión de “Quién fuera”, que se convirtió en un acto ceremonial con la multitud cantando al tono de Álvaro López dando vida a la poética letra que explora la complejidad del amor y el deseo desde un llamado a la expresión sincera. Para este momento el público estaba conectado con la banda y se sentía entusiasta, al grado de bromear con gritos de “otra de Silvio”.

A CELEBRAR POR ENCIMA DE LAS PRESIONES DEL MUNDO
En el viaje también hubo momento de tocar alguno que otro tema que aluden a las caídas. Tal fue el caso de “Sur”, de su disco La velocidad de la luz (2013), que entre sus palabras se esconden tópicos como la resignación ante las decisiones tomadas y la aceptación de que el arrepentimiento en la vida también es inevitable. Es curioso que melódicamente la versión incluye sonidos infantiles propios de algún lullaby, pero que en su ejecución con momentos bailables también permitió a Álvaro lucir sus pasos.
El siguiente tema fue el que le da nombre a su octavo disco. “Noviembre” con su emocional forma de evocar la belleza de un amor pasado, una gran forma de hablar de la búsqueda de un ser querido en los lugares y momentos compartidos que se sintió como en una forma de recordar a las personas que han dejado huella en ellos.
Para cambiar los ánimos a un tono más entusiasta recordaron otro tema que da nombre a un disco como fue “La velocidad de la luz” que puso a bailar al público con su lírica que invita a encontrar alegría para poder conectar con otros por encima de las presiones del mundo con un sentimiento de rebeldía lleno de algarabía: “Donde existas yo te seguiré, te seguiré a la velocidad de la luz”, se escuchó al unísono.
Y con este sentimiento de fascinación compartida con miras a apreciar a las amistades es que llegó otro el turno de evocar a otros amiguitos como los de 31 minutos: “A lo largo de esta gira nos hemos dado cuenta que cada vez más niños llegan al tour (...) El asunto es que nos encanta que vengan cada vez más niños”, dijo Álvaro para comenzar a cantar “Una nube cuelga sobre mí”, del disco Barrio Estación (2008), para la cual recordaron cuando tuvieron de invitados a los personajes de 31 minutos.

La forma más eufórica y alegre de hablar de la angustia emocional con partes en las que el vocalista puso en una de sus manos al personaje de Juan Carlos Bodoque a hacer dueto con él, en un gesto que se llevó ovaciones. Y claro, también hay que destacar en este momento la virtuosidad de momento que dio la mexicana Carmen Ruíz en el acordeón, quien es otra de las integrantes de la banda para la gira.
LA CATARSIS FESTIVA DESDE LAS PROFUNDIDADES
El último de los homenajes llegó poderoso al revivir el clásico de Emmanuel, “Quiero dormir cansado”, que fue toda una épica dramática desde el instrumental hasta la voz de Álvaro López, quien lució al final un vibrato reflejando el desgarro de una letra donde el sueño se vuelve el refugio ante la angustia de un amor no correspondido. Solo faltó que hubiera llegado Mon Laferte para hacerles compañía y hacer más memorable el momento.
Hacia la recta final de la noche, en su recorrido por sus joyas musicales llegó el momento de una de sus grandes perlas. La mejor manera de hablar de la búsqueda de un cambio personal frente a la monotonía, la sensación de vacío o la falta de propósito. Así es “Nada nuevo bajo el sol”, del disco Barrio Estación (2008), que comenzó con unos coros casi eclesiásticos y reventó en una explosión climática de desahogo en busca de enfrentar los problemas que se tengan de una manera directa al canto de “lo intento todo para ser, mejor de lo que fui, de lo que fui hasta ayer”.
Para cerrar la velada la canción que eligieron fue “Miño”, del disco Canción de lejos (2002), que en tono festivo y ceremonioso no solo recuerda la historia de Eduardo Miño, el militante comunista que se quemó a los bonzo (un sacrificio ritual de una ofrenda de honor a la divinidad) en protesta simbólica frente al Palacio de la Moneda, pero que también en la letra incluye momentos reales que hacen referencia a la infancia de los hermanos Durán.

Un tema que, en su inicio comenzó como “In the corner” de Creedence, pero que cambió a la versión campirana bailable con momentos de batucada para dejar los ánimos en lo alto, pues, cabe decir que la letra también alude el dejar atrás algunas experiencias sin sentir dolor y que sirvió de primera despedida en la noche dejando a su público con hambre de más emociones para el estómago.
TRANSFORMAR LOS DOLORES EN UN GRAN CARNAVAL
El encore llegó tras unos momentos de oscuridad. La primera en salir fue Carcamusa, quien comenzó a poner el tono de cumbia a “Ven aquí”, icónico tema de Vida de perros (2005), un ritmo que le da un giro al dramatismo de la versión original con su intensa letra de la añoranza de un amor, transformando el dolor en una fiesta para bailar incluso con toques de “La negra Tomasa” que hace referencia a la versión de Caifanes. Con el público cantando a una sola voz vibró el Teatro Metropólitan.
Y para despedir en todo lo alto sonó “Bailando solo”, de La velocidad de la luz (2013), cuya letra sobre una persona adicta al MDMA, es la sinergia más emblemática entre sus versiones originales y las del unplugged, pues si bien en la versión de rock ya habían convertido una letra de soledad y desesperanza en una catarsis de rock en la que no cabe la tristeza, ni hablar en la versión festiva que cerró el Unplugged con su homenaje a Blondie con una parte de “Heart of glass” (que también convierte el desencanto amoroso en baile), y con una bola disco poniendo a saltar a cada asistente con una sonrisa en la boca.
El Unplugged de Los Bunkers con su búsqueda de la verdad que reza “El hombre es un continente” y que bien podría resumir todo el viaje emocional y musical, es un show fascinante. Junto a ellos elegimos bailar “la danza de los caminos” las veces que sea necesario si es para transformar los momentos más abismales en un gran carnaval.
