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La cultura científica ha sido dominada por hombres, lo que ha generado estructuras institucionales que no siempre favorecen la participación equitativa

Las barreras invisibles: Ser investigadora en el siglo XXI

Cada 8 de marzo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, un momento propicio para reflexionar sobre los avances y los desafíos pendientes en la igualdad de género. En este contexto, las mujeres que se desempeñan como investigadoras en cualquier ámbito, más aún en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) enfrentamos obstáculos que, aunque han sido señalados por diversos estudios, persisten con fuerza en el siglo XXI. Si bien se ha logrado abrir camino para una mayor inclusión, la realidad demuestra que todavía existen barreras que dificultan nuestro desarrollo profesional.

Uno de los principales problemas que enfrentamos las mujeres en STEM es la brecha de género en la academia. Según la UNESCO, menos del 30% de los investigadores en el mundo son mujeres, y la proporción disminuye a medida que se asciende en la jerarquía académica. En muchas universidades e institutos de investigación, las profesoras enfrentan dificultades para obtener plazas definitivas, acceder a financiamiento para sus proyectos o alcanzar puestos de liderazgo.

Este fenómeno no es casualidad. Durante décadas, la cultura científica ha sido dominada por hombres, lo que ha generado estructuras institucionales que no siempre favorecen la participación equitativa. La falta de modelos a seguir, los estereotipos de género y la carga desigual del trabajo doméstico y de cuidados son factores que limitan el crecimiento profesional de las académicas.

El "techo de cristal" es una barrera invisible que nos impide a las mujeres alcanzar los niveles más altos en nuestras carreras. A pesar de contar con méritos suficientes, las investigadoras en general encuentran mayores dificultades para ser promovidas a cátedras o a puestos directivos en comparación con sus colegas hombres.

Relacionado con esto, el "efecto Matilda" es otro obstáculo que enfrentan las mujeres en STEM. Se trata del fenómeno en el que los logros de las investigadoras son menos reconocidos o, en algunos casos, atribuidos a sus colegas varones. Este sesgo de género tiene un impacto directo en la obtención de financiamiento, premios y reconocimiento académico, lo que perpetúa esta desigualdad.

Por otro lado, la distribución de recursos y financiamiento en la academia también refleja desigualdades de género. Diversos estudios han demostrado que las solicitudes de financiamiento presentadas por mujeres tienen menos probabilidades de ser aprobadas en comparación con aquellas presentadas por hombres. En algunos casos, las evaluaciones se ven influenciadas por sesgos inconscientes que favorecen a los investigadores masculinos.

Además, la maternidad y el tener familia representan un factor de desventaja en la trayectoria profesional. Muchas instituciones no contemplan adecuadamente las pausas por licencias de maternidad en los procesos de evaluación, lo que pone a las investigadoras en desventaja frente a sus pares masculinos. La presión por publicar y desempeñar sus labores profesionales aunado a la falta de políticas de conciliación laboral y familiar generan un ambiente hostil para muchas mujeres en la academia.

A pesar de estas dificultades, las investigadoras continuamos abriendo camino para las nuevas generaciones. Redes de apoyo, iniciativas de mentoría y programas de equidad de género han sido clave para visibilizar la problemática y proponer soluciones concretas. Organismos internacionales, universidades y centros de investigación han implementado medidas para reducir la brecha de género, aunque queda un largo camino por recorrer.

Es fundamental que las instituciones adopten políticas más inclusivas que permitan a las mujeres desarrollar sus carreras sin enfrentar discriminación o desigualdad de oportunidades. La implementación de evaluaciones ciegas en los procesos de financiamiento, el fortalecimiento de programas de mentoría y la promoción de liderazgos femeninos principalmente en las áreas STEM son pasos necesarios para construir un entorno más equitativo.

El Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la lucha por la equidad de género no es solo una cuestión de justicia, sino también de progreso. La diversidad en la ciencia y la tecnología no solo enriquece la producción de conocimiento, sino que también impulsa la innovación y el desarrollo de soluciones más inclusivas para los problemas del mundo. Reconocer y eliminar las barreras que enfrentan las investigadoras es una tarea urgente que nos concierne a todos.

Agradezco a todos los que me han impulsado a lo largo de mi carrera profesional, empezando por mis familiares y amigos, además de los que han tenido confianza en mí y me han dado oportunidad de desarrollarme profesionalmente en un área que me apasiona y en la cual quiero seguir trabajando. También agradezco a cada mujer que desde su trinchera a luchado para que hoy tengamos mejores oportunidades y los mismos derechos, yo desde donde me toca hago lo propio impulsando a las mujeres que conozco para que luchen por sus sueños y vivan sin miedo y en paz.

 

Dra. Sandra Pascoe Ortiz

Profesora Investigadora

Universidad del Valle de Atemajac, Campus Guadalajara

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