Metrópoli

Un amparo resuelto por la Segunda Sala de la Suprema Corte de la Nación ha dado la razón a quienes pugnan a favor de que las normas de bienestar animal no se queden en letra muerta

La Corte de los elefantes

La elefanta Ely, vecina aragonesa, ha sido objeto-sujeto de atención en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La paquidermo es una de las atracciones del Zoológico adjunto al Bosque de Aragón, el principal espacio verde en el nororiente de la Ciudad de México.

Los mejores tiempos del Zoo están en el pasado, lo que seguramente contribuyó a la aparición del caso que nos ocupa.La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación intervino a efecto de que preceptos legales sobre el bienestar animal sean cumplidos, que no se queden en letra muerta. El evento no se presenta aislado, se da justo cuando hay una discusión, muy fuerte y apasionada, sobre el futuro de la tauromaquia en la capital.

El caso es que la elefanta aragonesa es sujeta de protección (suponemos que es “sujeta legal”, al ser cobijada por la Ley) y la Corte ha encontrado sustento suficiente para ordenar a dos dependencia federales y una local a que le brinden lo necesario para su bienestar elefantino cotidiano.

La Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia determinó que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente deben coordinarse eficazmente con la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México para garantizar “el bienestar integral de la elefanta Ely”, asegurando que se lleven a cabo las adecuaciones necesarias en el espacio del zoo donde vive y se desenvuelve todos los días. Adicionalmente deberán vigilar el estado de su salud.

Seguramente los lectores se habrán dividido en dos grupos muy distinguibles en este momento: por un lado, los que sonríen con ojos luminosos, alegres de que el bienestar animal sea abordado así, en positivo, por el máximo tribunal de la Nación.

Por el otro, aunque no todos reconocerán pertenecer a él, estamos los del grupo en el que se piensa que nos estamos excediendo un poco en estas medidas que, ciertamente, nos dejan bien parados moralmente. Y sí, nos dejan bien parados moralmente siempre y cuando no pensemos en una catidad interesante de humamos que no tienen asegurado un espacio adecuado de vivienda y de salud.

Pero por ahora, evitemos un nuevo debate. Baste decir que la Segunda Sala dio como argumentos “que existe un amplio marco normativo que exige y obliga a las autoridades a velar que se proteja, conserve y cuide a los animales, asegurando que vivan sin maltrato, en espacios apropiados, con el tamaño y condiciones ambientales acordes a las necesidades de cada especie, de manera que se salvaguarde su permanencia a largo plazo”.

Las dependencias federales y la local están obligadas ahora a prevenir, advertir, controlar y vigilar “las acciones que se toman dentro del Zoológico de Aragón relacionadas con el bienestar de Ely, a efecto de evitar que se produzcan afectaciones en su salud”.

Una batalla que, merced al amparo 697/2024, con ponente nada menos de que la ministra Yasmín Esquivel, quedó resuelto este 26 de febrero por mayoría de tres votos.

Una victoria paquidérmica...

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