
La líder de la extrema derecha francesa Marine Le Pen, cuyo partido fue el más votado en las pasadas elecciones, fue condenada este lunes a cuatro años de prisión, y a cinco años de inhabilitación con aplicación inmediata, lo que le cierra el paso para las elecciones presidenciales de 2027, que parte como favorita indiscutible, según las encuestas.
Le Pen fue condenada tras ser declarada culpable por el Tribunal Correccional de París por esta al frente de un sistema organizado de desvío de fondos del Parlamento Europeo. Otros ocho exeurodiputados de su partido recibieron también distintas penas de prisión, multas y de inhabilitación.
La sentencia considera que Le Pen heredó en 2009 el “papel central” de su padre como instigador del sistema de financiamiento de su partido (el entonces conocido como Frente Nacional) con el dinero de sus parlamentarios en la Eurocámara, por lo que le impuso la mayor condena.
La líder ultraderechista abandonó el Palacio de Justicia tras conocer la inhabilitación inmediata, sin esperar a que el tribunal anunciara todos los detalles de su pena. Poco después llegó a la sede de su partido sin realizar declaraciones a la nube de periodistas que la esperaban. Su abogado anunció que recurrirá la sentencia.
“Democracia francesa ejecutada”
Minutos más tarde llegó su número dos, Jordan Bardella, considerado como su delfín político publicó un mensaje en las redes sociales en el que consideró que con esa sentencia “la democracia francesa queda ejecutada”.
La presidenta del tribunal justificó la inhabilitación inmediata (sin esperar al fallo de la apelación) por “la gravedad de los hechos”, por la necesidad de probidad de la vida pública y porque el sistema de financiamiento ilícita del partido atentó contra la neutralidad democrática, al permitirle concurrir en condiciones ventajosas a las elecciones.
Los ultras se unen en la condena
Rusia y otros dirigentes de la ultraderecha europea lamentaron este lunes la inédita sentencia que acaba con la carrera política de la figura más conocida de la extrema derecha del viejo continente.
El portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, en su rueda de prensa telefónica diaria, lamentó que “cada vez son más las capitales europeas que siguen el camino de pisotear las normas democráticas”.
Silenciando el hecho de que Putin trató de envenenar a su rival político, Alexander Navalni, y luego lo encarceló hasta su misteriosa muerte, el vocero del presidente ruso lamentó que los gobiernos de Europa occidental “no son en absoluto reacios a rebasar los límites de la democracia durante el proceso político”.
Por su parte, el primer ministro de Hungría, el ultranacionalista y prorruso Viktor Orbán, escribió en su cuenta de X donde decía “Je suis Marine” (Yo soy Marine), en referencia al eslogan de solidaridad “Je suis Charlie” que surgió tras el atentado islamista de 2015 en París contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’.
También el vicepresidente del consejo de ministros de Italia y líder de extrema derecha, Matteo Salvini, ha mostrado su apoyo con una foto junto a Le Pen y el mensaje “Yo apoyo a Marine Le Pen”.
“Lo que está ocurriendo contra Marine Le Pen es una declaración de guerra por parte de Bruselas en un momento en que los impulsos bélicos de Von der Leyen y Macron son aterradores. No nos dejaremos intimidar, no nos detendremos, ¡a toda máquina, amiga!”, dijo el exministro de Interior y líder de Liga.
En España, ha sido el líder del partido ultraderechista Vox, Santiago Abascal, quien ha defendido a la francesa asegurando que “no conseguirán callar la voz del pueblo francés”.