
La guerra comercial declarada por Estados Unidos al resto del mundo podría marcar el fin de los acuerdos comerciales internacionales, como el T-MEC, y el inicio de una nueva era de regateo en los intercambios comerciales. Según la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), esta situación recuerda a las antiguas formas de negociación del pequeño comercio, donde las transacciones se dan entre un vendedor que fija precios altos y un comprador que trata de conseguir una oferta mejor. Este tipo de regateo, descrito por Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC, genera incertidumbre, desgasta a ambas partes y puede dar como resultado precios poco claros.
La guerra arancelaria ha comenzado con impactos directos en sectores clave, como la industria del acero y aluminio, con un aumento del 25% en los aranceles. Además, las autopartes y los autos nuevos que no sean fabricados en Estados Unidos también enfrentarán una subida similar. Este conflicto, sin embargo, podría extenderse a más productos, como el cobre, lo que afectaría aún más a diversas industrias. El gobierno estadounidense ha planteado iniciar negociaciones bilaterales con cada país afectado, ofreciendo condiciones favorables solo a aquellos que no se opongan a los nuevos aranceles, lo que transforma el comercio en un tipo de regateo donde los vendedores imponen sus condiciones.
La incertidumbre económica crece
Esta guerra económica no solo pone en riesgo el comercio internacional, sino que también afecta a la economía de los países involucrados. La inflación en México, según el INEGI, sigue alta, con un 3.67% anual en la primera quincena de marzo, lo que refleja un incremento respecto al mes anterior. En un entorno de regateo comercial y con las nuevas tarifas arancelarias, la incertidumbre aumenta, lo que probablemente llevará a un alza en los precios de los productos, afectando sobre todo a los consumidores más vulnerables.
Cuauhtémoc Rivera advierte que México necesita prepararse para una renegociación comercial más firme con Estados Unidos, ya que esta guerra arancelaria podría traer consecuencias devastadoras para sectores como la industria automotriz, que emplea a millones de trabajadores en el país. Además, la relocalización de fábricas hacia el norte de América pone en riesgo la industria manufacturera de México y su capacidad de competir en los mercados internacionales.
Perspectivas para el futuro comercial
Aunque algunos países, como Canadá y las naciones europeas, ya han expresado su desconfianza hacia Estados Unidos como socio comercial, México sigue esperando los próximos movimientos en abril para determinar su estrategia en este escenario. La clave para los comercios y la industria será encontrar mercados alternativos fuera de los Estados Unidos, ya que el 70% de las exportaciones mexicanas están dirigidas a ese país.
Sin embargo, esta transición no será fácil. Cambiar de mercados podría poner en riesgo las exportaciones mexicanas y generar pérdidas económicas si no se lleva a cabo de manera efectiva. Como reflexiona Rivera, esta crisis demuestra la necesidad de tener un plan B para diversificar los mercados y reducir la dependencia del comercio con Estados Unidos. La situación es compleja y la guerra arancelaria continuará siendo una amenaza para la estabilidad económica y social de México.