Opinión


Morena o bienvenidos al reino de Lampedusa

Morena o bienvenidos al reino de Lampedusa | La Crónica de Hoy

Hay quien escribe siempre de política sin cansarse. Yo no. Algunos son admirables y otros detestables. Como hay cristales para mirar a veces se altera la ecuación: y la admiración de algunos es campo de irritación para otros. Cuando el debate ciudadano en el país se vuelve chato y predecible, da hueva escribir. Pero de pronto hay destellos que nos hacen volver la vista hacía ese terreno. Van dos ejemplos, sólo me ocuparé del primero. Uno: el proceso político de renovación de la dirigencia de Morena es un tesoro para practicar el escepticismo o fruncir el ceño al estilo Calderón (sólo la imitación de la cara, ¿eh?, la guadalupana y el tata lázaro me libran de tener filias ideológicas con ese personaje). Dos: políticas como Lilly Tellez son garantía de diversión, pero ya le llovió y esa “línea de abordaje” (juro que hay quienes escriben así), la vi más en las canchas youtuberas. ¡Qué oso tan incómodo!, puedo añadir desde un palco frívolo mientras miro con binoculares algunas microtelenovelas producidas y escritas por payasos salidos de cuadros tristes.

Esas historias de humorismo involuntario son como imanes, comedias de desatinos con el graderío divertidísimo aplaudiendo a rabiar cada escena y son las que nos susurran: ¿a dónde va si usted es de aquí? Empezaría por decir que lo que para muchos colmillos políticos puedes ser prístino, para mí es como una jungla que con torpeza desbrozo para tratar de ver mejor. Después de medio desbrozar esa hierba que crece rápido, me llegan fragmentos de interpretación que van completando un cuadro a propósito de un partido que no cuida ni a sus simpatizantes ni a su militancia, al menos no desde sus caricaturescas cúpulas. Comodinas, esa chamba se la dejan al presidente que con un estilo tozudo casi diario le depara sorpresas a su base votante y a sus antagonistas.

Es por el presidente que Morena tiene todavía una base sólida. Por efecto asociativo quien va por Morena piensa en el presidente. Pero: ¿Y el partido? Aquí una humilde interpretación de la grilla morenista.

Hace no mucho tiempo Monreal hizo un circo con grados menos intensos a los de su compañera legisladora que regala cetros, por no quedar como candidato a la CDMX. En un texto que titulé “Monreal, mártir de la democracia” cerraba con un párrafo que el tiempo ahora me restriega en la cara para decirme: “estabas medio güey” o “tenías parcialmente razón”. Me parece que la segunda consideración de Cronos es más benévola conmigo y sólo por eso voy a recuperar las líneas de marras. Decía yo:

“Si Monreal realmente quisiera ayudar a su todavía partido a alcanzar el poder, no tendría por qué haber hecho tanta alharaca y mucho menos haber bosquejado un falso escenario: ‘AMLO es bueno, pero hay una nomenklatura perversa’. Por favor, AMLO es el cimiento de la nomenklatura y es un hecho que el zacatecano rompió con él.”

¿En qué me equivoqué? Primero: el zacatecano no rompió con AMLO, lo hizo con la nomenklatura, además, ya no estoy tan seguro de que el presidente sea o incluso haya sido LA nomenklatura. Más bien fue el fiel de una balanza en la que había fieras gruñéndose desde cada plato.

Por obvias y electoreras razones en ese momento para mí la cabeza más clara de la nomenklatura era Claudia Sheinbaum, pero después empezaron a asomar otros nombres que los grillos, grillos, tienen bien ubicados. Yo apenas los voy situando. Conocí sus redes de apoyo intelectual desde la campaña de Claudia Sheinbaum para hacerse de la candidatura morenista en la CDMX, pero con los sainetes de este grupo que se ha ido perfilando como “los puros”, esas redes están en estado de reposo. Por lo que se dicen entre los propios morenistas y por los comentarios que recojo de varios colegas, en ese plato de la balanza está desde luego la jefa de gobierno, doña Bertha Luján, Martí Batres y el bejaranismo en pleno, Ramírez Cuéllar y Héctor Díaz Polanco que habla como un Cicerón agotado. Pero hablando de cicerones cansados, a falta de liderazgos ese grupo le habló al oído a Porfirio Muñoz Ledo para que se lanzara como Quijote a dirigir el partido y lo afiliaron en fast-track con los resultados ayer conocidos por todos. Porfirio les salió respondón, pero no se preocuparon demasiado. Lo dejaron morir solo porque su apuesta era, y lo consiguieron, operar (tradúzcase negociar y palomear listas) mediante la exsenadora Citlali Hernández, hoy secretaria de Morena.

En el otro plato está la cúpula que se identifica con Ebrard y que cuenta con el apoyo del propio Monreal, la senadora Malú Micher así como otros políticos que se lanzaron con esa cargada. A falta de una mejor definición los llamaré “impuros”. Su gallo, enfermo de Covid pero con el registro en mano, prometió unidad, trabajar en conjunto, tender puentes de diálogo y las zarandajas que de dientes para fuera dicen todos los políticos mientras afilan las dagas.

Gibrán Ramírez antes de que se supieran los resultados de la última encuesta le ofreció su apoyo al papanatas rival de los dos que pasaron, como en el futbol, a esa aburrida final. No había necesidad, pero en política todo se cobra y desde luego que más allá de su carta y compromisos para condicionar su apoyo a Mario Delgado, le cobró a la más pura de los puros sus groseras palabras cuando Gibrán competía por su propia cuenta. No imagino a Gibrán apuntalando incondicionalmente a ese presidente tan desprestigiado. Los próximos seis meses serán interesantes, eso sí.

El hecho incuestionable es que la base les sigue importando un pepino a puros e impuros, la invocan a la menor provocación, pero lo que quieren es colocar en las listas a sus aliados. Se dan con todo y les tiene sin cuidado la imagen que le ofrecen a la opinión pública porque saben que la tienen segura porque hay un líder que, sin mencionarlos siquiera, garantizará resultados por un efecto de espejismo.

Lo cierto es que son partido político y tienen que ganar el 2021 para consolidar un proyecto. Me aterra pensar que todos se vayan en banda y perfilen como únicos adversarios desde ahora para contender en el 2024 a Ebrard y Claudia Sheinbaum. Son iguales: dos Ávilas Camacho en potencia uno más cercano al corazón del PRI, pero hasta ahí.

Morena tiene que trabajar sin tanto golpe bajo, reconciliarse de verdad, hacer un gran esfuerzo para que el Instituto de Formación Política opere debidamente, aprovechar las habilidades de muchos militantes que no están en las cúpulas y salir con todo para ganar 2021.

Si no lo consiguen adiós votos, adiós partido y adiós proyecto. Ojalá lo entiendan. El presente del partido si no hay sorpresas es el de un conveniente gatopardismo cupular. Y sí, mi voto irá para Morena a pesar de sus aborrecibles cúpulas tribales.

 

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